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Eternidad del culebrón

Gran parte de nuestras emisiones televisivas, sean en abierto o por cable, están ocupadas por los culebrones o telenovelas en serie. Heredan a los radioteatros, que heredaron a las novelas semanales, que heredaron a los folletines, que heredaron a las novelas de caballería: una visión de la vida como una variable sucesión de episodios, que pueden alargar o achicar su número según la aceptación de los públicos.

La inconmensurable capacidad de la televisión para llegar desde cualquier punto del planeta a cualquier otro punto, produce consecuencias de mestizaje cultural de lo más llamativas. Es sabido que el árabe, en su forma clásica, es una lengua accesible a escasos especialistas. En cambio, hay numerosas variantes dialectales que lo mantienen vivo. Una teleserie exitosa hecha en Egipto, por ejemplo, derrama árabe egipcio por todo el Magreb. En Arabia Saudí, por razones políticas, se prohíben los culebrones turcos. A su vez, éstos llegan felizmente a Occidente, empezando por América Latina, de donde provinieron tantos de ellos en décadas pasadas. Gracias a estos últimos muchos españoles se enteraron de dónde y cómo se habla su propia lengua fuera de España.

Dos elementos recurrentes se han visto reformulados por la presión de los cambios sociales que, naturalmente, afectan al público de estas producciones: la mujer y el erotismo sexual. Las series tradicionales estaban marcadas por la historia de un varón que debía educarse por la experiencia y la sabiduría para alcanzar un puesto en la sociedad. A su servicio, por así decirlo, funcionaban dos clases de mujeres: la muchacha inocente y virgen que estudiaba de novia para doctorarse como madre, y la astuta seductora que enseñaba al buen chico a perder la cabeza y ganar recursos corporales. La producción y el derroche del consumo en clave sexual. Esta tajante diversificación de roles entre los géneros ha sido alterada por la irrupción de la mujer en el mercado laboral, donde se trata de igual a igual con el varón, de modo que la educación sentimental sea mutua.

En cuanto a la variedad erótica, cabe señalar la aparición de series con parejas homosexuales, de modo que se cambia el paradigma de la duplicidad entre vínculos normales y anormales a la hora del amor corporal, la pareja y la familia. Los ejemplos brasileños han hecho punta en la materia.

La culebra es un animal que se arrastra sinuosamente por las superficies llanas. Vive escondida y sale a la intemperie después de la lluvia, aprovechando el cambio que el agua produce en la tierra. Surge, digámoslo así, cuando se altera el paisaje. Nos ha traído noticias de los Estados Unidos y Latinoamérica. Ahora nos enseña los vericuetos de la pasión turca. Estambul compite por estar de moda con Nueva York y Caracas. La familia ya no desayuna tostadas y café con leche sino ensalada de pepinos en compañía de nata montada con miel. La antigua capital bizantina aumentó, antes de la pandemia, su oferta de pasajes turísticos. Solimán el Magnífico sustituye a Carlomagno como modelo imperial. Los cruzados han pasado de buenos a malos. La culebra silba sobre la tierra húmeda. Llama al diálogo de culturas. No sólo la pandemia nos une contra la exclusión. También una pantalla en el salón de casa.

Imagen superior: Demet Özdemir y Can Yaman en la telenovela turca «Erkenci Kus: Pájaro soñador» (2018–2019).

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")