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Dina Rot: Vivir la voz

Tras una larga carrera –digámoslo con truculencia: medio siglo– de cantante, compositora y maestra vocal, Dina Rot, argentina criada en Chile, exilada y luego radicada en España, propuso un libro: Vivir la voz. Autobiografía de una vocación (Lumen, Buenos Aires, 2007).

Narra con fluidez su historia en el mundo de la música, reflexiona sobre arte y técnica con un vocabulario accesible a legos y doctores, propone una serie de ejercicios que el estudiante y hasta el curioso pueden llevar a cabo. La redacción tiene la agradable habilidad de ser accesible a cualquier clase de público.

Me detengo en un inciso que llama la atención del melómano acostumbrado a oír cantar. Dice Coleridge que muchos animales cantan pero sólo el ser humano sabe que canta. Y el caso de Dina escritora lo comprueba una vez más. En efecto, el canto puede ser tratado como una técnica y hasta exponerse sus fundamentos científicos: anatomía, fisiología, neurología de la voz cantante. Pero hay un punto en que la técnica no basta para definirlo y hacerlo funcionar.

No me refiero a las aptitudes artísticas del cantante, su musicalidad, sus facultades canoras naturales, su sensibilidad, su cultura general. Me refiero al misterioso instrumento musical que vibra cuando se canta.

Aquí Dina explica con sutileza ese fenómeno que consiste en hallar y desarrollar la propia voz hasta que se produzca ese incomparable fenómeno de oírla como ajena y admitirla como propia. Es entonces cuando el animal humano sabe que canta. Ahora bien: situar ese instrumento no es tan objetivamente fácil como en los casos del piano o el clarinete, por ejemplo. Los mecanismos en forma de cosa se pueden explorar con comodidad. El órgano del canto está mayormente oculto, hay que imaginarlo y acaba siendo la totalidad del cuerpo.

Tan total que puedo decir: estoy en relaciones con mi cuerpo. Imaginarias, insisto, porque no puedo salir de él para considerarlo un objeto. Está el espejo, pero sólo me devuelve la mitad de mí mismo, acaso no siempre la mejor. Sensaciones animadas por la memoria, recuerdos teñidos de sensaciones, intelección, doctrinas: todo funciona armoniosamente si el cuerpo se armoniza como un todo. Esta conformación, esta totalidad viva, siempre la misma, siempre distinta, acaso sea lo que, desde siempre, hemos llamado alma, la animación constante, pasajera y hambrienta de eternidad que nos habita. Vivir la voz, sugiere Dina, es cantar con todo el cuerpo hecho instrumento. Cantar con todo: cuerpo y alma.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Este artículo fue publicado previamente en ABC y se reproduce en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")