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Crítica: «Polizón» («Stowaway», Joe Penna, 2021)

No es casualidad que sea el brasileño Joe Penna, realizador de esa agobiante aventura de supervivencia que es Ártico (Arctic, 2019), el director de este recomendable drama de ciencia ficción.

Con Polizón, Penna quiere que hablemos de dilemas morales, de valores que no son negociables, y en un sentido más amplio, del sentido de la vida. La diferencia entre su propuesta y otras de parecida naturaleza se nos hace evidente al poco de comenzar la película. Penna apuesta por el realismo y por la densidad conceptual. Dicho de otro modo: no le importa aburrir a esa parte del público que quiere ver pistolas láser en cuanto se alcanza la gravedad cero.

Que Polizón es un hueso difícil de roer va implícito en su argumento. Los protagonistas se las prometen muy felices al emprender una misión espacial que ha de durar dos años. A bordo de la nave MTS-42, la comandante Marina Barnett (Toni Collette), el biólogo David Kim (Daniel Dae Kim) y la doctora Zoe Levenson (Anna Kendrick) tienen el propósito de desarrollar estrategias científicas para terraformar y colonizar Marte. El problema es que no viajan solos. Por error, antes del despegue, un ingeniero, Michael Adams (Shamier Anderson), quedó atrapado dentro del fuselaje, completamente inconsciente.

Como las contrariedades nunca vienen solas, Adams ha generado otro problema mucho peor que el de su presencia en la MTS-42. En el lugar donde permaneció durante el vuelo se aloja un dispositivo que elimina el dióxido de carbono de la nave. Durante el despegue, el cuerpo de Adams destrozó esa delicada tecnología, con una consecuencia aterradora: no habrá suficiente oxígeno para que cuatro personas completen el viaje.

Polizón cumple con lo prometido. Transmite los miedos típicos del espacio exterior ‒vértigo, claustrofobia, fragilidad, soledad existencial‒ y cuenta con unas interpretaciones lo bastante sólidas como para que la trama resulte creíble. Alejado de cualquier efectismo fácil, el film nos obliga a sentir el desgarro íntimo de los protagonistas, obligados a tomar decisiones a fuego lento, con una desesperanza que va impregnándolo todo. Poco más o menos, como sucedía en la mencionada Ártico.

Con todo, asoma aquí y allá una arritmia que va haciéndose cada vez más grave. Al final, lo que al principio del film era admirable empieza a resultar un poco agotador. Es como si, en un determinado punto, dejaran de importarnos los tremendos dilemas a los que se enfrentan los protagonistas.

Este defecto, claro está, es un asunto personal y subjetivo. Habrá quien siga el juego de Penna hasta el desenlace, y también habrá quien pierda el ánimo a medio camino. En todo caso, el producto tiene un acabado muy sólido, y eso conviene recordarlo a la hora de juzgar la deriva del último acto.

Quienes hayan estudiado ética o psicología, reconocerán en esta película un viejo planteamiento ético: el dilema del tranvía, analizado a lo largo del siglo XX por Frank Chapman Sharp, Judith Jarvis Thomson, Judith Thomson, Karl Engisch y Philippa Foot. Supongo que lo recuerdan: un tranvía pierde el control y en la vía tenemos a cinco personas atadas, encarando una muerte segura. Gracias a una palanca, podemos desviarlo hacia una vía lateral, donde solo hay una persona inmovilizada. ¿Qué sería más adecuado en términos morales? ¿No hacer nada o sacrificar a ese individuo para salvar a los otros cinco?

Vista en estos términos, Polizón se convierte en una película filosófica. Por lo demás, la ciencia ficción ya ha explorado este problema ético en otras obras con una trama bastante similar. Por ejemplo, el cuento «Las frías ecuaciones» («The Cold Equations», Astounding Magazine, 1954), de Tom Godwin, traducido al español en las revistas Nueva Dimensión y Gigamesh, y adaptado en la teleserie The Twilight Zone («The Cold Equations», 1989) y en el telefilm homónimo que rodó Peter Geiger en 1996.

Sinopsis

Una tripulación de tres personas en una misión a Marte se enfrenta a un dilema sin solución cuando un pasajero inesperado pone en peligro la vida de todos los ocupantes.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © XYZ Films, Rise Pictures, RainMaker Films, Yale Productions, Augenschein Filmproduktion, Black Canopy Films, MMC Movies, Phiphen Pictures, Stage 6 Films, Netflix. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.