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Crítica: «Las crónicas de Riddick» (David Twohy, 2004)

Pitch Black no dejaba de ser la clásica película de “aventuras en planeta lleno de monstruos”, con ecos de la inevitable Aliens, aire western-galáctico y antihéroe a lo John Carpenter. Una simple y apañada serie B, pero que incluía algún toque interesante como aquel inesperado islamismo futurista, la insólita referencia a la menstruación de una de las protagonistas o un buen uso dramático de la oscuridad. Estos detalles salvaron de la mediocridad a la cinta, que cosechó más de un fan y dio el mejor papel protagonista de su vida al funesto Vin Diesel, lo cual tampoco es decir mucho.

El mérito de todo recae en David Twohy, curtido guionista de films de género tan variopintos como la deliciosa Warlock, la taquillera El Fugitivo, la vilipendiada Waterworld o la militarista La teniente O´NeillTwohy también había dirigido con anterioridad una entretenidísima serie B paranoica de invasiones alienígenas titulada ¡Han llegado!, generando un mini-culto de esos que suelen ser su especialidad.

Mirando este currículo, no es descabellado pensar que el bueno de Twohy es uno de esos pocos aficionados al género fantástico que llega a tener la oportunidad de hacer él mismo lo que le gusta ver como espectador. Y el siguiente paso lógico es crear un universo él solito, una mitología propia en la que idear planetas, razas, cachivaches, monstruos y convulsos enfrentamientos de todo tipo.

Así, en lo que supone una idea original para una secuela, Las crónicas de Riddick se adentra de lleno en la space-opera, proponiendo una serie fundamentos geopolíticos (por usar una palabra) que sirvan de base a una nueva saga. De este modo, Pitch Black podría ser El Hobbit de un particular Señor de los anillos interplanetario.

Ahora es cuando toca decir que Las crónicas de Riddick es una película mala. El guión es cualquier cosa menos original, con la típica amenaza totalitaria haciendo pupa por las galaxias y subtramas tan poco relevantes como el mini-Macbeth que se montan Eomer y Thandie Newton. Por no hablar de atentados contra la lógica, como ese momento en el que se nos enseña que ponerse a la sombra puede salvarnos la vida en la superficie de un planeta cuyo sol calienta la temperatura a unos 700 graditos de nada.

Por otro lado, el terrible Vin Diesel es el protagonista absoluto de la función, soltando frases lapidarias cada cinco segundos y dándoselas de tipo duro. Como mucho, esta versión con esteroides de Eros Ramazzotti puede pasar por el ultrasur del barrio, por muchas lentillas brillantes y encuadres guapos que le pongan.

Ha quedado claro, entonces, que es una película mala. Ahora entramos en terreno freak para aclarar que Las crónicas de Riddick es una buena película mala.

Cualquier intento de comparar esta dudosa nueva saga (la acogida no ha sido como para tirar cohetes, así que lo mismo esto se queda en La crónica de Riddick) con Star Wars o Dune es tontería. Lo pobretón de los malos (pese a su deslumbrante envoltorio artístico) y el tono macarra de Riddick y compañía se acercan más emocionalmente a todas aquellas producciones que surgieron a la sombra de la trilogía de Lucas (Los siete magníficos del espacioKrull o incluso Flash Gordon) o a la literatura fantástica más pulp, desde Edgar Rice Burroughs a Robert E. Howard, cuyo Conan y su evolución vital tiene bastante que ver con las peripecias del cafre Riddick.

A más de uno se le atragantará la mezcla de ciencia ficción grandilocuente con el mero macarrismo barriobajero, pero otros se partirán la caja sanamente viendo en la misma película a la venerable Judi Dench como shakespeariana y etérea metomentodo, a Riddick matando a un tipo con una taza de té, el emplazamiento La Nueva Meca en un planeta lejano a más no poder o la aparición de unos leopardos escamosos que lo que necesitan es amor. Vamos, un festival de neo-caspa para entendidos.

Pero si uno no es un freak y por esas cosas que pasan se ve obligado a ver la película, al menos podrá disfrutar (amén de las gracias anatómicas de un jugoso reparto) de un impresionante despliegue de exquisitos diseños, tanto en los decorados, los vehículos como en el vestuario, donde los ecos del Gotham de Tim Burton, el barroquismo de la citada Dune o el glam cósmico de Stargate se mezclan con ideas tan refrescantes como la de esos sabuesos “humanos” o la práctica ciudadela-nave nodriza-detonador planetario.

Las crónicas de Riddick son una memez, pero no estaría mal que continuaran. Y si no, pues tampoco es cuestión de llorar.

Sinopsis

El pueblo guerrero de los Necróferos viaja de planeta en planeta reclutando nuevos adeptos y destruyendo mundos. La única esperanza recae en el proscrito Riddick (Vin Diesel), el último superviviente de los Furianos, a quien poco le importa el destino del universo.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).