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«Pánico en el Transiberiano» (1972), de Eugenio Martín

Se conoce por película de culto ese tipo de producción que, a pesar de su limitado éxito inicial, genera una suficiente cantidad de admiradores a lo largo de los años. Por extensión, llamamos también así a las películas de género, relativamente famosas, que encapsulan la época en la que fueron rodadas.

Por diversas razones, Pánico en el Transiberiano (Horror Express) se ajusta a ambas definiciones. Este film alcanzó una relativa popularidad en su época, pero son sus actuales seguidores quienes justifican su prestigio. Y además, en su metraje descubrimos las claves del cine español de los sesenta y los setenta: el rastro de lo que fue el imperio Bronston, la presencia de estrellas internacionales, un impecable equipo técnico y el afán de realizar un tipo de cine que divirtiera al gran público.

¿De qué trata la película? Lo resumía su director, Eugenio Martín, en el siguiente testimonio publicado por Terror Fantastic en 1972: «Es la historia –dice el realizador‒ de un grupo de personajes que viajan en el ferrocarril transiberiano, en 1905. Uno de ellos ha encontrado el fósil de un ser primitivo que tiene una antigüedad de casi cuatro millones de años. La tragedia se desencadena en el tren cuando una personalidad no humana resurge a la vida dentro del cuerpo rígido del fósil. Se suceden unas muertes inexplicables. El clima de terror y fantasía se agudiza hasta que finalmente el tren desaparece en las desiertas estepas rusas».

Para entendernos, esto viene a ser un cruce entre el relato «¿Quién hay ahí?» (1938), de John W. Campbell, y la novela Asesinato en el Orient Express (1934), de Agatha Christie, con algunos elementos extraídos del pulp de terror y ciencia ficción. Todo ello puesto en escena con una factura más que interesante y con unos rasgos de estilo que sitúan a esta cinta muy por encima de la media.

El protagonista es el profesor Sir Alexander Saxton (Christopher Lee), un antropólogo británico que transporta a un homínido fosilizado en el Expreso Transiberiano, desde Shanghái hacia Moscú. Su rival y más tarde aliado es el doctor Wells (Peter Cushing), un zoólogo que siente una irresistible curiosidad hacia la criatura en cuestión, A bordo del tren viajan el conde polaco Marion Petrovski (Jorge Rigaud) y su esposa, la condesa Irina (Silvia Tortosa). Otros personajes de interés son el monje ortodoxo Pujardov (Alberto de Mendoza) y el inspector Mirov (Julio Peña). Ambos tendrán un papel muy destacado en el tercer acto, durante el cual adquiere protagonismo un jefe cosaco, el exuberante Capitán Kazan (Telly Savallas).

Dicho esto, para conocer al equipo creativo que dio forma a la película, hemos de retroceder hasta los años en que se rodó en Madrid 55 días en Pekín (1963), una superproducción en la que coincidieron tres guionistas vinculados de un modo u otro al proyecto que nos ocupa: Philip Yordan, Bernard Gordon y Arnaud d’Usseau.

Entre ellos había lazos ocultos que solo se comprenderán si descubrimos los pecados del primero.

Philip Yordan (1914-2003) es considerado un guionista mítico gracias a su presencia en los créditos de películas como Dillinger, el enemigo público nº 1 (1945), Pánico en las calles (1950), Tambores de guerra (1951), Brigada 21 (1951), El gran Houdini (1953), Cuando ruge la marabunta (1954), Johnny Guitar (1954), Más dura será la caída (1956), Rey de reyes (1961), El Cid (1961) y La caída del Imperio romano (1964).

De forma ingenua, muchos estudiosos y críticos lo han calificado como un escritor todoterreno, como si Yordan fuera un genio de la narrativa cinematográfica. La realidad, por desgracia, es menos positiva.

Aunque está claro que poseía habilidades literarias, es difícil saber qué guiones son obra suya, por la sencilla razón de que, en numerosas ocasiones, contrató a otros colaboradores cuyo nombre ocultaba. Durante la era McCarthy, Yordan se aprovechó de los guionistas que estaban en la lista negra, llevándose los méritos de guiones que estos últimos escribían bajo cuerda.

En Hollywood incluso llegó a decirse que contrató a otra persona para que estudiara derecho en su lugar, para así obtener el título sin esfuerzo.

Entre los autores de cuyo talento se apropió figuran William Castle, Robert Tasker, Lee Richardson, Antoinette Perry, Brock Pemberton, Ben Maddow ‒verdadero autor de la única novela de Yordan, Man of the West‒, Arnaud D’Usseau y Bernard Gordon.

En 1959, a Yordan le prohibieron la entrada a Columbia, así como a casi todos los demás estudios de Hollywood. Aprovechando que el productor independiente Samuel L. Bronston tenía el plan de crear un imperio cinematográfico en nuestro país, Yordan se asoció con él. Su trabajo en Rey de reyes (1961) es un buen ejemplo de su falta de ética: Yordan contrató a Ray Bradbury para que escribiera la narración en off y dejó el resto del trabajo a un guionista italiano. Sin embargo, ha pasado a la historia como el responsable único de escribir el libreto.

Tampoco es el guionista de El Cid (1961), aunque figure como tal. En realidad, es casi seguro que sus autores fueron otros dos represaliados de la lista negra, Ben Barzman y el ya citado Bernard Gordon, asimismo autor anónimo de El día de los trífidos (1963), 55 días en Pekín (1963) y La caída del Imperio romano (1964), todas ellas firmadas por Yordan.

Atención, porque la bancarrota de Bronston se achacó, entre otros problemas, a las sumas que Yordan desviaba con fines poco claros. Pero como suele pasar con este tipo de ventajistas, él siguió a flote e incluso se tomó la libertad de volver a Hollywood.

Los negocios de Yordan en España le habían permitido hacerse con los estudios Daganzo, bautizados como Estudios Madrid 70. Estaban situados entre el pueblo de Daganzo y Alcalá de Henares. Allí se rodaron películas como Krakatoa, al oeste de Java (1970), de Bernard Kowalski, Una ciudad llamaba bastarda (1973), de Robert Parrish e Irving Lerner, y El desafío de Pancho Villa (1972), de Eugenio Martín. En estas dos últimas actuaba, bajo contrato con Yordan, Telly Savallas.

En este punto, reaparece el ya mencionado Bernard Gordon (1918-2007), proscrito en Hollywood tras su inclusión en la lista negra y autor de numerosos trabajos por encargo (clandestino) del productor Charles Schneer y del ínclito Philip Yordan. En España, tras su labor ya mencionada en las películas de Samuel Bronston, se centró en el cine de género que se realizaba en nuestro país.

Entrevistado por Mike Hodges en Fangoria (nº 186. pp. 70-75, septiembre de 1999), el director Eugenio Martin habla de Yordan y también de Gordon, que acabó convertido en productor de Pánico en el Transiberiano. Al parecer, Yordan disponía de la maqueta de tren usada en El desafío de Pancho Villa y también poseía los decorados de los vagones. «A Gordon se le ocurrió la idea de escribir un guion solo para poder usar este accesorio. (…) En ese momento, Phil tenía la costumbre de comprar un montón de historias cortas para adaptarlas a los guiones, y la historia de Pánico en el Transiberiano se basó originalmente en un cuento escrito por un guionista y dramaturgo estadounidense poco conocido».

Gordon negó posteriormente que se hubieran usado accesorios o decorados procedentes de dos superproducciones rodadas en España, Doctor Zhivago (1965) o Nicolás y Alejandra (1971). Sin embargo, esa leyenda está tan extendida que incluso algunos de los participantes en el rodaje siguió mencionándolo.

Para lanzar el proyecto, Gordon y Eugenio Martín contaba con un trío de intérpretes que casi garantizaba su éxito. Así, a Christopher Lee y Peter Cushing, estrellas de la Hammer, se les unió Telly Savalas, por aquellos días a sueldo de Yordan y recién salido del rodaje de El desafío de Pancho Villa.

Otro guionista vinculado a Bronston, Julian Zimet y uno de los «negros» de Yordan, Arnaud D’Usseau, se hicieron cargo del guion junto a Gordon y el propio Martín.

El primer golpe de claqueta se dio en diciembre de 1971. Antonio Cervera reflejó sus impresiones de esos días de filmación en un artículo de la revista Terror Fantastic. «Christopher Lee, al que he encontrado distinto –escribe–, no sé si porque es de una fotogenia sorprendente, o quizá por el extraño bigote que en la película lucirá, tal vez para así darle más carácter británico, pero puede que un poco por culpa del Drácula que hizo con Jesús Franco, fiel a la descripción que del personaje nos hace Bram Stoker. Doce son las películas que el actor dice haber interpretado en España, y sin duda por eso habla nuestro idioma, no con absoluta fluidez, claro, pero entendiéndolo como nosotros mismos. Mister Cushing, en cambio, sólo conoce las palabras clave, como «gracias», «adiós» y cosas por el estilo, pero, además de la expresividad de su mirada, su sonrisa es tan franca que uno cree encontrarse con un amigo de siempre. (…) No era, ciertamente, tan sencillo como puede parecer a un observador casual el rodaje en las condiciones impuestas por la limitada localización del lugar en que transcurre la acción: un tren ruso de 1905, perfectamente ambientado, como lo está el atuendo de los personajes, de razas mezcladas. Se ha construido el tren, vagón a vagón, todos ellos independientes, y todos ellos ligados por los movimientos de los pasajeros en una acción intensa» (Terror Fantastic, nº 9, junio de 1972).

Lee se sentía muy cómodo en España, pero Cushing estaba marcado por la tragedia de haber perdido muy poco antes a su esposa Violet Helene Beck. Casado con ella desde 1943, sentía que la vida carecía de sentido sin su mujer. Solo el apoyo constante de Lee permitió que pudiera afrontar este nuevo proyecto en Madrid.

La calidad técnica de Pánico en el Transiberiano se debe, muy especialmente, a un equipo técnico en el que nos encontramos con el director de fotografía Alejandro Ulloa, el director artístico Ramiro Gómez, los maquilladores Rafael Berraquero,

Fernando Florido y Julián Ruiz, el decorador Jesús Mateos, el técnico de efectos Pablo Pérez, el operador Teo Escamilla y los responsables de vestuario Andrés Fernández y Carmen Manzano.

En la versión española, Félix Acaso prestó su voz a Peter Cushing, Vicente Bañó dobló a Telly Savalas, Luis Carrillo hizo lo propio con Alberto de Mendoza, María del Puy dobló a Silvia Tortosa y José Guardiola a Christopher Lee.

Sinopsis

En 1905, en la provincia china de Hangchow, un antropólo inglés descubre un fósil, una especie de ser humanoide que piensa que puede ser el «eslabón perdido» de la humanidad. Lo guarda en una caja en el coche de equipajes del Transiberiano. Y así comienza el viaje junto a un variado grupo de pasajeros, un misterioso doctor interesado en los temas de ocultismo; una bella condesa y su marido; un inspector de policía; un joven ingeniero americano y un espía.

Poco después de dejar Shanghai, es encontrado muerto un hombre, después una chica… Una extraña y peluda bestia ataca a uno de los pasajeros, logrando matarla.

Al examinar los ojos de la criatura descubren una imagen de la Tierra impresa en ellos. La bestia es de otra galaxia que de alguna manera ha llegado a la Tierra. Según el tren continúa su viaje, lleva a los pasajeros a un destino que cambiará sus vidas para siempre.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Colaborador de "La Lectura", revista cultural de "El Mundo". Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Álbum Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.