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Crítica: «Monsters» (Gareth Edwards, 2010)

Inteligente, por encima de cualquier tópico, Monsters se disfruta gracias a la rara complicidad que nace de interpretar las películas de monstruos a través del cine indie.

Reducir esta aventura a los términos de la ciencia-ficción clásica sería injusto. En este sentido, la premisa del film puede dar lugar a equívocos.

Tenemos a un fotógrafo, Andrew Kaulder (Scoot McNairy), empeñado en fotografiar a esos monstruos que, tras el accidente de una sonda de la NASA, han prosperado en la frontera entre México y Estados Unidos. Y tenemos a la encantadora Sam (Whitney Able), la hija de su jefe, a quien el reportero debe sacar de la zona ocupada por tan peligrosas criaturas.

Supongo que, al leer estas líneas, todos imaginamos un thriller frenético, con bestias más o menos viscosas –horripilantes por supuesto– dando cuerda al reloj de un guión que empieza y termina como una montaña rusa.

Pero Gareth Edwards es un innovador de una narrativa envolvente, al que no le importa decepcionar a quienes buscan un entretenimiento banal. Como ahora veremos, Monsters es cine de autor, y su calidad se mide con otros parámetros.

Antes –y cuando digo antes quiero decir antes de que Roger Corman se jubilara–, las monster movies eran un cajón de sastre en el que cabían todos los tópicos del cine de género: pesadillas radiactivas, decorados de cartón piedra, descomunales quimeras animadas en stop motion –con tentáculos o garras, no recuerdo bien–, y como telón de fondo, amores de obligado final feliz.

Con el tiempo, el cine de Serie A asimiló las convenciones de la Serie B, limitándose a invertir un puñado de dólares en el departamento de efectos especiales. ¿El resultado? Tal y como yo lo veo, hay demasiadas imitaciones de La humanidad en peligro o de La bestia de tiempos remotos que pasan por modernas gracias a una cuestión de estilo. Me refiero a esa fórmula narrativa que impone planos brevísimos, un montaje bien agitado y toda la pirotecnia CGI que permita el presupuesto.

El público joven ama esta combinación, y quizá por ello la industria se muestra conservadora. De ahí que tenga tanto mérito el empeño de Gareth Edwards.

Ahí es nada: este realizador nos ofrece una monster movie de arte y ensayo. Una obra sentimental, íntima, que discurre como una road movie, y que al mismo tiempo nos regala hora y media de autenticidad, como si un seguidor del cine de Jack Arnold hubiera decidido interpretarlo a través de las lentes de Werner Herzog o de alguno de aquellos rebeldes que se inventaron la Nouvelle Vague.

Cualquier cinéfilo veterano sabe que este tipo de cócteles requieren la complicidad del espectador para no resultar indigestos.

Una vez aceptado su tempo y su tono, Monsters contiene todos los elementos para que el público se una al viaje de Kaulder y Sam. Los diálogos tienen el sabor de la improvisación. Cada secuencia destila frescura, y Edwards las ensambla con serenidad, sin prisa, haciendo honor a la exuberante escenografía centroamericana.

¿Monstruos? Desde luego que los hay, pero no son la razón de ser de esta pieza. Es más: quienes busquen precipitadas persecuciones y peripecias con sabor a hamburguesa no disfrutarán de una película de autor como ésta.

Monsters comunica una clase de emoción más infrecuente, y nos invita a confiar en la calidad del relato sin caer en la impaciencia. De hecho, viene a ser la ilustración exacta de eso que llamamos extrañeza.

En todo caso, el gran acierto de esta humilde producción –el que, al paso del tiempo, la convertirá en obra de culto– es su romanticismo. Un amor que se abre paso en cada plano, sin estridencias ni cursilería, como si Monsters recogiera experiencias auténticas, sencillas, siempre en el filo de lo real.

Sinopsis

Hace seis años, la NASA descubrió la posibilidad de vida extraterrestre en nuestro Sistema Solar. Por ello, puso en órbita una sonda para recolectar muestras, pero al regresar a la Tierra, ésta se estrelló sobre América Central.

Poco después del accidente, comenzaron a aparecer nuevas formas de vida, y la mitad de la población de México fue puesta en cuarentena.

Hoy en día, los militares estadounidenses y mexicanos, siguen esforzándose por contener a «las criaturas»…

La acción comienza cuando un periodista estadounidense decide escoltar a una turista, a través de la zona infectada, hasta la frontera con EE.UU.

Monsters, escrita y dirigida por Gareth Edwards, ganador de un BAFTA y nominado a los EMMY como animador de efectos CGI (Computer Generated Image: todas aquellas imágenes creadas por ordenador), está protagonizada por Scoot McNairy y Whitney Able.

Edwards explica: “Al existir tanta competencia en la industria del cine y habiendo tantos candidatos a director nunca creí que fuera a tener una oportunidad como realizador. No quería tener que esperar a que alguien me diera el dinero o el permiso para ver realizado mi sueño de dirigir una película. Pensé en una idea que pudiera autofinanciar y llevar a cabo por mi mismo, sin la necesidad de contar con un enorme equipo de personas”.

Estando de vacaciones en las Maldivas, Gareth vio algo que le hizo pensar en lo que terminaría convirtiéndose en su opera prima. Observando a un grupo de pescadores imaginó que se encontraban luchando con un enorme monstruo con tentáculos sobre la superficie del agua. Así surgió Monsters.

“Me senté y vi a otros pescadores riéndose de un pobre chico que estaba peleándose con la red y pensé que sería brillante si un tentáculo gigante le estuviera atacando.

Si hubiera tenido mi cámara lo habría grabado todo”.

Por aquella época, el agente de Edwards visitó Vertigo Films con varias ideas.

Allan Niblo y James Richardson comprendieron rápidamente que tenían ante sí una buena idea y la oportunidad de producir una gran película.

El propio Richardson explica que: “El representante de Gareth nos había enviado algunos ejemplos de su trabajo entre las que se encontraban imágenes de desastres naturales, como huracanes, inundaciones, etc… y un cortometraje de un minuto que había hecho para el canal Sci-Fi. Era evidente que Gareth tenía mucho talento y una gran capacidad para manejar el drama y construir una atmósfera increíble”.

“Lo que nos convenció aún más”, continúa Niblo, “no fue que hubiera sido capaz de incluir todos esos efectos sino que lo había hecho desde su propio portátil.

Detrás de eso no había ningún estudio involucrado ni grandes herramientas de postproducción; era algo increíble. Después de ver algunos trabajos suyos le preguntamos si quería dirigir su primera película con nosotros”.

Edwards recoge el testigo: “Tras haberme inspirado con los pescadores de Maldivas, más que desarrollar una trama específica, escribí cómo afrontaría el rodaje, y a Vertigo Films le encantó mi planteamiento. Los tres meses siguientes estuvimos desarrollando la historia hasta que todos quedamos satisfechos”.

Habiendo crecido con películas como Parque JurásicoET y otros clásicos de Spielberg, Edwards deseaba hacer: ‘la película de monstruos más realista hecha nunca’. También quería hacer una historia de amor que no fuera eclipsada por los elementos de ciencia ficción y en donde la premisa fuera totalmente increíble.

“Investigué un poco sobre Europa, una de las lunas de Júpiter, que, según afirman los científicos, tiene la posibilidad de vida más alta. La NASA quería enviar una sonda para traer alguna prueba de vida. Pensé que si ellos lo hacían, yo también podía y, además, de un modo mucho más fácil».

“Quería que Monsters se desarrollara en el espacio de tiempo en el que normalmente terminan las películas de monstruos”, explica Edwards. “Seis años después, cuando la vida transcurre tranquilamente, estas criaturas han infectado una parte del mundo.

Hay un problema estacional que tiene que ver con la migración y que adelanta las estaciones en este año en particular”.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes, sinopsis y notas de prensa © Vertigo Films, Festival Films. Cortesía de Avalon Productions. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.