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Giovanni Bottesini, a escena

Amelia Pinto no fue una soprano portuguesa ni española, como su apellido pudiera hacernos creer. Era de Palermo y, pese a sus orígenes, eligió hacer una carrera sobre todo de cantante wagneriana, con especial hincapié en Isolde y Brünnhilde.

Entre las escasas grabaciones que dejó figura una de 1902 que suscita de inmediato la curiosidad: se trata de un aria (Splendi erma facella) de una extraña ópera con título de reminiscencias barrocas (Ero e Leandro) de un compositor recóndito, Giovanni Bottesini.

La Pinto, con ese detalle, dejó en el recuerdo a tal compositor y director de orquesta (amigo de Verdi, estrenó Aida en El Cairo), además de virtuoso del contrabajo, instrumento para el que escribió importantes páginas.

Nacido en 1821 en Crema (moriría en Parma 68 años después), le ha correspondido a esa ciudad lombarda, a través de un grupo musical que lleva el nombre del músico, ponerlo al día con su obra más considerada: aquel Ero e Leandro que se había estrenado el 11 de enero de 1879 en el Teatro Regio de Turín con libreto, nada menos, de Arrigo Boito.

Parece ser que Bottesini había rogado, acuciado por una situación económica desesperada, al director del Regio turinés para que estrenara su obra. Esta se montó a trancas y barrancas, y el éxito que obtuvo fue una sorpresa para todos, incluido el compositor. Desde luego que el argumento de Boito cuenta la historia de amor de la sacerdotisa Hero y del heroico Leandro, respetando las bases “griegas” pero trenzando el tradicional triángulo amoroso cuyo nuevo vértice es el sacerdote Ariofarne.

A Bottesini se le puede encuadrar en la generación de Lauro RossiMarchetti o Apolloni y de los más jóvenes Gomes y Ponchielli, pero su música se distancia un tanto de la imponderable presencia verdiana, como si mirara más hacia los franceses –en especial a Gounod, de quien era casi estricto contemporáneo– y en la orquestación a los alemanes, que tan de moda se estaban poniendo por entonces en la Península.

Ero e Leandro es un dechado de sensibilidad y buen gusto, de cuidado fluido de las formas, producto de una fuerte personalidad artística pero que sabe y quiere respetar la tradición. Porque se trata de una obra inequívocamente italiana, con poca acción pero mucha y bella música, desde el lirismo inicial al clima dramático conclusivo.

La lectura del Teatro San Domenico de Crema, de 2009, escenificada con sencillez pero con esmero y atenta efectividad por la pareja Laura Borello– Gregorio Zurla, encuentra en Roberto Scandiuzzi su más conocido reclamo interpretativo. El bajo, pese a unas oscilaciones en el sonido que de alguna manera ensucian un canto siempre noble y detallista, sigue disfrutando de la atractiva perentoriedad de sus medios instrumentales, que sabe utilizar de acuerdo con su envidiable experiencia.

Veronique Mercier, soubrette con un tanto ácido extremo agudo, aporta una más que agradable presencia y credibilidad con una musicalidad legítima a una Hero que da gloria verla. Un tenor lírico ligero, más cercano a veces al segundo que al primer adjetivo, Gian Luca Pasolini, extrae su jugo a Leandro, contando a favor con uno de los fragmentos más felices de la partitura: Era la notte.

El Coro Claudio Monteverdi (no confundir con el Monteverdi a secas) aprovecha la tarea encomendada por el compositor (de hecho, es el que inicia los tres actos de la ópera) y Aldo Salvagno pone desde el foso el debido sostén orquestal a partir de la atenta Filarmónica del Piamonte.

Disco recomendado: GIOVANNI BOTTESINI (1821-1889): Ero y Leandro. Véronique Mercier, Gian Luca Pasolini, Roberto Scandiuzzi / Orchestra Filarmonica del Piemonte. Coro Claudio Monteverdi. Bruno Gini, director del coro. Aldo Salvagno, director/ DYNAMIC / Ref.: CDS 33670 (1 DVD) D10 x 2

Copyright © Fernando Fraga. Imágenes y notas informativas extraídas de diverdi.com. Este artículo se publica en Cualia por cortesía del autor y de Diverdi. Reservados todos los derechos.

Fernando Fraga

Fernando Fraga

Es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico y conferenciante.
Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista "Scherzo".
Asimismo, es colaborador de otras publicaciones culturales, como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Crítica de Arte", "Ópera Actual", "Ritmo" y "Revista de Occidente". Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros "Vivir la ópera" (1994), "La ópera" (1995), "Morir para la ópera" (1996) y "Plácido Domingo: historia de una voz" (1996). Es autor de las monografías "Rossini" (1998), "Verdi" (2000), "Simplemente divas" (2014) y "Maria Callas. El adiós a la diva" (2017). En colaboración con Enrique Pérez Adrián escribió "Los mejores discos de ópera" (2001) y "Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD" (2013).