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Crítica: «A 47 metros 2» («47 Meters Down: Uncaged», 2019)

¿Recuerdan A 47 metros (Johannes Roberts, 2017)? Posiblemente no. Yo no sabía ni que existía, lo admito. Se trata de uno de esos cientos de films sobre tiburones que nunca llegarán a ser tan buenos como Tiburón (Steven Spielberg, 1975), pero que explotan esa fascinación que tenemos por los escualos. O, mejor dicho, por los escualos de ficción: esas máquinas de devorar seres humanos que, en realidad, no son ni mucho menos así.

La mala fama ha perseguido a los tiburones reales y les ha hecho mucho daño, pero a la mayoría nos encanta ver a monstruos marinos zampándose bañistas incautos, y por eso no hay verano sin una película sobre estos devoradores de humanos.

No pasa nada si no se ha visto (o no se recuerda) A 47 metros, ya que la secuela narra una historia independiente y tirando a descabellada. Algo así como una versión subacuática de The Descent, con un grupo de amigas encerradas en un laberíntico templo maya sumergido, y acosadas por unos tiburones blancos albinos y ciegos (!).

Las jóvenes se adentran en ese hallazgo arqueológico con una combinación de curiosidad e insensatez. De hecho, la protagonista principal (Sophie Nélisse) es advertida por su padre (John Corbett, la única cara reconocible del reparto, al menos para quienes veían Doctor en Alaska), quien incluso le regala un enorme colmillo de escualo hallado en el laberinto su maya.

El director Johannes Roberts, responsable del primer film, se las arregla bien con el escaso presupuesto, y es capaz de mantener la tensión en determinados momentos. En todo caso, esta es una película predecible y de escasa credibilidad, que ofrece lo que promete: sustos baratos, tiburones imposibles y un reparto formado por jóvenes con buen físico, incluyendo a Sistine Stallone, hija del célebre protagonista de Rambo.

Sinopsis

A la adolescente Mia no le apetece mudarse a México con su padre, Grant, y su nueva familia. Con Grant trabajando como investigador en una antigua ciudad maya que está sumergida bajo el agua, Mia se ve obligada a pasar tiempo con su hermanastra Sasha. Aburrida y sin supervisión, Mia, Sasha y sus dos amigas se adentran en la cueva submarina en la que Grant está trabajando.

Oculto durante siglos, el lugar de entierro maya sumergido es hermoso y desconcertante, pero pronto se vuelve mortal cuando las chicas descubren que no están solas. Están rodeadas por enormes tiburones blancos amenazadores y atrapadas en una cueva que pronto podría ser su tumba.

En el verano de 2017, una claustrofóbica película de tiburones causó bastante impacto. Se llamó A 47 metros, protagonizada por Claire Holt y Mandy Moore. Dos hermanas a las que invitan a bucear en una jaula durante sus vacaciones en México, pero el cable que las sujeta se rompe y las deja atrapadas en el fondo del océano. Con el suministro de aire agotándose, las hermanas están a solo 47 metros de estar a salvo … pero esa es una gran distancia cuando estas rodeado de tiburones blancos.

A 47 metros fue una película de aventuras y suspense muy efectiva. Se realizó con solo 5 millones de dólares, pero se llevó un gran mordisco de la taquilla mundial, recaudando más de 62 millones, convirtiéndose en la película independiente con más éxito del verano. Su triunfo se hizo aún más significativo porque inicialmente iba a ser lanzada en agosto de 2016 como un título de vídeo bajo demanda por Dimension Films, pero Entertainment Studios compró los derechos y se comprometió a estrenarla en las salas de cine el verano siguiente. Sin embargo, las copias en DVD de In The Deep, como Dimension Films lo había retitulado, ya se habían enviado y, aunque se avisó, varios minoristas vendieron copias físicas. Además, la película fue pirateada y se subió a la red.

«Pensamos que no iba a funcionar, de verdad», admite el director Johannes Roberts, quien regresa para dirigir la secuela de A 47 metros, después de realizar Los extraños: cacería nocturna. «Así que cuando se estrenó y el público fue a verla, fue increíble».

«El público tiene un gran apetito por una buena película de tiburones», dice Byron Allen, quien en 1993 fundó Entertainment Studios, con sede en Los Ángeles. En 2016, Allen creó Entertainment Studios Motion Pictures con el fin de expandirse en la distribución de películas y la adquisición de los derechos para Estados Unidos. A 47 metros fue la primera inmersión de la incipiente división en el mercado. «Siempre he apreciado las películas de tiburones y sé que el público las aprecia», dice Allen sobre su decisión de comprar A 47 metros y subir la apuesta con un lanzamiento en cines. «Nos encontramos con la película que Johannes había hecho y la encontramos muy fuerte. Resultó muy bueno para nosotros».

A 47 metros en realidad se rodó en un tanque de agua en Basildon y algunos exteriores en la República Dominicana. La empresa matriz fue la productora británica Tea Shop Productions, y el productor Mark Lane confiesa que su éxito fue una sorpresa.

Dado el éxito de A 47 metros, la secuela recibió luz verde, y todos los involucrados en la primera película, desde Entertainment Studios Motion Pictures y los productores Harris y Lane, hasta el guionista/director Johannes Roberts y su coautor Ernest Riera, estaban ansiosos por arriesgar.

Roberts sabía que habría una secuela incluso cuando filmaba la primera película. «Me entrené para ser buceador de cuevas los fines de semana, porque ya sabía que quería hacer una película de buceo en cuevas», dice. A 47 metros 2 es muy diferente a la primera. Estas cuatro chicas, dos hermanastras y dos amigas, básicamente pasan un día en un lago en México. Una de las hermanas es la hija de un arqueólogo que trabaja en la ciudad maya sumergida, cartografiándola, y todas ellas tienen conocimientos básicos de buceo, por lo que deciden bajar para ver la primera entrada. Y luego el túnel se derrumba y quedan atrapadas «. Roberts muestra una sonrisa que solo puede describirse como la de un tiburón. «¡Y no están solas ahí dentro! Así que hay claustrofobia, ¡además de tiburones! Es bastante aterrador».

En A 47 metros 2, la República Dominicana proporcionó de nuevo el magnífico telón de fondo para las secuencias de inicio y final de la película, todo sol, arena, vegetación exuberante y aguas azules brillantes, mientras que las escenas submarinas fueron grabadas en Reino Unido, en Pinewood Studios y Basildon.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario", "La diligencia. El libro del 80 aniversario" y "El universo de Howard Hawks".