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«El viaje a ninguna parte» (1986), de Fernando Fernán Gómez

El viaje a ninguna parte (1986), del maestro Fernando Fernán Gómez, es una joya insuperable que, a medida que va pasando el tiempo, lejos de envejecer, crece y adquiere más significados.

Es una obra maestra de nuestro cine. Por cierto, hecha con subvenciones. Y ojo al dato, que decía aquel, fracasó estrepitosamente en el Festival de San Sebastián y casi no fue nadie a verla a las salas cuando se estrenó.

Es una película gris. No en blanco y negro, siempre dotado de grandeza y clasicismo, sino gris, pese a estar rodada en color. Y lo es, porque se ambienta en los tiempos de una España gris. Gris por su tristeza, por su desolación, por su desesperanza…

Por eso mismo, también es extrañamente actual. Porque aun sin tener nada que ver la época en la que vivimos, incomparable a esa España de la posguerra, refleja actitudes, miradas e inquietudes vitales que no difieren mucho de las que veo a mi alrededor.

En realidad, El viaje a ninguna parte es una novela que Fernán Gómez publicó en 1985, a partir de un serial radiofónico que ya contenía los mismos elementos que la versión filmada. Y aunque la novela, el serial y sus posteriores adaptaciones teatrales están llenos de mérito, lo cierto es que todos recordamos esta historia en su formato cinematográfico.

Los protagonistas son los integrantes de la compañía ambulante Iniesta-Galván, dirigida por don Arturo (Fernán Gómez) e integrada por su hijo Carlos (José Sacristán), su nieto Carlitos (Gabino Diego), Julia Iniesta (María Luisa Ponte), Sergio Maldonado (Juan Diego), Juanita Plaza (Laura del Sol) y Rosita del Valle (Nuria Gallardo).

Son muchas las secuencias inolvidables, pero la que hoy quiero destacar es un parlamento: unas líneas bellísimas declamadas a la perfección por José Sacristán, en el papel del cómico Carlos Galván. Un equipo de rodaje, va a llegar al pueblo donde han actuado Galván y los suyos. Los mozos, sometidos al hambre de la posguerra, se enfrentan a los actores, porque quieren que el dinero de esa filmación se quede en el pueblo.

Galván responde, y en ese plano, el personaje dice verdades como puños: «¿Dónde está el maná de los cómicos? –les pregunta– ¿En qué tierra caerá, que sea nuestra, si nosotros no somos de ninguna parte? Somos… del camino. Cuando el pueblo del Señor iba hacia la Tierra Prometida, ni siquiera iba por un camino: iba por un desierto. Por eso no salió nadie a decirles: ‘Ese maná es mío’. ‘Ese pan de los cineastas es mío’… Nosotros venimos a trabajar a vuestro pueblo, pero ahora sois vosotros los que queréis dejarnos sin nuestro pan. Y digo nuestro porque el trabajo de las películas es cosa nuestra. ¡De los cómicos! Y vosotros, ¿nos queréis dejar sin él… porque no somos de ningún pueblo? Pero ¿por qué somos de los caminos? Porque como ha dicho muy bien vuestro alcalde, la gente… necesita reírse. Y nosotros les llevamos la risa. La sequía os ahoga. También nos ahoga a nosotros, que no vivimos más que del poco dinero que os sobra. Cuando hay hambre en Cavaluenga, en España, en el mundo, hay otros que no la sienten. ¿Por qué arremetéis contra nosotros y no contra ellos? Pero ya que no vais contra ellos, contra los que no sienten hambre ni cuando el agua cae a destiempo, no vengáis contra nosotros, que somos vuestros hermanos en el trabajo… o en la falta de trabajo… y en la falta de pan».

Son verdades que yo mismo, y de manera torpe, exponía el otro día a mi manera, refiriéndome a nuestro gremio. Es cierto: somos cómicos y vivimos del poco dinero que os sobra. Esa es la verdad última de nuestro trabajo en el mundo del espectáculo. Cuando la vida aprieta, lo primero que uno suelta es el lastre del entretenimiento, de la diversión, de la risa, sin los que puede vivir… Y cuando os aprietan a vosotros, es cuando nosotros empezamos a ahogarnos.

Pese al glamour que desprenden algunos nombres, si quitáis todos esos oropeles, esos premios, esos flashes… nuestra esencia de hoy es la misma que la de aquellos cómicos de la legua que muestra la película de Fernán Gómez. Las cosas que nos mueven, profesional y humanamente, son las mismas. Y lo que nos sostiene es la gente: la de las aldeas de entonces o la de las grandes ciudades de ahora. Olvidarlo es empezar a morir.

Por todo ello, El viaje a ninguna parte es un clásico, porque como decía mi maestro Juan Antonio Porto, clásico es aquello que permanece en el tiempo como si hubiera sido creado ayer…

Analizad algunas de las frases que dice Sacristán y traedlas hasta nuestros días. Sobrecoge ver lo actuales que resultan… Sobre todo, cuando se refiere a los políticos.

En fin, gracias, don Fernando, por haber existido.

P.D. ¿Alguien reconoce a un famoso actor de nuestros días metido en la piel de uno de los mozos del pueblo, en lo que debió de ser uno de sus primeros trabajos delante de la cámara? En efecto, se trata de Carmelo Gómez.

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Pedro Luis Barbero

Pedro Luis Barbero

Pedro Luis Barbero es guionista y director de cine y televisión. "Tuno negro" (2001), su primera película, se convirtió en el debut más taquillero de ese año en el nuestro país. Para la pequeña pantalla destaca por haber escrito y dirigido el programa Inocente Inocente con el que consiguió el Premio Ondas, así como diversas series como "Impares" (2008) o "¡Viva Luisa!" (2008). En 2016 rodó el largometraje "El futuro ya no es lo que era".