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Sor Patrocinio, la monja de las llagas, que logró que la ardiente Isabel II se casara con su melifluo primo Francisco de Asís

María Josefa de los Dolores Quiroga y Capopardo, en religión, sor María Rafaela de los Dolores y Patrocinio, nació en San Clemente (Cuenca) en 1811. Siendo novicia comenzó a padecer supuestamente, llagas en manos, pies, costado y cabeza. En 1835, a raíz de la Desamortización de Mendizábal, fue sacada del convento de la calle Caballero de Gracia y llevada a una casa particular. Ya era muy conocida en Madrid, no solo por sus llagas (que desaparecieron tras ser tratadas por los médicos), sino también por sus visiones de la Virgen bajo la advocación por ella bautizada de Nuestra Señora del Olvido, del Triunfo y de la Misericordia.

Sor Patrocinio, que por cierto era muy guapa, comenzó a recibir visitas del gobernador civil de la Villa y Corte, Salustiano de Olózaga, un sátiro que fue probablemente el que inició a Isabel II en las mieles de la coyunda cuando era su preceptor (Varios historiadores hablan de esos posibles amoríos, e incluso de violencia a raíz de aquel encuentro en el que Olózaga, cuando era presidente del Consejo de Ministros, supuestamente forzó a la reina a firmar la disolución de las Cortes en 1843).

El impenitente Olózaga intentó seducir a sor Patrocinio por todos los medios, pero cuando pasó de las palabras aduladoras y amorosas a las manos, la monja consiguió que sus llagas volvieran a aparecer y sangraran, y Olózaga salió de la casa vociferando. En venganza, Salustiano encerró a sor Patrocinio con las prostitutas de la Casa de Arrepentidas de Santa María Magdalena, en la calle Hortaleza, y forzó su destierro fuera de la capital, no pudiendo regresar hasta 1844.

En estas estamos cuando a la reina Isabel II se le busca novio (1846). El asunto, dado el frágil equilibrio internacional, no era baladí ya que los franceses se hubieran opuesto a que el futuro rey de España fuera alemán, los alemanes a que fuera francés, etc. Para no molestar a las potencias extranjeras, alguien escucha al fin la vocecita atiplada de Francisco de Asís, primo carnal de la Isabel, que en realidad, llevaba años preparando su candidatura.

Isabel se niega en redondo: «¡Con Paquita ni hablar!». Francisco de Asís no solo era homosexual, sino que era, por encima de todo, un autentico cretino, y por supuesto, un intrigante. Gracias a los ocho millones de francos que había obtenido de un banquero francés (a quien pensaba devolver el dinero cuando fuera rey de España) montó una red de espionaje en Palacio y en el Gobierno para poder evaluar los progresos de su candidatura, sobornó a todo el que pudo y pagó importantes cantidades de dinero a algunos periódicos para que ensalzaran su figura (El Heraldo hablaba de él como si fuera el más excelso de los príncipes). Pero Isabel seguía en sus trece llegando a amenazar incluso con su abdicación si la casaban con su primo.

Y aquí es donde sor Patrocinio adquiere un protagonismo decisivo. Francisco de Asís acudió a visitar a la monja, a quien ya conocía dada la estrecha relación que su madre (la infanta Luisa Carlota, la que le dio el bofetón a Calomarde) mantenía con la religiosa y le cuenta su problema no sin antes prometerle generosos donativos para su congregación. Entonces sor Patrocinio se reúne con Isabel II y le asegura, bajo palabra de fe, que detrás de la pluma, Francisco de Asís escondía a un machote capaz de satisfacer las ansias internas (que diría Olga Guillot) de la ardiente reina. Doce días después de la primera visita de Francisco a la monja, Isabel accede a casarse con Paquita (quien mantendrá una relación estable con Antonio Ramos Meneses).

Durante los años posteriores, sor Patrocinio formó parte de la camarilla del intrigante Francisco de Asís junto al padre Fulgencio, y participa en una conspiración para destruir a Narváez, pero el Espadón de Loja consigue el respaldo de la reina y manda a la monja al destierro. Nada impedirá seguir dando apoyo espiritual a los monarcas. En cuanto a su labor como religiosa, fue abadesa y fundó diecinueve conventos.

Falleció en Madrid en 1891 y está enterrada en el convento del Carmen de las concepcionistas franciscanas de Guadalajara.

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.