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Charles Williams, un genio olvidado de la novela negra

El mayor tesoro que tengo en Barcelona junto a mis padres es este alijo de títulos de Charles Williams (1909-1975), un montón de viejas novelas que he ido adquiriendo, más de la mitad nunca editadas en castellano, y dos guiones cinematográficos inéditos que me regaló su hija Alison.

Resulta extraño ser guardián de la obra de un escritor olvidado.

El autor de Calma total, Labios ardientes y El arrecife del escorpión merecía mejor suerte. Albergo en mí un montón de emociones debidas a su talento que muy poca gente, por desgracia, parece interesada en conocer o compartir.

Es como haber echado un vistazo, antes de tiempo, al destino final de todos los libros y películas del mundo… objetos sin vida que sólo tienen sentido si alguien se asoma a redescubrirlos.

Es como acunar en los brazos un bebé que sólo tú sabes que no está muerto…

«Nunca he entendido ‒escribí en mi prólogo para la reedición española de El arrecife del escorpión (Medianoche Editorial)‒ cómo gente que se dice conocedora del género negro clásico ignora la obra de Charles Williams o pasa por ella de puntillas. Para mí, indudablemente, es el mejor escritor de suspense que existe, y de esa segunda hornada de buenos escritores estadounidenses de los años 50, en mi opinión sólo le hacen sombra Jim Thompson y John D. MacDonald (quien, por cierto y extrañamente, siendo la influencia principal de autores reconocidos como Stephen King, jamás ha obtenido tampoco excesiva popularidad en España)».

«No deja de ser divertido pensar que, entre la ristra de fracasos y frustraciones que ha sido mi vida, al menos puedo presumir de un extravagante mérito: soy casi con seguridad la persona que más sabe en todo el mundo sobre el extraordinario escritor texano Charles Williams. (…) Echo la vista (casi la vida) atrás y contemplo a ese niño asocial que tanto se aburría en un verano de inicio de los años 80. Tal vez la culpa de todo la tenga ese aburrimiento que provocaba la Cangas de Onís estival (…) debió ser el verano de 1981 y yo debía estar por cumplir los 11. En esa pulcra librería de la plaza había un expositor con muchos libros de bolsillo. La intuición me hacía inclinarme siempre por lo escapista. Merodeaba el expositor porque allí estaban los títulos buenos, los de aventura y crimen y riesgo…, y esos que no sabía aún qué eran y eran sexo».

«El arrecife del escorpión me impactó como ningún otro libro lo había hecho hasta entonces. Tal vez de ahí proceda mi desconfianza hacia los cánones literarios o las mitologías obvias y preponderantes. Años más tarde, pese a la marginalidad de su culto, fui encontrando en el camino de la vida otros devotos de esta obra. ¿Cuál es el secreto de El arrecife del escorpión que también ustedes están a punto de desvelar? Pues tal vez su premisa, más propia de una historia de aventuras que de una novela negra. O que de pronto se vuelva oscura y amenazante, con un suspense como nadie ‒absolutamente nadie en las letras americanas‒ ha sido capaz de igualar. O el hecho de que, cuando uno ya se cree aferrado a una pauta tonal, el texto se convierta en una letanía casi byroniana sobre el amor y el desamor».

«A lo largo de esa misma década, Charles Williams siguió siendo publicado a salto de mata por la misma Bruguera o por alguna otra editorial. De 1987 data La huida (Man on the run) y, a partir de ahí, su silencio en lengua española. Sólo el cine nos lo trajo de vuelta con dos excelentes títulos: Calma total (Dead Calm de Philip Noyce, 1989), que refleja a la perfección el espíritu del estilo williamsiano, precisamente con sus calmas densas y sus estallidos de tensión insoportable, y la pegajosa Labios ardientes (The Hot Spot, 1990, de Dennis Hopper), basada en otra de sus obras maestras absolutas. Luego, la nada. El mundo olvidó a Charles Williams. Aquí viene la parte épica de la vida real: yo no le olvidé. Y unos cuantos valientes defensores de la novela negra clásica tampoco. (…) En 1997 yo debía acudir a la Convención de Cómic de San Diego (la hoy célebre Comic Con) para desempeñar mi trabajo como editor de cómics».

«Sabía por los escasos datos conocidos sobre Williams que había muerto en California, según la versión oficial suicidándose mediante el sencillo método de hundir el barquito donde vivía. Yo descubrí que esa versión era falsa, popularizada por Truffaut para promocionar su última película, basada precisamente en The Long Saturday Night, y que en España se tituló Vivamente el domingo. Mi intención inicial era simplemente averiguar dónde estaba enterrado Williams y presentar mis respetos ante su lápida».

«Terminé encontrando un enredado hilo de madeja que me llevó a su antiguo agente, Don Congdon, por aquel entonces un ya casi octogenario señor que me recibió en su despacho de Nueva York, agradablemente sorprendido ante mi interés por un escritor ya olvidado que también fue su amigo. Él me puso en contacto con Alison Williams, la hija de Charles. Durante meses, ya de vuelta a España, intercambié correspondencia con Alison y ella me proveyó de todos los libros que me faltaban de su padre, que eran más de la mitad. (…) Entretanto, aprendí mucho sobre Williams, su vida y su obra. También sobre su muerte: Alison me contó cómo descubrió el cadáver de su padre en su apartamento de Van Nuys, punto sin retorno de una etapa en la que él se debatía en las garras de una depresión imbatible. Averigüé tantas cosas, que pude hacer realidad mi sueño de escribir un libro sobre mi mayor ídolo literario. Charles Williams: la tormenta y la calma fue mitad ensayo mitad biografía: un compendio de su vida más un recorrido detallado por sus veintidós novelas, casi todas inéditas en castellano (contando sus ediciones en España y Argentina). El volumen se completó con cien páginas de correspondencia entre Williams y su agente, Congdon, que Alison donó a la biblioteca de San Angelo. Lo que no hice finalmente fue averiguar dónde estaba enterrado. Creo que un extraño pudor me ha impedido siempre preguntárselo a Alison. Me fui de su país sin presentarle mis respetos».

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Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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