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Woody por Woody

Es fácil leer el cine de Woody Allen como autobiográfico o, al menos, como un largo y matizado autorretrato. Con todo, tratándose de ficciones, el margen de la invención es ancho y nadie que cuenta algo en una novela o un guión de cine está obligado a exhibirse como un documento de sí mismo. Otra cosa son las autobiografías o memorias personales y ahora Woody nos ha propuesto las suyas en A propósito de nada que Alianza editó en Madrid este año en la traducción de Eduardo Hojman.

En 439 páginas hay espacio de sobra para contar todo lo narrable de una vida que ya sobrepasa su octava década. No voy a encarar su análisis, sobre manera porque en el asunto de su responsabilidad penal por abuso a una hijastra la prensa ha sido exhaustiva en la doble dirección que el tema propone. El Woody sobre el cual discurro es el que podríamos denominar su foto fija.

En efecto, desde niño se sostiene en la autodidáctica de un mal alumno, en una severa vocación también equívoca ‒¿monologuista, actor, director de cine, escritor de comedias y guiones, maestro “ciruela” de todo lo anterior?– y en una sostenida, leve y problemática condición de judío neoyorkino o, para precisar mejor, un natural de Brooklyn enamorado de Manhattan. De algún modo, la vida viajera de míster Allen consiste en volver a Manhattan, ombligo de su imaginario planeta.

Si de un eje narrativo se tratara, yo diría que es su relación con las mujeres. Woody es n hombre que se sabe escasamente atractivo pero muy confiado en su capacidad de seducir. Se estimula para vivir sus relaciones con una intensidad que dialoga con la locura y la extenuación hasta la sesentena, cuando advierte que es un camino equivocado y armoniza su corazón y su cabeza en la figura de Soon-Yi Previn, a la vez un vínculo filial, sentimental, paternal y erótico tan equilibrado como la vida misma, o sea el día a día en una terraza de Manhattan.

La gradación con que va cumpliendo esa novela educativa –Harlene, Louise, Diane y, sobre todo, la guerra en puntillas con Mia Farrow– está muy fina y, si cabe, sinceramente detallada. Lo de sincero siempre es equívoco en un artista cuya profesión es fingir pero hay una minuciosa analítica de la psicología amorosa que resulta verosímil. Woody busca en la mujer un exutorio de su propia locura, proporcionada por su relación con su propia madre. Se morigera con su hermana y consigue su conciliación en su actual y aparentemente definitivo matrimonio porque siempre ha buscado la pareja como lugar de su historia sentimental, siempre ha visto en la mujer amada la definitiva que juega a ser inicial y postrera a la vez.

Otro beneficio en el inventario paralelo de su vida privada que es también pública y su obra, es el carácter catártico de la obra de arte: depuración y saneamiento. El arte nos limpia y nos evita la psicosis con una suerte de delirio controlado, conformado y corregido. Y así es posible recorrer las entretenidas páginas de este libro, donde Woody se pega estrechamente a la confesión y se distancia en la ironía, exhibe el patetismo de ciertos momentos de la vida a partir de su revés ridículo y, en síntesis, nos vuelve a reseñar y reenseñar con Freud que nada hay más serio en nuestra existencia que un chiste, una aliteración, un paso en falso, un acto fallido que nos hace caer de traste sobre la fangosa humedad de una acera en Manhattan.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")