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«Stander» (2003): Oro en Sudáfrica

Sin duda el thriller me parece el género cinematográfico que más ha sufrido desde que las series de TV lo secuestraron de la pantalla grande, vendiendo cara su piel en series de la pantalla chica como Los Soprano, 24, The Shield o The Wire.

Quitando maravillas como la saga Bourne, Sin City, El fuego de la venganza, Kiss Kiss Bang Bang o Training Day (o, por no ser tan Tío Tom, La noche de los girasoles), así como excrecencias a su bola de artesanos con retortijones de brillantez (John Irvin y sus Ajuste de cuentas y Shiner me siguen pareciendo puntos y aparte del cine negro clásico), esta década no ha destacado por sus buenos largos policíacos, precisamente: casi todo bascula entre atracones de tarantinitis mal digeridos o cine negro coral viciado con los espasmos de la realización televisiva. Cuántos fiascos: Narc, Los dueños de la calle, Shoot’em up o Insomnia (primer monumento a la pretenciosidad levantado por el infinitamente odiable Christopher Nolan). Hasta Michael Mann parece perdido desde que decidió filmar un guión tan mediocre como Collateral… con babyface Cruise en la piel de un asesino implacable, olé la decadencia occidental.

Por eso, entre tanto asesino bobo apuntándose recíprocamente y tanto requiebro sabrosón de cámaras apresuradas, da gusto encontrarse con una peli como Stander (2003). Creo que nunca se estrenó en España, aunque sí está editada en DVD, compruebo. Tenía muchas ganas de verla, pero no me esperaba lo que vi. Al contrario de lo que su carátula hacía prever, no se trata de otro remedo tarantiniano de envoltorio retro y acción cool. No es un filme frívolón y arrogante. Es una de las mejores historias reales que han visto jamás la luz de un proyector. Y su directora, Bronwen Hughes, le debe más a Don Siegel que a Don Tarantino. Por una vez, se agradece.

Y no es que Hugues no sepa patear culos. Los patea como el que más. Pero es que además encuadra como nadie. Como nadie desde los años 70.

Stander es un capitán de policía en el Johannesburgo de los primeros 80: abrumado por la obligación laboral de encabezar los piquetes de represión policial contra las manifestaciones antiapartheid, que en muchas ocasiones degeneraban en matanzas indiscriminadas, nuestro antihéroe busca la redención en las drogas… hasta que descubre que a la hora de matar negros movilizados contra la opresión racista, la ciudad queda vacía de policía… incluyendo los bancos.

Los primeros cuarenta minutos de Stander son visual y temáticamente magistrales. Lo que se cuenta podría ser ya en sí mismo una película de dos horas. Lo que se muestra podría mantener hipnotizado al espectador independientemente del interés del material de base.

Más allá del minuto cuarenta, nos hallamos ante una buena peli de atracadores a la carrera, pero ya contada y vista otras veces.

Mención aparte merece, cómo no, Thomas Jane, un actor por el que siento especial simpatía desde que sacó su vena gay en la de por sí alocada Pecado original. Cierto, ha protagonizado basura inmunda como La niebla de Frank Darabont (seguramente la peor película que –no– he visto durante el recién fenecido 2008, con permiso de Indiana Jones y George Locas; definitivamente, Darabont parece el hermano trepanado de Spielberg: no tiene ni 21 gramos de sentido del humor, cosa que no dice mucho de él), pero también ha sido The Punisher con propiedad de macarra: y en Stander está sencillamente soberbio. Le secunda fenomenalmente el maromo David Patrick O’Hara.

Joder, esta peli me ha gustado.

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Previamente publicado en Comicsario, un blog para la fenecida editorial Glénat España. Reservados todos los derechos.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
(Avatar © David Campos)