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Una renuncia

Había una vez, allá por 2011, un movimiento pluritendencial y juvenil llamado 15 M. Por azares del garbeo madrileño, me tocó verlo debutar por la calle de Alcalá aquella espléndida tarde primaveral de domingo, día de fiesta por excelencia. Eran unas 20.000 personas. Al año, la misma manifestación se había reducido a cuatro o cinco mil. Entre tanto, habíamos tenido un happening callejero y de juvenil encanto en las plazas de España. Aún más: se organizó una peregrinación de la mocedad para llegar a Bruselas, a la capital de la Europa funcionarial.

Hay quienes ven en el 15 M un fenómeno político. Me permito opinar lo contrario. El lema era antipolítico: “No nos representan. No les votéis.”  Una impugnación en toda regla a la llamada casta, luego traducida a trama: la política profesional. Quizás en estas palabras haya un elemento para considerar la estructura aparentemente política surgida del fenómeno: Podemos (unidos o unidas). Se trató de un movimiento, no de un partido, un magma donde las partes diluían sus contornos. En este sentido, la novedad resultaba vieja. Disolver en la masa llamada pueblo las diferencias de la sociedad es simplemente bonapartismo o, como se suele preferir hoy, populismo. Así resuena el eco del fundador, Napoleón: “No quiero ideólogos ni economistas.” O, el de uno de sus imitadores, Juan Perón: “En el peronismo caben todos los extremos.”

Las referencias de Podemos resultaron igualmente variopintas. Sus dirigentes simpatizaron con la Cuba de Castro, la Venezuela de Chávez, la Bolivia de Evo, la Grecia de Tsipras, la Italia de Cinque Stelle. De a poco, estas referencias se fueron dispersando y dejaron de mencionarse. Desde luego, no era fácil declararse peronista del brazo de Cristina Kirchner y citar a Lenin. Todo, a cambio, valía por equivalencia: el millonario revolucionario como Varoufakis o el modesto ayudante de cátedra instalado en la periferia madrileña de mayor postín. ¿Por qué no? Los populismos dan para esto y más. Un príncipe ruso puede encabezar un movimiento ácrata y un cabo austríaco llegar a Führer.

En efecto, cuando la bella mocedad salió a la calle floreció una suerte de nueva política española, destinada a regenerar, sanar, refundar y proyectar lo que el vetusto bipartidismo y los polvorientos micronacionalismos no eran ya capaces de hacer. Los líderes se impusieron por la imagen. Eran fácilmente reconocibles y la televisión los aquerenció. Albert Rivera se fotografió desnudo –con la debida cautela, desde luego– y Pablo Iglesias impuso sus coletas. Una figura visual vale más que mil metáforas.

Hoy la juventud ha envejecido sin madurar. Albert se ha jubilado, su partido orilla lo invisible y Pablo ha dimitido, pasando de vicepresidente nacional a modesto candidato a diputado regional. No le van bien las cosas. Podemos ha desaparecido en Galicia y Euskadi. En Cataluña depende de Comunes y en Valencia, de Compromís. Sólo continúa siendo visible en Madrid donde, siguiendo una costumbre de las familias izquierdistas, se ha dividido y subdividido. La renuncia de Pablo, la sustitución de las coletas por el moño del samurái, diseñan más bien una retirada, acaso un retorno a las tertulias televisivas para defender la vigencia de la Constitución que en su día denostó como vetusta, pacata e inservible. Y, para colmo, monárquica. La monarquía es una institución tan anticuada como el bonapartismo o, quizá, tan clásica, es decir dotada del doble don de la ubicuidad y la recaída. Traduzco: tal como los mitos.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")