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Crítica: «Soul» (Pete Docter y Kemp Powers, 2020)

Pixar se ha empeñando en que seamos buenas personas. Intachables en todos los órdenes. Por eso pone toda su artesanía y su talento ‒que es inmenso‒ al servicio de un film que he visto como quien lee un libro de autoayuda.

Por supuesto, parece que eso ‒excelencia técnica y buen corazón‒ le tiene que gustar a todo el mundo. ¿Pero quién es todo el mundo? ¿Twitter? ¿El público que acude a los pases de prueba? ¿Los críticos y seudocríticos que ponen nota a los estrenos en Rotten Tomatoes? No tengo una especial estima a ese tipo de consenso, que al final se traduce en lemas publicitarios como «Obra maestra» o «El mejor estreno del año». El cine es algo más complejo, y no sirve convertir en certeza esa primera reacción. Sobre todo cuando tras ella hay una maquinaria publicitaria que no se sabe dónde empieza y dónde acaba.

Por supuesto, valoro los mensajes entrañables, y además, adoro muchos títulos de Pixar. Pero no creo que Soul sea cine de primera clase, capaz de hacernos vibrar en la misma frecuencia que Up, WALL·E o Toy Story 2. Entre otras cosas, porque tengo la impresión de que Soul abraza la exquisitez formal para devolverla en forma de galleta de la fortuna.

La película tendrá seguidores entusiastas, sí, pero no creo que merezca el culto reincidente que se han ganado otros títulos de la compañía. Insisto: su estética me agrada, y la animación es robusta, pero el trabajo de los guionistas es otro cantar… En fin, supongo que habrá quien sonría escuchando, por enésima vez, que la felicidad está en las pequeñas cosas, o que alcanzar un objetivo no es tan importante como perseguirlo. ¿El sentido de la vida? ¿Optimismo en pequeñas cápsulas? No sé: pero me da la impresión de que el guión está escrito en cursiva, con comillas y subrayados.

El protagonista es un profesor de música, Joe Gardner (Jamie Foxx), cuyo paseo entre el Más Allá y el más acá le obliga a despertar nuevas intuiciones y a limar viejos defectos. Es decir, a redimirse, que viene a ser lo mismo. Como recordarán los aficionados al cine clásico, esa lección sobrenatural ya aparecía en películas como El difunto protesta (1941), de Alexander Hall, A vida o muerte (1946), de Michael Powell y Emeric Pressburger, o El cielo puede esperar (1978), de Warren Beatty y Buck Henry. ¿Verdad que les suena? Bueno, en realidad la cosa es un poco más sutil. A la idea de un difunto que se lo piensa dos veces, Soul añade otra receta que nos resulta familiar: la del personaje cuya conciencia ocupa un cuerpo ajeno, como sucedía en Viernes loco (1976), de Gary Nelson, Dos veces yo (1984), de Carl Reiner, o Viceversa (1988), de Brian Gilbert.

Con esos mimbres, el veterano Pete Docter y su compañero Kemp Powers arman una fantasía de buena factura, donde la enunciación de las ideas es menos poderosa que el sentimiento que transmiten.

Falta aquí ‒o al menos, yo no la encuentro‒ esa energía especial de otros títulos de Pixar. Sobre todo en el último tercio del film, uno ve siempre el derrotero que van a seguir los personajes. No obstante, esa falta de tensión se suple con otros aciertos, claramente satisfactorios. Sin ir más lejos, la impecable banda sonora de Jon Batiste, Trent Reznor y Atticus Ross.

Sinopsis

¿Qué es lo que hace que tú seas… TÚ? El nuevo largometraje de Pixar Animation Studios, Soul, presenta a Joe Gardner (voz de Jamie Foxx), un profesor de música de instituto que siente una gran pasión por el jazz. “Por encima de todo, Joe quiere convertirse en pianista profesional de jazz», afirma el director Pete Docter. “Así que cuando se le presenta la oportunidad de tocar para uno de los grandes, Joe siente que ha llegado a lo más alto”.

Sin embargo, un pequeño traspiés lo llevará de las calles de Nueva York al Más Atrás, un lugar de fantasía donde las almas nuevas reciben sus personalidades, peculiaridades e intereses antes de ir a la Tierra. Según Docter, la idea de este mundo tan singular tardó 23 años en gestarse. “Comenzó con mi hijo, ahora tiene 23 años, pero que desde el instante en que nació, ya tenía su propia personalidad”, dice Docter. “¿De dónde le venía? Yo creía que la personalidad se desarrolla a medida que interactúas con el mundo. Pero estaba claro que todos nacemos sabiendo de forma muy certera quiénes somos.

“En nuestra historia, todos nacen con un alma”, continúa diciendo Docter. “Y esas almas no surgen de la nada, han pasado por una formación y tienen su propia personalidad y sus intereses”.

Sin embargo, Joe Gardner no cree pertenecer a esta tierra de nuevas almas. Él está decidido a recuperar su vida y une fuerzas con un alma precoz, 22 (voz de Tina Fey), que nunca ha comprendido el atractivo de la experiencia humana. “A veces, las almas tienen problemas para encontrar esa chispa especial que les permita llegar a la Tierra”, dice el codirector Kemp Powers. “Los Orientadores del Más Atrás piden a mentores que les ayuden a inspirar a esas almas: personas tan extraordinarias de la Historia como Abraham Lincoln. Y eso es así para todas las almas, salvo en el caso de 22, que tiene mucho de adolescente sabelotodo. Está claro que ella no tiene ningún interés en ir a la Tierra”.

Ambientada en la vertiginosa ciudad de Nueva York centrada en el jazz y en el abstracto mundo ilusorio del Más Atrás, Soul aprovecha al máximo los contrastes entre la gran ciudad y el reino cósmico. El enfoque de los realizadores y las interpretaciones de los personajes se inspiraron en parte en dos influencias diferenciadas. Por un lado está el arte de Ronald Searle, el artista y caricaturista satírico inglés y por el otro la animación del clásico animado de 1961 de Disney 101 Dálmatas. El supervisor de animación Jude Brownbill afirma: “Searle y 101 Dálmatas influyeron en el aspecto y la percepción de Soul en casi todos los departamentos, desde la forma imperfecta de los edificios, muebles y atrezzo, hasta el número de pliegues en la ropa de los personajes. En la animación, la influencia de Searle inspiró poses atrevidas y directas dentro de composiciones claras que guían la mirada del espectador por la escena. Estudiar 101 Dálmatas reafirmó la importancia de diseñar una idea de interpretación a la vez y mantener las poses clave para que los momentos importantes se lean con más claridad”.

En el caso de la música, complementar esas decisiones visuales exigió un enfoque compuesto de dos vertientes. “Jon Batiste, nominado al GRAMMY® es cantante, compositor, canta autor, líder de una banda y genio del jazz. Se ocupa de producir el jazz que refuerza el lado hermoso a la vez que crudo del Nueva York de la película”, dice la productora Dana Murray. “Cuando ves las manos de Joe tocando en la película, es Jon quien está tocando. Nuestros animadores estudiaron material de referencia de Jon Batiste al piano para capturar detalles de cómo toca, desde el movimiento de sus dedos hasta su manera de respirar.

Trent Reznor y Atticus Ross de Nine Inch Nails se encargaron de toda la música del universo de Soul”, continúa diciendo Murray. “Es tan etéreo. El contraste que aportan es absolutamente maravilloso. Es una decisión poco habitual en Pixar. No se parece a nada de lo que hemos hecho antes. Me encanta la mezcla que hemos logrado”.

Soul también representa la primera película de Pixar con personajes con tonos de piel negra y morena. Los realizadores quisieron asegurarse de que todos los tipos de piel estuvieran representados con riqueza y autenticidad. “Soy muy consciente del tono de la piel”, dice el director artístico de sombreado Bryn Imagire. “Queríamos representar una amplia gama de personajes afroamericanos. Y para mí era muy importante hacerlo bien”.

Los realizadores realizaron una profunda investigación y de hecho consultaron con el prestigioso director de fotografía Bradford Young, quien fue nominado a un Oscar® por su trabajo en La llegada en 2016. “Creo que mis aportaciones fueron más filosóficas que físicas”, dice Young. “El equipo ya había llegado muy lejos en lo que respecta a la textura visual. Yo me limité a animar a la gente a hacer que las cosas fueran más impactantes, les aconsejé en cómo hacerlo más contundente, más tridimensional. Porque lo que habían hecho ya era muy bueno”.

La lista de personajes de Soul incluye músicos de talento, una madre fuerte, almas nuevas, orientadores de campamento y un gato de terapia, entre otros. Y todos ellos llevan a Joe Gardner a asumir que hay cosas que te pueden cambiar la vida, cosas que nunca vio venir.

Los realizadores querían ambientar Soul en una ciudad reconocible para que esta parte de la película resultara realista. “En cuanto optamos por el jazz, empezamos a explorar Nueva York”, dice Docter. “Aunque el jazz no se originó allí, Nueva York es la capital del jazz en Estados Unidos. Es el epicentro cultural que aglutina a inmigrantes e influencias de todo el mundo. Es un lugar rico y vibrante para ambientar una película”.

Según el codirector Kemp Powers, la conexión de la Gran Manzana con el jazz era muy fuerte. “El jazz es un estilo musical que solo se da en Estados Unido, y Nueva York tiene una historia del jazz muy potente. De hecho, algunos de los músicos más famosos se han dado a conocer gracias a sus actuaciones en Nueva York.

“Pero no se trata solo de la música”, continúa diciendo Powers, que creció en la ciudad. “Se trata del dinamismo que desprende ese mundo. Soul es una historia sobre el significado de la vida y las conexiones que hacemos entre nosotros. En Nueva York, las personas chocan -literalmente- entre sí. La diversidad es visualmente evidente en cada calle. No hay otro lugar como este”.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Pixar Animation Studios, Walt Disney Pictures, Disney+. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.