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Byron superstar

Con el doble centenario de Lord Byron volvió a interesar la publicación de textos críticos y biografías de estudiosos acerca del escritor romántico inglés. Fue un caso único de poeta que con sus narraciones en verso y crónicas de viajes alcanzó lo que hoy denominamos best-sellers, entonces limitados a la edición de folletines pero ajeno a lo que se considera alta literatura. Algo más había en el personaje que excitaba la lectura de su obra, una suerte de entorno fascinante y equívoco que es propio de otro fenómeno también actual: el superstar.

En efecto, quienes hoy se aproximan a su poesía son más bien los especialistas y los lectores eruditos para los que, ante todo, leer es leer a los clásicos. No obstante, en su tiempo y para siempre, el eco byroniano superó los límites de lo meramente literario. Retratos, escenas de sus obras hechas grabados decorativos, músicos que llevaron sus páginas a partituras –Belioz en Harold en Italia, Tchaikovsky en Manfredo— hasta la escena operística –Verdi en El corsario–, todo describe un mundo byroniano de sugerencias y seducciones.

Sugestivo y seductor lo fue y todo apunta a que sigue siéndolo. Varios ingredientes integran un retrato de excepcionalidad y también de irregularidad. Era noble y descontrolado, hermoso y cojo, pensativo hasta la melancolía y activo hasta la aventura. Amó y lo amaron mujeres con pasiones conflictivas, tuvo un vínculo incestuoso con su hermana, mantuvo relaciones con muchachos de diverso origen. Viajó con aire de vagabundo, ilustre y aclamado pero deambulante. Financió una brigada en apoyo a los patriotas griegos en su lucha contra los invasores turcos y murió enfermo de fiebres contagiosas cerca de un campo de batalla. De Goethe para abajo recogió la admiración del mundo letrado. Se lo tradujo, se lo imitó, sirvió de modelos para diversas lenguas literarias, llegando al español de Espronceda y, a su través, al del romanticismo rioplatense con Echeverría. Hubo un auge, un prestigio y una moda byronianos en Europa y América.

Cabe arriesgar que lo anómalo y lo modélico en él no eran contradictorios sino complementarios. Byron, frente al paradigma del héroe clásico propuso el del héroe romántico, si se quiere un antihéroe. Aquél fue el triunfador mundano que se hacía con el poder tras una serie de felices hazañas en un orbe favorable, que parecía configurado para él, con la providencia de su lado y la constante recompensa de la felicidad.

Byron, en cambio, muestra la trayectoria de un solitario aclamado pero incólume en su íntima soledad, su desgarro, su angustia y su errancia por un mundo extraño y adverso. Acaso en esta coyuntura realizó la fantasía de muchos seres humanos para los cuales, en efecto, la relación con el mundo no era de familiaridad sino de extrañeza. Si se adhirió al movimiento de los que defendían su patria es porque él, fuera de la lengua inglesa, no tuvo patria ninguna, es decir que careció de una tierra paterna, un lugar habitado por sus mayores.

Tampoco el primer hombre tuvo antepasados y fundó una especie. ¿Es esta asimismo la fantasía de todo poeta? Conteste quien lo sepa. Entre tanto, seguiremos fascinados ante este modelo de romántico por lo que se preguntó otro poeta: Rubén Darío: ¿Quién que es, no es romántico?

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Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")