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Werther cambia de voz

Werther, originariamente escrito para tenor (lo estrenó en Viena y en alemán un wagneriano, el belga Ernest van Dyck, en 1892), fue adaptado por el propio Massenet para el célebre barítono Mattia Battistini.

Pese a la conveniencia de desviar personaje tan importante hacia un artista de las características vocales de Battistini (las de una voz masculina central pero con la morbidez, luminosidad, y pureza propias de un excelente tenor), la idea no era nueva para el compositor que había pensado ya el transvase baritonal para el estreno parisino de la obra (destinado a Victor Maurel, para más datos, el primer Yago y Falstaff verdianos), al no contar con un tenor a la altura de sus exigencias.

En París, finalmente, lo daría a conocer el tenor Guillaume Ibos en 1893, y Battistini lo ofrecería con 45 años cumplidos el 18 de noviembre de 1901, en el Teatro Wielki de Varsovia, manteniéndolo en repertorio hasta 1910 y cantándolo, entre otros escenarios, en Barcelona (diciembre de 1906) y Madrid (noviembre de 1907).

En junio de 1911, dirigido por Carlo Sabajno, grabó en italiano dos fragmentos de la ópera (el Ah, non mi ridestar en doble ejecución), en una fecha que coincide con el debú de Tito Schipa en su papel de referencia, mientras que al otro Werther oficial del periodo, Georges Thill, le faltaban aún 14 años para encontrarse con el alter ego goetheano (en 1925, con 69 años, Battistini todavía cantaba Rigoletto, Germont o Renato).

Este Werther abaritonado quedó casi olvidado hasta que Thomas Hampson lo recuperó para el Metropolitan neoyorkino, al lado de la Charlotte de Susan Graham en enero de 1999 ‒diez años antes se cantó un tanto anónimamente en la Opera de Seattle y en 2002 en Tours, Jean-Sébastien Bou repitió la hazaña hampsoniana‒. Cuando se podía esperar que Hampson se metiera en un estudio y nos grabara su Werther, o en su lugar lo hiciera Bryn Terfel que en algún concierto llegara a enfrentarse a los versos de Ossian, he aquí adelantado el Festival de Martina Franca, ofreciendo el verano de 2003, fiel a sus criterios de programación, esta curiosidad (en italiano, desde luego) huyendo de rutinas y para satisfacción de interesados.

Un equipo de jóvenes cantantes se encargó de la proeza; al frente, Luca Grassi, un pulcro y juvenil barítono lírico, asiduo a las sesiones veraniegas de esta manifestación del Valle de Itria. La partitura sigue igual, sólo la parte baritonal se baja a la clave de fa, variando la línea «natural» del canto: si el Werther-tenor sigue un desarrollo melódico tendente a explayarse hacia lo alto por el pentagrama, el Werther-barítono resuelve los periodos cantables yendo del centro a las zonas graves de la voz. Así, la distribución vocal resulta algo monótona, ya que Werther, Albert y el Podestà tienen ahora parecido calibre tímbrico y la única voz aguda masculina es la detentada por dos personajes secundarios (el borrachín Schmidt y el irrelevante Brülhmann), pero en su favor el héroe adquiere un contenido nuevo, de rara belleza dramática en su oscuridad casi tenebrosa, bien acorde con su depresivo temperamento, convirtiéndose en una entidad menos juvenil, sí, (Werther muere con 23 años) pero con un inédito, inesperado poderío trágico o patético.

De cualquier manera, aunque es preferible seguir escuchando a Werther con su voz, sea la de SchipaThillVanzoGeddaKraus o algunos buenos tenores actuales (¿los decimos?, ahí van: SabbatiniAlagnaVargasMarcelo Álvarez) esta experiencia es tanto más que atractiva: emocionante.

Disco recomendado: Jules Massenet (1842-1913): «Werther» (versión para barítono, 1901, escrita para Mattia Battistini) / Luca Grassi, Eufemia Tufano, Gabriele Spina. Orchestra Internazionale d’Italia. Dir.: Jean-Luc Tingaud / DYNAMIC / Ref.: CDS 443/1-2 (2 CD)

Imagen superior: Luca Grassi.

Copyright © Fernando Fraga. Este artículo se publica en Cualia por cortesía del autor y de Diverdi. Reservados todos los derechos.

Fernando Fraga

Fernando Fraga

Es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico y conferenciante.
Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista "Scherzo".
Asimismo, es colaborador de otras publicaciones culturales, como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Crítica de Arte", "Ópera Actual", "Ritmo" y "Revista de Occidente". Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros "Vivir la ópera" (1994), "La ópera" (1995), "Morir para la ópera" (1996) y "Plácido Domingo: historia de una voz" (1996). Es autor de las monografías "Rossini" (1998), "Verdi" (2000), "Simplemente divas" (2014) y "Maria Callas. El adiós a la diva" (2017). En colaboración con Enrique Pérez Adrián escribió "Los mejores discos de ópera" (2001) y "Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD" (2013).