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«Deshacer las Américas», de Hernán Migoya

Resulta tentador leer este libro pensando en sus antecedentes ‒voluntarios o impuestos por el lector‒, para así relacionar cada hallazgo con esa tradición que conduce desde la novela libertina hasta el realismo sucio. Sin embargo, aunque esta aproximación sea posible, no conviene olvidar, como punto de partida, que Hernán Migoya es un escritor soberano, sobrado de recursos, que emplea el atrevimiento como un artefacto en el que ensamblar sus intuiciones.

Migoya es uno de esos autores que quieren verle los colmillos al tigre. Su prosa se valora mejor por la cantidad de respingos que provoca que por su estructura interna, y no obstante, hablamos de un creador fluido, culto y original, cuya habilidad para sobrepasar sus propios límites le obliga a ser muy imaginativo.

En Deshacer las Américas, llama la atención el modo en que colorea literariamente asuntos como el sexo y la identidad, dos fenómenos que, en el caso del varón, comienzan con una carrera de espermatozoides y suelen acabar en la incertidumbre.

Precisamente esa incertidumbre es la que mueve al protagonista de esta ficción, H, guionista de cómics, transterrado en América y convencido de que hacer el amor es la interacción más deseable con ese nuevo entorno. Por el camino, va conociendo ‒en el sentido más literal‒ a todas esas mujeres que ponen rostro a esta tierra de destino, donde lo más improbable resulta verosímil. Mujeres condicionadas por el machismo, y necesitadas a su vez de ese cambio de estado que facilitan la piel y las sábanas.

Sin perder nunca el tino narrativo, Migoya plasma en su obra a ese «peregrino salvaje», por usar una expresión de D. H. Lawrence, que viene a ser la intersección de muchas vidas distintas: la deseable, la impuesta, la aparente y aquella a la que casi nadie se atreve, porque implica demasiado peligro y obliga a cruzar fronteras.

Entre la desvergüenza y el desencanto, el protagonista exhibe una y otra vez su carencia de prejuicios. Y como su exilio voluntario conlleva contradicciones, el hedonismo que practica le permite sobrellevarlo con cierta coherencia. Al menos, hasta un determinado punto.

En este sentido, nadie puede negar el libertinismo de Deshacer las Américas. Pero en esto, como en casi todo, hay que matizar. El libertino literario del XVIII, más allá de los lujos del Antiguo Régimen y de los límites impuestos por su honor, entendía que la conquista erótica sólo era tentadora cuando uno huía de las trampas del amor. Paradójicamente, algunos autores libertinos acaban pareciendo moralistas a contrapelo. Y algo de ello le sucede a H, legitimado por el sexo y por el albedrío de sus encuentros íntimos, pero a su vez, reflexivo e incluso filosófico, como si fuera un lejano heredero de eso que René Pintard llamó el libertinaje erudito.

Sinopsis

Destrozado por el fracaso de una relación sentimental, un torturado escritor llamado H abandona España y se instala en un destino sudamericano donde reina el nivel exacto de anarquía necesario para pasar los días acorde con su sentido dionisíaco y crápula de la vida. Desde su llegada, utiliza las redes sociales para conocer y acostarse con decenas de mujeres. Seducir muchachas latinas impresionables y despreciadas por el machismo local es su principal actividad en una América donde se siente como pez en el agua. Erigido en una suerte de D. H. Lawrence español, el protagonista decide buscarse a sí mismo en un viaje sin retorno que le llevará a extraviarse en un paraíso perdido. Vacío y hastiado de manipular psiques femeninas, H llevará su huida hacia adelante hasta las últimas consecuencias…

Hernán Migoya (Ponferrada, 1971) es escritor, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Tras su sonado debut literario hace diez años con Todas putas, escribió la novela a todo color Observamos cómo cae Octavio, muy bien acogida por la crítica; Quítame tus sucias manos de encima, trepidante aventura inspirada en sus años vividos en el Perú; Una, grande y zombi, hilarante y terrorífica visión de la crisis española; y su segundo libro de cuentos satíricos, Putas es poco. Como guionista de cómics, es autor de más de una veintena de álbumes y novelas gráficas de éxito. Entre otros, ha obtenido el premio al mejor guion del Salón Internacional del Cómic de Barcelona y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Es el único guionista español que ha publicado en las míticas revistas estadounidenses Heavy Metal y Mome. También ha sido director de la legendaria revista El Víbora. Como periodista, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como El MundoRock de LuxPrimera Línea, etc. Como director de cine, ha dirigido el filme ¡Soy un pepele!, y fue el primer profesional del sector en atreverse a denunciar públicamente las estafas cometidas por algunos productores al falible sistema de subvenciones del Ministerio de Cultura.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Colaborador de "La Lectura", revista cultural de "El Mundo". Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Álbum Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.