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«Agrippina» según Jean-Claude Malgoire

Agrippina, la ópera satírica de Haendel, estrenada durante su estancia italiana (1706-1710), el 26 de diciembre de 1709 en el Teatro de San Giovanni Crisóstomo de Venecia, ha vivido una notable revalorización, en la que, a lo largo de los últimos años, han participado muchos de los grandes santones actuales de la interpretación barroca: HogwoodMcGeganÖstmannSpinosiMinkowskiGoddwinJacobs o Gardiner, atrayendo también a registas de variado perfil estético, desde el tradicional Michael Hampe, sobre todo, al algo iconoclasta David McVicar.

Jean-Claude Malgoire (1940-2018) y La Grande Écurie et la Chambre du Roy no podían sentirse ajenos a esta recuperación y ya en 1997, en Palermo, con dirección escénica de Alberto Fassini, daban cuenta de su visión de tan jugosa partitura haendeliana. Pero es en su taller de Tourcoing donde maestro y obra se fusionaron en 2003 con quizás mayor aprovechamiento. Y para darnos pruebas de esos resultados, he aquí que Dynamic nos ofrece un doble testimonio de aquella representación, el audio y el vídeo.

La producción fue de Frédérick Fisbach, un regista de amplios vuelos artísticos si se juzga su nada rutinario repertorio teatral (en Aix-en- Provence firmó el extraño espectáculo de François Sarhan, la ópera de cámara Kyrielle du Sentiment des Choses). Se caracteriza por la inteligencia y la consistencia del concepto.

El vestuario evoca la época del compositor y no la de los protagonistas romanos, y la definición de los personajes, en la que el director aprovecha con astucia el físico de los cantantes, está apoyada por el minucioso movimiento que encarga a la figuración, movida solemnemente en medio de unos pocos elementos escénicos pero que el imaginativo director utiliza con asombrosa eficacia.

El espectáculo es de una originalidad pasmosa que para nada impide la comprensión narrativa de la a veces complicada trama, sino que al contrario la simplifica y la aclara. Para todo ello cuenta con un equipo de cantantes que siguen las órdenes del regista con parsimoniosa devoción.

Aunque el nombre más famoso del equipo es el de la soprano Véronique Gens (es decir, Agrippina), que por cierto está estupenda (hasta de buen ver), el resto de los cantantes ya tienen su experiencia en estos menesteres, pese a la juventud de alguno (por aquel entonces), como es el caso del ingenuo, aniñado Nerone del contratenor Philippe Jaroussky que ya había trabajado con LesneSpinosi y Garrido, demostrando su valía y disposición. Todo el resto del equipo se integra, primero en el concepto de la desenvuelta batuta, transparente y ligera, de Malgoire; luego en el entramado teatral, que además de lo ya dicho merecería ampliarse su descripción adjudicándole los adjetivos complementarios de fino y elaborado. Se precisaría, en consecuencia, citar a todos los elementos de la distribución, desde los menos agraciados por la partitura, Alain Buet (Lesbo) y Bernard Deletré (Pallante) a Thierry Gregoire, un Ottone entre lastimero y fanfarrón, como le conviene, y a Nigel Smith, soberano Claudio en el triple aspecto vocal, musical e interpretativo, sin olvidar a la Poppea lujuriosa y coqueta de Ingrid Perruche y al Narciso de toda dignidad de Fabrice di Falco.

Disco recomendado: G. F. Haendel: «Agrippina» (drama en 3 actos) / Véronique Gens, Philippe Jaroussky, Ingrid Perruche, Fabrice di Falco. La Grande Ecurie et la Chambre du Roi. Dir.: Jean Claude Malgoire. Dir escénico: Frédéric Fisbach / Dynamic / Ref.: CDS 33431 (1 DVD, subtítulos en inglés, alemán, español, francés e italiano, LPCM Stereo)

Imagen superior: Veronique Gens.

Copyright © Fernando Fraga. Este artículo se publica en Cualia por cortesía del autor y de Diverdi. Reservados todos los derechos.

Fernando Fraga

Es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico y conferenciante.
Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista "Scherzo".
Asimismo, es colaborador de otras publicaciones culturales, como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Crítica de Arte", "Ópera Actual", "Ritmo" y "Revista de Occidente". Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros "Vivir la ópera" (1994), "La ópera" (1995), "Morir para la ópera" (1996) y "Plácido Domingo: historia de una voz" (1996). Es autor de las monografías "Rossini" (1998), "Verdi" (2000), "Simplemente divas" (2014) y "Maria Callas. El adiós a la diva" (2017). En colaboración con Enrique Pérez Adrián escribió "Los mejores discos de ópera" (2001) y "Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD" (2013).