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«Batman vuelve» («Batman returns», Tim Burton, 1992)

Tras un proyecto tan personal e indefinible como Eduardo Manostijeras, Tim Burton aceptó realizar una secuela de las aventuras del Hombre Murciélago. Su amigo Michael Keaton repite en el papel del héroe, pero los villanos son esta vez el Pingüino (Danny DeVito), el millonario Max Schreck (Christopher Walken) y Catwoman (Michelle Pfeiffer).

En realidad, era lógico que Warner Bros. promoviera una secuela de Batman, y que prefiriera correr pocos riesgos, recuperando a buena parte del equipo original. Sam Hamm escribió el primer borrador del guión, reescrito más tarde por Daniel Waters y por Wesley Strick. Para satisfacer a los nostálgicos, Waters se inspiró en dos episodios de la teleserie de los sesenta, «Hizzoner the Penguin» y «Dizzoner the Penguin».

Esta alusión premeditada al Batman televisivo es muy comprensible si tenemos en cuenta el fenómeno popular que generó aquella teleserie producida para la ABCpor William Dozier. En el fondo, el delirio pop planteado por Dozier y su equipo no es tan diferente del que logra Burton en Batman vuelve.

Recordemos que en la teleserie todo era desmesurado: las onomatopeyas se hacían visibles a modo de vistosos rótulos y los guiones proponían situaciones increíbles. Batman estaba encarnado por Adam West y su compañero Robin, por Burt Ward. Pero la gran baza del programa eran ‒al igual que en la cinta de Burton‒ los villanos, interpretados por estrellas de Hollywood que completaron el reparto más espectacular de la historia de la televisión: Eggehead (Vincent Price), Acertijo (Frank Gorshin / John Astin), Pingüino (Burgess Meredith), Joker (César Romero), Mr. Freeze (George Sanders / Otto Preminger / Eli Wallach), Zelda la Grande (Anne Baxter), Catwoman (Julie Newmar / Eartha Kitt), el Rey Tut (Victor Buono), Bookworm (Roddy McDowall), Minstrel (Van Johnson), Ma Parker (Shelley Winters), Chicken (Edward Everett Horton), Grand Mogul (Woody Strode), Shame (Cliff Robertson), Puzzler (Maurice Evans), Sandman (Michael Rennie), la Viuda Negra (Tallulah Bankhead), Sirena (Joan Collins), Lola Lasagne (Ethel Merman), Louie (Milton Berle), Cassandra (Ida Lupino) y Minerva (Zsa Zsa Gabor).

En definitiva, una producción única, seguida por millones de espectadores y origen de una moda sin antecedentes en el medio televisivo. No me sorprende que Warner quisiera trasladar el mismo efecto a la gran pantalla.

Así, el papel de Catwoman, con toda su carga de fetichismo sexual, fue disputado por varias actrices de primer nivel. Aunque Annette Bening era la predilecta de Burton, su embarazo abrió una competencia entre Raquel Welch, Jennifer Jason Leigh, Madonna, Ellen Barkin, Cher, Bridget Fonda, Lorraine Bracco, Jennifer Beals y Susan Sarandon. Para disgusto de Sean Young, que llegó a presentarse en el estudio disfrazada como el personaje, el papel recayó en Michelle Pfeiffer.

En contra de lo que pudiera esperarse de un producto de semejantes características, Batman vuelve no es sólo un alarde de efectos especiales y decorados grandilocuentes. En algunos aspectos llega incluso a aventajar a su predecesora, Batman (1989). El personaje de Batman está mejor definido y los nuevos villanos –estupendos DeVito y Pfeiffer– permiten cualquier comparación con el Joker de la primera entrega.

Los torturados diseños ideados por el director de producción Bo Welch perfilan una ciudad de Gotham grotesca y desafiante en la que se combinan la arquitectura neofascista y la americana de entreguerras; un terreno fértil para el crimen y las pesadillas expresionistas, que cobran vida al son de la música de Danny Elfman.

Burton sabe aprovechar el impresionante presupuesto con morbosa imaginación. Su película remite a fuentes tan heterogéneas como los cómics de Bernie Wrightson y las películas de Louis Feuillade y Jacques Tourneur.

A pesar de algún momento de dispersión en su desarrollo narrativo, Batman vuelve es una cinta original, lo bastante estimulante como para renovar la confianza en la pesada máquina de producción de Hollywood.

Por su parte, Michelle Pfeiffer se sintió muy afortunada por su papel de mujer gato: «De niña –dijo en una entrevista–, Catwoman era una de mis ídolos. Era un personaje que me fascinaba absolutamente porque era; al mismo tiempo, buena y malvada. Eso me intrigaba mucho, ya que me criaron con la idea de que las mujeres no debían ser malas en ningún momento. Rogué y rogué por este personaje. Llamé a todo el mundo que conocía. Supliqué y hasta me ofrecí a hacerlo gratis. Tenía que ser Catwoman por encima de todo. Y no paré hasta conseguirlo».

Para encarnar a la oscura mujer-gato, Pfeiffer practicó kickboxing, yoga, gimnasia e incluso se entrenó en el manejo del látigo, una de las armas de su personaje.

El presupuesto final de Batman vuelve asciende a más de cien millones de dólares, lo que la convierte en la película más cara de todas las rodadas hasta esa fecha.

Tras su estreno en todo el mundo, la cuantía de sus recaudaciones en las salas de exhibición supuso unos abundantes beneficios de los que Michelle Pfeiffer, además de tres millones de dólares en concepto de salario, obtuvo un sustancioso porcentaje.

Es una lástima que los logros de Batman vuelve no fueran alcanzados por las siguientes películas de esta franquicia. La siguiente, Batman forever (1995), de Joel Schumacher, presenta al héroe, interpretado esta vez por Val Kilmer, enfrentado a dos carismáticos criminales, Dos Caras (Tommy Lee Jones) y Enigma (Jim Carrey). Los resultados comerciales del film garantizaron la continuidad del ciclo con una nueva superproducción: la disparatada Batman y Robin (1997), de Joel Schumacher, donde George Clooney encarna a Batman, enemistado esta vez con Mr. Freeze (Arnold Schwarzenegger) y Poison Ivy (Uma Thurman).

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Los textos originales del autor en los que se basa este artículo fueron publicados en la revista «Todo Pantallas», en la «Enciclopedia Universal Multimedia» (Micronet) y en los libros «Historia General de la Imagen» (Universidad Europea-CEES, 2000) y «La cultura de la imagen» (Fragua, 2006). Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Warner Bros. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.