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Para releer a Antonio Machado

La obra de Antonio Machado lleva más de un siglo de lecturas y este ejercicio temporal sigue armonizando con su visión el mundo, una multiplicidad en movimiento, hecha, según decían los músicos antiguos, de tientos y diferencias. Ha sido objeto de memorialistas (Pérez Ferrero), de documentados biógrafos (SeséGibson), de innúmeros tratadistas, profesores y monógrafos, y hasta de cantautores que se atrevieron a melodizar sus versos. Faltaba un lector que fuera, a la vez, poeta y ensayista, es decir un tentador de saberes. Es el hueco que llena el reciente libro de Juan Malpartida Antonio Machado. Vida y pensamiento de un poeta (Fórcola, Madrid, 2018, 196 páginas).

La escritura de Malpartida es veloz y ansiosa. Dispara en múltiples direcciones pero sostiene algunos temas insistentes que dan coherencia a su búsqueda. Más aún: deja abierta, machadianamente, la búsqueda y la prefiere al hallazgo porque su clave principal es adjudicar al lenguaje poético la facultad de adherirse a la concreta fluidez del mundo, a diferencia del discurso científico o filosófico, que la fijan en la inmovilidad de lo idéntico. A Machado lo obsesionaba el ser pero en tanto dialéctico, o sea en tanto difiere de sí mismo, se pierde y se recobra en la alteridad, al reconocerse en el otro y reconocer al otro en sí mismo.

Por eso, la poesía produce saberes y rescata a la palabra de su usura por el paso del tiempo. Todo es efímero menos la palabra que intenta nombrarlo y al hacerlo, lo sitúa en una temporalidad propia, tal vez la durée de Bergson, un pensador referencial para Machado. No es el tiempo de los almanaques, los relojes, los físicos teóricos, los historiadores. La palabra del poema instala su propia duración cada vez que alguien lo lee, traza su camino histórico, surco en el mar, vuelve a decir lo mismo que es siempre distinto.

Otro debate propone Malpartida en este punto, el íntimo debate de Machado con el romanticismo y el simbolismo, con el subjetivista y el simbolista, la poesía como expresión del individuo genial o como elaboración primaria del lenguaje. Para resolver estas tensiones, Machado recurre a los heterónimos. Les da la palabra, los escucha, los transcribe, a veces los amontona en un cuaderno sin autor donde “él mismo” es uno más. Desde luego, el poeta nunca es un Yo fijo que se encuentra sino un Yo múltiple que se busca, hasta cuando sus heterónimos acuden a la prosa.

Afortunadamente, Malpartida extrae a Machado de la curiosa familia llamada Generación del 98. Por cierto, es factible incluirlo y leerlo como un poeta fechado, acaso decimonónico que, en las páginas heterónimas, se torna prosista del siglo XX. Digo que esta extracción es afortunada porque universaliza a don Antonio y permite leer su obra prescindiendo de sus deberes de castellanismo, su amor a lo genuino del arché hispano bajomedieval y hasta de las tentaciones de los romances históricos de cierto romanticismo de abusivo color y gestas fantasmales. Esto, además, nos evita dar al escritor un carné de afiliación. Más bien se diría que lo afiliamos sus lectores cada vez que lo leemos. Es, de múltiple manera, lo que ha hecho Malpartida. Su prosa respira en los blancos que deja y permite el fragmentarismo machadiano, como si Juan de Mairena y Abel Martín estuvieran esperando, a la escucha de nuestra palabra. Traduzco: como si Malpartida, el suscripto y tú, lector, nos volviéramos, por un tiempo, heterónimos de don Antonio.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")