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«Sueño del Fevre», de George R.R. Martin

Nos hallamos ante una novela memorable, y sobre todo, nada convencional, a pesar de que siempre se la haya catalogado dentro del subgénero de las historias vampíricas, tan lleno siempre de clichés y de lugares comunes.

Tras la lectura de Sueño del Fevre, cabe preguntarse por las razones de su excepcionalidad. ¿Escribió George R.R. Martin una novela original? No puede decirse que ésta lo sea en un sentido estricto. En realidad, Martin no ideó una obra innovadora en su terreno, como puedan serlo joyas imprescindibles como Dracula y Soy leyenda.

Si me apuran, incluso Confesiones de un vampiro, de Anne Rice, es más novedosa, por más que dicha saga sea muy inferior a Sueño del Fevre en el tratamiento de sus personajes y, especialmente, en su desarrollo narrativo.

Sin embargo, la obra de Martin, pese a ciertos altibajos en su ritmo, adquiere una hondura dramática y construye una atmósfera de tal poderío que las comparaciones se tornan inútiles. Además, el sentido ético que ilumina la amistad de los protagonistas va más allá de las etiquetas, y sobre todo, trasciende las convenciones del género.

En todo caso, y para no abandonar del todo el libro de Rice, le encuentro interés al hecho de que comparta escenarios con Sueño del Fevre. Por supuesto, ahí acaba el paralelismo, porque donde Martin hilvana un denso y apasionante drama humano, Rice prefiere jugar con los estereotipos más amanerados del vampirismo.

La obra de Martin se desarrolla a mediados del siglo XIX, en el delta de Misisipi, en las plantaciones y ciudades sureñas: San Luis, la decadente y a la vez atractiva Nueva Orleans…

Desde el primer capítulo, nos encontramos con fascinantes personajes. Joshua York, el misterioso personaje que apoya al capitán Marsh en su empresa naviera, es un vampiro. Pero no un vampiro cualquiera. York es partidario de no usar a los humanos como simple ganado. Quiere que su raza –el pueblo de la noche, como les gusta llamarse– evolucione y abandone su condición de chupadores de sangre. En este sentido, es obvia la identificación del personaje con aquellos abolicionistas que hicieron temblar los cimientos del sistema esclavista.

Joshua York es un vampiro joven, que apenas tiene cien años. Luce pelo blanco y un hermoso rostro, de una palidez casi albina. Ama la belleza humana –no sólo la física, sino también la intelectual–, y por ello se entrega a lecturas de todo tipo. A tono con el romanticismo de su personalidad, le agradan en particular los poemas de Lord Byron. La némesis de York es Damon Julian, un vampiro cuya edad ni siquiera se puede intuir. Es tan viejo, que ya no parece sentir curiosidad o nuevos afanes. Moreno, atractivo y elegante, nada hace intuir en su presencia la bestialidad de su naturaleza.

También Julian se siente atraído por la belleza humana, pero en un sentido menos sublime. Digámoslo así: para Julian, alimentarse de belleza equivale a poseerla. En cierto sentido, la suya es la magia del guerrero caníbal que devora a un contrincante poderoso y cree heredar el valor de su presa.

Aunque a primera vista pudiera parecer que el conflicto entre York y Julian es el motor de la novela, ésta encuentra su verdadera razón de ser en dos personajes humanos, cada uno de ellos aliado con un bando vampírico. Por un lado, tenemos a Abner Marsh, el capitán del barco de vapor “El sueño del Fevre”, principal escenario de la novela. Marsh se asocia con York desconociendo la verdadera naturaleza de éste. Sin embargo, cuando todo sale a la luz y comprueba la noble naturaleza de su socio, el veterano capitán se convierte en un amigo y aliado fiel.

En el polo apuesto, nos encontramos con Sour Billy, un hombre cuya sed de sangre y depravación es mayor que la de su propio amo, Damon Julian. ¿Su mayor ambición? Pues bien, no es otra que la de ser convertido en vampiro por Julian. Sobre si ello es o no posible, me permitirá el lector que guarde silencio. Martin introduce un matiz en la biología de sus vampiros que los diferencia de las víctimas del vampirismo por contagio, tan habituales en el género .

En los momentos clave, son Abner Marsh y Sour Billy quienes dirigen la acción. Por su parte, el dúo vampírico actúa como mera pareja de baile de sus respectivos acompañantes humanos.
Es difícil –al margen de Soy leyenda, claro– encontrar una historia de vampiros donde éstos tengan menos protagonismo. Y sin duda, éste es uno de los mayores logros creativos de esta estupenda historia: recurrir al vampirismo como una poderosa metáfora de la condición humana.

Ahora que George R. R. Martin es un afamado autor de literatura fantástica gracias a su ciclo Canción de hielo y fuego, la mejor tentación que puedo proponer el lector consiste en regresar a títulos como Sueño del Fevre.

Con todo, pese a las muchas bondades de esta y otras novelas suyas, sigo creyendo que lo mejor de su narrativa se encuentra en sus nueve colecciones de relatos (Canciones que cantan los muertos Una canción para Lya son las más destacables).  Créanme, cuentos como “Los reyes de la arena” son una maravilla: pequeñas e imaginativas perlas que no deben dejar de leerse.

Sinopsis

Abner Marsh es un hombre corpulento, impulsivo, voraz y malhablado; honrado, franco y generoso; pero, sobre todo, un avezado capitán cuyo corazón pertenece al Misisipi. Con su naviera al borde de la quiebra a causa de las heladas, Marsh no duda en aceptar la oferta de Joshua York para materializar su anhelo: la construcción del Sueño del Fevre.

Ambos personajes desarrollarán una relación de camaradería creciente, sólo empañada por la suspicacia que provoca en la tripulación la presencia y la actitud huraña de Joshua York y sus extraños compañeros; un hermetismo que no es sino una fachada destinada a proteger un plan tan ambicioso como cargado de peligros.

Con Sueño del Fevre, George R.R. Martin demostró de nuevo un talento singular para revitalizar temas y géneros aparen¬temente agotados. Haciendo gala de las dotes de un narrador consumado, logra que unos personajes arquetípicos cobren vida propia y despierten un verdadero torbellino de emociones en sus lectores.

Sueño del Fevre es una novela vibrante, envuelta en un halo de romanticismo y melancolía, en la que dos vidas y dos mundos se hermanan a través del descubrimiento, la lealtad y la redención. Como toda la obra de Martin, trasciende las barreras de los géneros y demuestra que en realidad nunca estuvieron allí.

Copyright del artículo © Begoña Pérez Ruiz. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis e imágenes © Ediciones Gigamesh. Cortesía de Gigamesh. Reservados todos los derechos.