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Rossini en Cuaresma («Mosé in Egitto», catedral de Milán, 2018)

Es sabido que por motivos religiosos los teatros italianos del siglo XIX eludían la normativa, que prohibían las funciones operísticas durante la Cuaresma, escenificando obras de carácter religioso.

El origen de la quinta ópera napolitana de RossiniMosé in Egitto, es precisamente este. Estrenada como Azione tragicosacra en el San Carlo de Nápoles el 5 de marzo de 1818, inmediatamente destacó por una de sus páginas más inspiradas: la plegaria del protagonista Dal tuo stellato soglio que canta el profeta salvado de las aguas en el final cuarto, en compañía de otros personajes y el coro.

En la amplísima oferta operística que ofreció la temporada 2017-2018 el Palacio de la Prensa, por cantidad, calidad y variedad de títulos y espacios, nos dio ocasión de disfrutar esta partitura del pesarense en un ámbito insólito pero no por ello exento de sugerencias: el duomo o catedral de  Milán. Ese formidable monumento que da tanto carácter a la ciudad lombarda y que está además a un tiro de piedra de la otra catedral, la lírica, o sea el Teatro alla Scala, referencia ineludible para todos los aficionados del mundo.

Esta lectura catedralicia semi-escenificada, con un vestuario apropiado (nada menos que de la excelsa Franca Squarciapino), reflejó de manera abreviada la excepcional obra pero no a través de la partitura napolitana antes citada, sino basándose en la adaptación que el mismo compositor hiciera para la Opera de París o la Academia Real de Opera, cuya primera función tuviera lugar el 26 de marzo de 1827. Aunque en Milán no se cantó en el texto original francés sino lógicamente en italiano, en la traducción de Calisto Bassi, poeta y libretista a su vez, hijo de un cantante (el bajo Nicola) y sobrino de una contralto (Carlota).

La versión ofrecida estuvo abreviada hasta el punto de casi tratarse de una selección: 80 minutos de una ópera que dura alrededor de 150. Un poco más de la mitad.

(Al final, para quien le interese, se detalla lo que se ha cantado y lo que no).

Los directores de escena, Cecilia Ligorio y Tiziano Mancini (por lo demás, un experto realizador en imágenes de representaciones operísticas) se encargaron del montaje, ofreciendo escenas bellísimas en base a proyecciones que suplían con creces la ausencia de decorados.

En medio del recinto se movían los actores mientras el coro, tan importante en la obra, resultaba invisible pero no orillado, sonando siempre espléndido y matizado, igual que la orquesta diestramente manejada por Francesco Quattrocchio. Se trataba de la Veneranda Fabbrica del Duomo de Milano, conjunto instrumental y vocal que en 2007 ofreció en el mismo espacio sacro del que lleva su nombre una lectura muy interesante de Asesinato en la catedral de Ildebrando Pizzetti.

Ruggero Raimondi fue entonces un solemne Tomás Becket encargándose en esta otra ocasión de un grave y autoritario, como se merece, Moisés. Con 74 años el bajo boloñés demostró estar aún pletórico de medios, una voz firme y sonora que cuidaba el fraseo, el estilo y  la dicción. Por algo ha sido Moisés rossiniano en bastantes ocasiones anteriores, tanto en disco (grabación de 1981) como en diversos escenarios europeos.

Bella, penetrante y potente la voz de Luciano Ganci, Amenofi, el hijo del faraón enamorado de una hebrea, que en el dúo se “comió” un tanto a esta Anaide, Lydia Tamburrino, una soubrette un tanto desbordada por las exigencias de la parte quien, sin embargo, hizo alarde compensando carencias de cierto gusto y musicalidad en el canto.

Isabelle Kabatu, Sinaíde, la esposa del faraón, recuperaba un repertorio rossiniano dejado atrás tras haberlo fugazmente pulsado en años primerizos de actividad. Ello no obstaculizó  su dominio del personaje, en una interpretación suma de entrega y generosidad vocales (con un agudo impactante al final del primer acto, dominado el conjunto) y resolviendo con comodidad su difícil aria, pese a algunos sonidos metálicos que son ya característicos de su voz.

Potente, incisivo el Faraón de Filippo Polinelli y convenientes las intervenciones del Elisero de Bogdan Mihai, joven tenor, pero ya bien activo en los festivales rossinianos de Pesaro y Bad Wildbad.

Redondearon con eficacia el equipo otros dos jóvenes cantantes: Christian Staronieri (Osíride y Una Voz Misteriosa) y Giovanni Sebastiano Sala (Aufide), que dio bien de sí en la narración que tiene en el acto III. Para los conjuntos se sumó  la  voz más veterana de Maria Cioppi como Maria, la hermana de Moisés.

Para el lector que pueda sentir esto útil o por simple curiosidad,  se cantaron los siguientes números, teniendo en cuenta que en algunos de ellos se evitaron también algunos compases: En el acto I,  n.º 1 Introducción ( sin el cuarteto entre Moisés, Anaide, Elisero y Maria, Gloria al Signor!); n.º 3 dúo de Anaide y Amenofi (Ah, se puoi così lasciarmi); n.º 6 final primero (Che narri? Il ver).

En el II, n.º 7 introducción; n.º 8 Invocación y quinteto de Mosè, Sinaíde, Amenofi, Faraon, Elisero); N.º 10 aria de Sinaíde con pertichini de Amenofi y Una voce misteriosa (Ah, d’una aflitta il duolo).

En el acto III, únicamente el final tercero, n.º 12 (La tua promessa a reclamar io vengo).

En el IV, sólo se consideraron la introducción orquestal del n.º 14 y la famosa plegaria del n.º 15 (Dal tuo stellato soglio). Aquí se acabó la función.

Consecuentemente, en los cuatro actos en que se divide la obra fueron  pasados por alto los siguientes fragmentos: los números 2 (coro La dolce aurora), 4 (marcha y coro All’etra, al ciel), 5 (dúo Anaide y Maria Tutto sorride intorno), 9 (dúo Faraon y Amenofi Parlar, spiegar non posso), 11 (marcha, coro Oh tu che in ciel y ballet), 13 (dúo Anaide y Amenofi Quale assalto! Qual cimento!), 14 (aria de Anaide con coro Qual orrobile sciagura!), 16 (escena y tormenta) y 17 (cántico Lodiamo Iddio col canto).

El público presente en la función milanesa fue muy solícito con el espectáculo, aplaudiendo repetidamente; el asistente al Palacio de la Prensa mostró asimismo señales de satisfacción. La música de Rossini tiene siempre un effetto sorprendente, como diría Fígaro, su barbero sevillano.

Copyright del artículo © Fernando Fraga. Reservados todos los derechos.

Fernando Fraga

Es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico y conferenciante.
Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista "Scherzo".
Asimismo, es colaborador de otras publicaciones culturales, como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Crítica de Arte", "Ópera Actual", "Ritmo" y "Revista de Occidente". Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros "Vivir la ópera" (1994), "La ópera" (1995), "Morir para la ópera" (1996) y "Plácido Domingo: historia de una voz" (1996). Es autor de las monografías "Rossini" (1998), "Verdi" (2000), "Simplemente divas" (2014) y "Maria Callas. El adiós a la diva" (2017). En colaboración con Enrique Pérez Adrián escribió "Los mejores discos de ópera" (2001) y "Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD" (2013).