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«Yo, el Fram», de Javier Cacho

Javier Cacho viaja de nuevo al encuentro de los exploradores polares, pero en este caso, no nos propone un ensayo biográfico, sino un relato novelesco, narrado por el buque protagonista de varias de esas expediciones que el autor conoce tan a fondo.

Es tentador verlo como el último barco de una era romántica. Construido en astilleros noruegos, fue conducido por tres personajes excepcionales: Fridtjof Nansen entre 1893 y 1896, Otto Sverdrup entre 1898 y 1902, y Roald Amundsen entre 1910 y 1912. Innovador en casi todos sus aspectos, el Fram era ligero y relativamente confortable, pero soportaba la peligrosa presión de los hielos, y gracias a sus peculiaridades estructurales ‒por ejemplo, su casco redondeado, su motor auxiliar, o el uso de tres capas de madera‒, facilitaba la posibilidad de llegar al corazón del frío.

Imagino que subir a bordo y ver sus tres mástiles equivalía a otro estado de conciencia, como si su tripulación y el capitán supieran que aquella nave, con hechuras de goleta, era el sinónimo de una gran aventura. En todo caso, está claro que el barco era un prodigio de la ingeniería naval, y sólo por eso, ya merece ser recordado.

Nansen y Sverdrup fueron dos figuras esenciales en la construcción del Fram, encomendada a otro experto, Colin Archer. La botadura tuvo lugar en Larvik el 26 de octubre de 1892, y su maestra de ceremonias fue la esposa de Nansen, Eva, una magnífica esquiadora que también estaba muy familiarizada con la nieve y sus misterios.

Cacho elabora estas falsas memorias con gran amenidad y con sus habituales dotes de divulgador. En este sentido, Yo, el Fram viene a ser un perfecto complemento ‒y yo diría que colofón‒ de la serie que integran otros tres títulos muy recomendables, Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida, Nansen, maestro de la exploración polar y Shackleton, el indomable.

El libro puede leerse como una novela de aventuras, no exenta de cierta melancolía en su tramo final. Los datos no bloquean en ningún caso la literatura, y precisamente por ello, la fluidez y el ritmo del relato son muy de agradecer. Placentero e informativo a partes iguales, Yo, el Fram me parece una obra idónea para esos lectores jóvenes que ahora empiezan a familiarizarse con las grandes hazañas de la exploración.

Sinopsis

Ilustraciones de Miguel Ángel Morillo

Desde que en 2011 publicamos su primer libro forcoliano, Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida, Javier Cacho se ha hecho un lugar preferente en la divulgación de la historia las exploraciones polares. Tan es así, que podemos decir rotundamente que Cacho ha puesto de moda el tema polar en los medios y las librerías españolas. Junto con nuestros colegas de Libros De Viajes Interfolio / Interfolio Livres, que llevan tiempo publicando los diarios de viaje de los míticos exploradores polares, hemos sido capaces de construir y hacer crecer una amplia comunidad de lectores apasionados por la literatura polar. A esta aventura se han ido añadiendo, posteriormente, otros colegas editores, como nuestros amigos de Capitán Swing, que han editado varios títulos interesantes de temática polar, e incluso recuperaron el mítico libro de Alfred Lansing sobre el Endurance. Finalmente, el tema ha trascendido mucho más tarde a otros géneros, como el cómic, donde editoriales como Editorial Impedimenta o Nórdica Libros han editado sendos libros. Javier Cacho, tras sus hermosas biografías sobre Shackleton y Nansen, nos regala ahora la apasionante historia del Fram, el buque más famoso de la historia de las exploraciones polares. El Polo no se conquista en dos días, y prueba de ello es la impresionante labor que en estos últimos años ha logrado este científico enamorado de la Antártida.

Del Fram se dijo que era el mejor y más fuerte barco polar jamás conocido. Había sido imaginado para resistir las peores condiciones de navegación; para aprovechar la furia del viento y soportar los embates contra los bloques helados, duros como piedras y afilados como cuchillos; para seguir adelante, siempre adelante: por eso los noruegos le bautizaron como «Fram». Desde sus primeras singladuras, el Fram simbolizó el espíritu explorador y el ansia por conocer, inagotable como un fuego imposible de apagar: por muchas dificultades que haya y por terribles que sean los peligros, siempre habrá alguien que decida hacerles frente para llegar donde nadie ha estado, para penetrar en lo desconocido, hasta la última frontera.

Fue diseñado por el constructor de barcos noruego Colin Archer, por un encargo especial de su compatriota el científico y maestro de la exploración polar Fridtjof Nansen, quien lo ideó para alcanzar el Polo Norte, beneficiándose de la «deriva transpolar» del hielo descubierta por él. Su expedición al Ártico de 1893-1896 logró batir el récord de aproximación al Polo Norte –el Fram alcanzó los 85º56’N el 15 de noviembre de 1895–, pero Nansen no hizo realidad su sueño de alcanzar el Polo. Años después, entre 1898 y 1902, un compatriota de Nansen, el capitán Otto Sverdrup, llevó el Fram a una expedición científica por el archipiélago ártico canadiense, donde descubrió tres grandes islas y cartografió un total de 260.000 km2.

Fue otro noruego, Roald Amundsen, quien en la expedición de 1910-1912 lo utilizó para llegar a la Antártida y conquistar el Polo Sur, el 14 de diciembre de 1911. Con ello, el Fram se convertiría en el único buque que había estado más cerca de los dos Polos geográficos del planeta, y el barco polar más famoso de la historia.

Permaneció arrinconado durante años en un muelle, pero gracias a la iniciativa del capitán Sverdrup, el explorador Oscar Wisting y el naviero y filántropo Lars Christensen, el Fram fue restaurado y en 1935 se trasladó al museo que lleva su nombre. Ésta es su historia, contada en primera persona.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.