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Crítica: «Megalodón» («The Meg», Jon Turteltaub, 2018)

Steve Allen publicó Meg: A Novel of Deep Terror en 1997. Algunos compramos este libro en su momento porque, ¿cómo resistirse a la historia de un megalodón atacando a humanos?

En el prólogo de aquella espantosa novela, Allen mostraba su alegría porque un gran estudio de Hollywood (no me pregunten cuál, leí aquello hace ya dos décadas) acababa de comprar los derechos del libro para convertirlo en una superproducción.

Desde entonces, el proyecto fue pasando de mano en mano, “como la falsa monea”. Veinte años más tarde, por fin llega a los cines.

Megalodón (The Meg) es una producción de presupuesto medio-alto, principalmente financiada por empresas chinas, cuyo mayor atractivo para los occidentales es el doble protagonismo de Jason Statham (hombre para todo en películas no-tan-caras) y de un megalodón digital.

En este caso, la pregunta clave es: ¿realmente es tan atractivo para el público masivo un tiburón prehistórico animado? Tengamos en cuenta los siguientes puntos:

1) Tiburón (Steven Spielberg, 1975) es una obra maestra. Es la película definitiva sobre tiburones, y todas las que se han hecho después son, inevitablemente, peores, incluso dos tan estimables como Open Water (Chris Kentis, 2003) o Infierno azul (The ShallowsJaume Collet-Serra, 2016). ¿Por qué seguir rodando cintas sobre escualos asesinos pudiendo ver la de Spielberg?

2) No es la primera vez que vemos un film sobre megalodones. Hay docenas de ellos: producciones de bajísimo presupuesto destinadas al mercado de DVD y televisión. The Meg no se distingue mucho de ellas, salvo por tener un presupuesto mayor. Además, estas infra-producciones ofrecen escualos para todos los gustos: tiburones por los canales venecianos, tiburones zombi, tiburones fantasma, tornados rellenos de sanguinarios escualos (la larga saga Sharknado) e incluso mi favorito, el entrañable híbrido de tiburón y pulpo de Sharktopus (Declan O’Brien, 2010), una producción de Roger Corman (cineasta legendario, que realiza un grandioso cameo) mucho más divertida, pese a su indigencia, que The Meg.

3) Salvo honrosas excepciones, como el citado film de Spielberg o King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), el hábitat más adecuado para los monstruos gigantes no es el de las superproducciones. Las monster movies de presupuesto más modesto suelen tener más personalidad, más ingenio y más agallas, al no tener que enfrentarse a los rigurosos estudios demográficos y la autocensura. Si pensamos en las mejores películas de monstruos posteriores a Tiburón, nos vendrán a la cabeza los astutos guiones de John Sayles para Piraña (Joe Dante, 1978) y La bestia bajo el asfalto (Lewis Teague, 1980), el impactante remake de The Blob (Chuck Russell, 1988) o los furiosos “graboides” de Temblores (Ron Underwood, 1990), en lugar de los costosos Godzillas digitales estadounidenses.

¿Qué nos da The Meg entonces? Poca cosa. No es un desastre. Más bien se trata de un film insípido a más no poder.

En realidad, se trata de una película familiar sobre un tiburón asesino, con lo cual apenas hay sangre o mutilaciones, más allá de las de las pobres ballenas que se cruzan en su camino. El tono es amable y simpático, pero no abiertamente humorístico, como sucede en algunas de las producciones televisivas citadas más arriba.

Pese al protagonismo de Statham, tampoco es una película “macarra”. Aquí el actor inglés ofrece una versión aguada (ja) de su clásico héroe rudo y respondón.

Quizá algunos piensen que un tiburón animado por ordenador supone un paso adelante en cuanto al realismo, sobre todo teniendo en cuenta el poco creíble muñeco de la película de Spielberg. ¿Realmente los efectos digitales son más realistas? ¿O más bien lo que aportan es otra manera de parecer falso? Llámenme antiguo, pero opino lo mismo que el actor Javier Botet, actor especialista en caracterizaciones y prótesis de maquillaje, cuya carrera incluye títulos como REC (2007), Mamá (2013), Crimson Peak (2015), It (2017) o Alien: Covenant (2017). Entrevistado por VICEBotet afirma lo siguiente “El actor y el maquillaje son lo más importante. Después de una época en la que eso se ha enterrado en 3D, han empezado a darse cuenta de que se han pasado. Un ser vivo en 3D es… la mierda».

Por lo demás, Megalodón (The Meg) es una producción destinada casi exclusivamente al mercado chino, con un reparto internacional en el que la bellísima Li Bingbing tiene total coprotagonismo junto a Statham y donde se aprovecha la ocasión para vender las excelencias turísticas de la bahía de Sanya, si bien se nos da a entender que, megalodones aparte, aquellas aguas están infestadas por todo tipo de escualos.

Sinopsis

Un sumergible de aguas profundas que forma parte de un programa internacional de vigilancia submarina, ha sido atacado por una enorme criatura que se creía extinta. Ahora está averiado en el fondo de la fosa oceánica más profunda del Pacífico con su tripulación atrapada en el interior.

El tiempo se acaba y, en contra de los deseos de su hija Suyin (Li Bingbing), un visionario oceanógrafo chino (Winston Chao) contrata a Jonas Taylor (Jason Statham), un especialista en rescate en aguas profundas. Su misión será salvar a la tripulación y también al océano de una amenaza imparable: un tiburón prehistórico de 23 metros conocido con el nombre de Megalodón. Pero lo que nadie podía imaginarse es que unos años antes Taylor ya se había enfrentado a esta misma criatura aterradora. Ahora, formando equipo con Suyin, debe superar sus miedos y arriesgar su vida para salvar a todos los que están atrapados en las profundidades, lo que le obligará a volver a enfrentarse al depredador más enorme y más temible de todos los tiempos.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Gravity Pictures, Flagship Entertainment, Apelles Entertainment, Di Bonaventura Pictures, Maeday Productions, Warner Bros. Pictures. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).