Cualia.es

Crítica: ‘Bikeriders. La ley del asfalto’ (2023)

«Estoy pensando en montar un club de moteros». Es una gran idea, Johnny (Tom Hardy). ¿Qué puede salir mal? Un grupo lúdico de hombres aficionados a las motos, los cigarrillos y la cerveza, sin más pretensión que hacer rugir los motores y fardar por calles y carreteras, inicia así su andadura y comienza a forjar la leyenda.

Un whisky en un bar de «Moe»; dos tipos duros quieren el chaleco molón de un tercero, un motero chuleta de tupé engominado llamado Benny (Austin Butler). La paliza está servida, nadie saldrá indemne, y menos aquellos que se enfrentan a un Vandal.

Johnny y Benny componen un dúo a lo «Sancho y Quijote» on the road, dedicados a «facer» entuertos más que a «desfacerlos», sin que se delimite claramente cual de los dos tiene la cordura más perdida, y destinados ambos a estamparse contra el molino de viento de la áspera realidad.

Excelente película de estética macarra a ritmo rockero, buen cine del que se degusta en piloto automático. Dirigida por Jeff Nichols, Bikeriders sigue los pasos de Easy rider, o del Salvaje de Brando, y actualiza el discurso explorando la búsqueda y el precio de la libertad, ese inalcanzable lujo que algunos sueñan abandonando los caminos marcados en pos de aventura y adrenalina.

Mediados de los 60, Chicago. Kathy (Jodie Comer), la chica del ácrata Benny, nos cuenta en una lavandería, a modo de entrevista, las peripecias del club Vandals, desde su fundación hasta su derrape definitivo. Inspirada en hechos reales, esta historia remeda el libro del fotógrafo Danny Lyon, quien integró una banda motera en la ya lejana década de la carrera espacial, del asesinato de JFK, de la Beatlemanía y la guerra de Vietnam.

En estos convulsos años, los desclasados, los chicos de los suburbios, buscan su lugar en ese revuelto escenario. El mundo está cambiando a toda velocidad y no les espera. Las motos, las chupas de cuero con calaveras, la violencia y el desenfreno, son los argumentos que seducen a quienes anhelan la pertenencia a un grupo. Estos tipos son una familia, se tienen unos a otros, y encuentran en el clan un modo de vida y una vía de escape a la orfandad de un sueño americano que nunca vieron cumplido.

«No es una motocicleta, nena, es una Chopper», que diría Bruce Willis en Pulp Fiction. Y es que esta «movida», por simple que resulte en apariencia, entraña una filosofía de vida basada en la autenticidad, la pertenencia a una tribu, y la conquista por la fuerza de una libertad salvaje que nadie te va a regalar.

El club Vandals es un mundo con cuatro reglas básicas -la principal de ellas es la lealtad incondicional-, que se tejen y modifican sobre la marcha a golpe de puño o a navajazo limpio. Su fama se expande y crece, y la fascinación por integrar la banda empieza a avivar los deseos de jóvenes y tipos duros de todo el país.

En cada picnic aparece más gente extraña llegada de todas partes, y lo que empezó siendo una actividad festiva entre cervezas y peleas fraternales, se acaba tornando en un caos de droga, delincuencia y crimen.

Tras un inicio en tono ingenuo y desenfadado, a medida que avanza, la historia va cobrando una profundidad envuelta en melancolía, mostrándonos el desgarro, las ilusiones, los vacíos y las contradicciones del plantel protagonista. La frivolidad de la que podríamos acusar a este grupo de outsiders, se irá tornando en comprensión según vamos empatizamos con su causa, con los estragos de su decadencia final, y con la oscuridad que se cierne sobre sus ansias de libertad, mientras exploramos nuestro propio baúl de sueños frustrados.

Bikeriders es una historia de malotes a todo gas, de tipos inconsecuentes, audaces, infantiles y anárquicos, de buscadores de horizontes sin brújula, de desdichados que tienen poco o nada que perder y una carretera al infierno por delante. «La libertad pertenece a los valientes, algunos prefieren estrellarse antes que frenar».

Vayan a verla, gócenla sin remilgos, y plantéense si la monovolumen familiar y una hipoteca asfixiante eran el sueño de su juventud, cuando desde la montura de la BH sentíamos el deseo de saltar a lomos de una Derby Coyote, y lanzarnos por el campo a través de la vida como si no hubiera un mañana.

Sinopsis

Bikeriders. La ley del asfalto retrata una época de rebelión y de cambio en la cultura y en la gente de Estados Unidos. Tras un encuentro casual en un bar, Kathy (Jodie Comer), una mujer con carácter, se siente profundamente atraída por Benny (Austin Butler), el miembro más reciente de «The Vandals» (Los Vándalos), un club de moteros del Medio Oeste liderado por el enigmático Johnny (Tom Hardy).

Al igual que el país, el club empieza a cambiar, y pasa de ser un lugar de reunión para los forasteros locales a convertirse en un punto de encuentro para un violento submundo, obligando a Benny a escoger entre Kathy y la lealtad que siente por sus compañeros.

Copyright del artículo © Fernando Mircala. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © 20th Century Studios, Regency Enterprises, Tri-State Pictures, Regency Television, Universal Pictures. Reservados todos los derechos.

Fernando Mircala

Artista, escritor, traductor y fotógrafo. Premio Lazarillo en el año 2000. Entre otros libros, es autor de 'Ciudad Monstrualia' (2001), 'El acertijo de Varpul' (2002), 'Eclipse en Malasaña. Una zarzuela negra' (2010), 'Lóbrego romance, pálido fantasma' (2010), 'Compostela iconográfica' (2012), 'Pentagonía' (2012), 'En un lugar de Malvadia' (2016; ilustrado por Perrilla), 'Pánico en el Bosque de los Corazones Marchitos' (2019), 'Versos para musas y cuatro cuentos de Edgar Allan Poe' (2019) y 'Concéntrico' (2022).