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Crítica: «Capitán América: El Soldado de Invierno» (2014)

 

Vale la pena, ¿no? Acompañar a un héroe genuino, quiero decir. Uno de esos que habitaban en el cine y en los tebeos antes de que el cinismo posmoderno y el psicoanálisis embistieran contra la cristalería de la épica tradicional.

Quizá es que el sentimiento de nostalgia no es tan minoritario como creíamos, sino ampliamente compartido, y que el encanto de un personaje como el Capitán América sirve para conjurar demonios ocultos –y muy reales– que conoce bien la audiencia de hoy.

Los directores Anthony y Joe Russo aprovechan este sentimiento en varios frentes. Y esos frentes coinciden con claves generacionales bastante obvias: la moral unívoca de los veteranos de la Segunda Guerra Mundial frente a la violencia de alquiler propia de la geoestrategia moderna, los viejos ideales de libertad y democracia frente a la conspiración de quienes hoy mueven los hilos del poder, la sencillez analógica (simbolizada por un tocadiscos o un retrato en blanco y negro) frente a ese laberinto digital en el que acechan la traición y la mentira, el músculo bien entrenado del héroe frente al brazo biónico de su adversario, el honor frente a la obediencia ciega por miedo o por comodidad…

Alguien tiene que sacrificarse por estas cosas, y para eso contamos con el Capitán América, un tipo intachable que, gracias al cielo, no está de vuelta de todo.

Es muy notable que Capitán América: El Soldado de Invierno no se dirija exclusivamente al público quinceañero, y que además no esconda en la partida esas cartas que han de jugar los espectadores de cierta edad. Hay evidencias en este sentido. Por ejemplo, la presencia de Robert Redford, con una sobrecarga de alusiones a clásicos del thriller político como Los tres días del cóndor (1975), de Sydney Pollack.

Los guiños al cine de los ochenta –Juegos de guerra (1983)–; y la participación de figuras como Jenny Agutter –La fuga de Logan (1976), El hombre lobo americano en Londres (1981)– cumplen el mismo efecto con los espectadores que sobrepasan los cuarenta años.

De forma muy inteligente, Anthony y Joe Russo empaquetan todos estos sentimientos y referencias en un artefacto espectacular, veloz y explosivo, que más allá de la parafernalia fantacientífica y de su imponente artesanía digital, acaba recordándonos el universo de James Bond.

Conocemos al Capitán América desde hace tanto tiempo que cualquiera puede identificarse con sus ideales. Grant Morrison, veterano guionista de Marvel y DC, ha escrito hasta la extenuación de esta materia.

Cuando el héroe llega a la imaginación de los lectores en 1941 gracias a Joe Simon y Joe Kirby, transmite una energía patriótica y un ardor guerrero que sintió el propio Kirby, soldado de la Compañía F del Undécimo Batallón de Infantería, curtido en la playa de Omaha y en la batalla de Bastogne.

Con un perfil a medio camino entre el pulp y la propaganda, el Capitán se abrió paso en el mercado editorial muy competitivo. Kirby, nos dice Morrison, «sabía que los dibujos de un superhéroe estadounidense rompiéndole los dientes a Hitler cumplirían deseos y venderían revistas en un mundo dominado por el miedo, y su intuición no le falló».

La silueta nostálgica de aquel supersoldado quedó bien reflejada en Capitán América: El primer vengador (2011). En cambio, la película que nos ocupa traslada a la pantalla una etapa mucho más actual del personaje. Así, el guión de Christopher Markus y Stephen McFeely se inspira en las novelas gráficas escritas por Ed Brubaker, en las cuales Steve Rogers, aunque apegado a viejos ideales, es un disidente que exterioriza los remordimientos de un mundo cada vez más ambiguo y conformista. De hecho, todo el hilo argumental de Capitán América: El Soldado de Invierno puede seguirse teniendo en la memoria el cómic de Brubaker en el que se inspira con bastante libertad.

Dejo para el final un elogio del reparto. Chris EvansScarlett JohanssonSebastian StanAnthony MackieRedford y Samuel L. Jackson están irreprochables en sus papeles. En el caso de EvansStan y Mackie, la exigencia interpretativa viene acompañada por un despliegue físico muy rotundo, digno del cine de Hong Kong. Lástima que algunas de esas escenas de lucha estén filmadas con ese estilo shaky-cam que agita innecesariamente el plano, como si el operador sufriese taquicardia.

Sinopsis

De la mano de Marvel Studios llega la esperadísima Capitán América: El Soldado de Invierno, que retoma la aventuras en la gran pantalla de Steve Rogers, alias Capitán América.

Capitán América: El Soldado de Invierno arranca tras los devastadores acontecimientos ocurridos Nueva York con Los Vengadores. Ahora, Steve Rogers vive tranquilamente en Washington, D.C. intentando adaptarse al mundo moderno.

Pero cuando atacan a un colega de S.H.I.E.L.D., Steve se ve envuelto en una compleja trama de intriga y misterio que amenaza con poner en peligro al mundo. El Capitán América se une a Natasha Romanoff, alias la Viuda Negra, y lucha para sacar a la luz una conspiración cada vez mayor mientras hace frente a asesinos profesionales enviados para silenciarle.

Cuando por fin se revela la magnitud de la malvada trama, el Capitán América y la Viuda Negra van a contar con la ayuda de Halcón, un nuevo aliado. Pero deberán enfrentarse a un enemigo inesperado y extraordinario: El Soldado de Invierno.

Uno de los elementos clave del éxito de Marvel ha sido contar con directores de talento capaces de dejar su impronta personal en cada película. Para Capitán América: El Soldado de Invierno, Marvel invitó a subir a bordo a una pareja de directores, los hermanos Anthony y Joe Russo.

«En nuestras reuniones con los hermanos Russo, tuve el presentimiento de que tenían algo que podía añadir mucho valor a uno de nuestros productos”, dice el productor Kevin Feige. “Les encantó la idea que les presentamos: un thriller político de los años 70, una historia de superhéroes mucho más contemporánea, más realista. Y ellos la hicieron suya, la mejoraron y en mi opinión han realizado une película de acción en estado puro, la mejor que hayamos hecho hasta ahora”.

A los hermanos Russo, productores ejecutivos y directores de las galardonadas series de televisión Arrested Development y Community, les encantó sumergirse en el Universo Marvel. «Fue un momento fantástico por dos motivos», recuerda Anthony Russo. «El primero porque siempre nos habían gustado las decisiones que Marvel había tomado en el pasado y el segundo porque estábamos en la lista sin habernos postulado para estar en ella. Marvel nos demostró que, en el aspecto creativo, no duda en dar oportunidades a nombres que no parecen tan obvios».

Aunque la historia de Capitán América: El Soldado de Invierno se desarrolla en la actualidad, el tono del guión y la historia tienen reminiscencias de un buen retro thriller. “Queríamos que la película tuviera un estilo de cinéma vérité que te da la impresión de estar al lado del Capitán América”, dice Anthony Russo. “Queríamos que la historia y el estilo fueran muy íntimos y realistas, una característica fundamental de los thrillers de los años 70 que han servido de inspiración a esta película”.

Datos curiosos

En 2005, Ed Brubaker creó para los cómics de Marvel el personaje del Soldado de Invierno que interpreta Sebastian Stan en la película. Aunque el personaje de Bucky Barnes ya existía en los comic books del Capitán América, desapareció en la Segunda Guerra Mundial y no resucitó hasta que Brubaker lo revivió en el papel del Soldado de Invierno.

Para las escenas en la película que tuvieron lugar en la nave Lumerian Star, los realizadores utilizan el Sea Launch Commander, atracado en Long Beach, California. Aunque hubo problemas de espacio para coreografiar las complejas secuencias de lucha en los espacios reducidos de una nave de verdad, a los realizadores les encantó reforzar la credibilidad de la película rodando en un buque de verdad.

En Capitán América: El Soldado de Invierno de Marvel, los fans podrán ver elementos de la versión 2.0 del Helitransporte así como la sede de S.H.I.E.L.D. situada en un edificio llamado el Triskelion en Washington, D.C. El Triskelion es un complejo dotado de tecnología de última generación, con un diseño totalmente nuevo, que se integra perfectamente en el paisaje de Washington.

Chris Evans tuvo que entrenarse a fondo en diversas artes marciales para Capitán América: El Soldado de Invierno, ya que las técnicas de lucha que utilizó en la película eran una mezcla de parkour, Jiu Jitsu brasileño, kárate y boxeo. Los realizadores pensaron que al situar a Steve Rogers en el tiempo actual, éste tenía que dominar y haber estudiado los estilos y técnicas de combate modernos.

En Capitán América: El Soldado de Invierno de Marvel, el Capitán América tiene un nuevo uniforme azul marino, un traje muy práctico que le permite moverse con fluidez. En la nueva película, el Capitán América está trabajando en operaciones especiales así que era lógico que no llevara una diana en el pecho cuando realiza misiones clandestinas. Por lo tanto, los realizadores optaron por un traje que tuviera textura y un aspecto más real con un componente balístico a base de fibra de Kevlar que protege al Capitán América, pero que al mismo tiempo funciona como un uniforme militar.

El equipo se desplazó seis semanas a Cleveland, Ohio para rodar las grandes escenas de acción de la película. Gracias a ese viaje, los directores Anthony y Joe Russo regresaron a la ciudad donde crecieron y donde iniciaron sus carreras en el cine.

Para poder luchar contra el Soldado de Invierno, el Capitán América necesita todos los recursos que pueda conseguir, lo que incluye su emblemático escudo, que tiene muchas más aplicaciones en la película. Tradicionalmente, el escudo se utiliza sobre todo como arma defensiva, pero en Capitán América: El Soldado de Invierno, los realizadores querían que fuera un arma más ofensiva. El escudo está dotado de dos asas y Steve Rogers pueden aferrarse a ellas para utilizarlo al estilo de lucha oriental.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis, datos curiosos e imágenes © 2014 Marvel. Cortesía de The Walt Disney Company Spain. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.