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Sobre los «zascas»

Empiezo por confesar que cuando leo el titular de alguna noticia que para ser leída añade el latiguillo de ‘sensacional ZASCA de fulanito a menganito’, paso de largo. Que no la leo, vaya.

¿Y por qué actúo así con esta palabra onomatopéyica? Pues por estas tres razones:

Primero: porque habitualmente el llamado zasca no es tal, sino únicamente el deseo del medio que lo difunde de ver humillado a su enemigo. Lo que a los editores e hinchas del diario o red social puede parecerles brillante, en realidad suele ser una simpleza, carente del ingenio que se pretende. Lo cierto es que el zasca es un reclamo, un cebo, para ese tipo de lector mayoritario que cree que un debate es un combate en el Coliseo, y si no hay sangre, la cosa no merece la pena. El anuncio de un zasca augura esa anhelada sangre, aderezada con la humillación del presunto vencido.

Segundo: al exponer el supuesto zasca, cada medio suele omitir o simplificar arteramente el argumento razonado de su oponente. Es un combate amañado, naturalmente. Y por eso también suele ignorarse su réplica, a menudo tan anoréxica en ingenio como el propio zasca. Pero es que nuestros polemistas de hoy han sabido adaptarse al nivel mas bajo de Twitter, y eso los convierte no solo en vulgares, agresivos y zafios, sino también en estrellas. Cualquiera que entienda un poco como funcionan las redes sociales, sabe bien que a mayor polémica e insultos, mayor audiencia.

Tercero: el zasca en realidad suele ser una pastilla de Avecrem de demagogia en estado puro. Esto es, una suerte de alpiste que acaricie los oídos del público. Yo creo que la pandemia de los zascas empezó con aquellas tertulias televisivas en las que los púgiles ya no buscaban un debate racional (como en La Clave), sino arrancar el aplauso del público concentrado en el estudio de televisión. Un público probablemente hastiado de largas horas de producción y ansioso de sentirse masajeado por las estrellas. En esos momentos surgen los zascas mas vibrantes: «¡Eso dígaselo usted a las madres (o a los enfermeros, o a los basureros o…) que se levantan a trabajar de madrugada para dar de comer a sus hijos!» Y con una chorrada así, se arranca el aplauso del respetable y se aborta cualquier discusión racional por que las tripas, desgraciadamente, siempre se anteponen al cerebro.

Imagen superior: Pixabay

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Fernando Navarro García

Fernando Navarro García

Director general de HAC Business School and University, vicepresidente Ética y Responsabilidad Social de Inspiring Committed Leaders Foundation, secretario general de Innovaética y vicepresidente del Instituto de Estudios Panibéricos. Fernando Navarro es licenciado en Derecho y coordinó un proyecto humanitario en Angola. Como profesor, ha desarrollado su trayectoria docente en varias universidades y escuelas de negocios (UNED, Universidad Rey Juan Carlos, Carlos III, ESIC, Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid). Asimismo, es coautor de "El fenómeno socialista" (ed. crítica y anotada de la obra de Igor Shararevich, Última Línea, 2015), "El delirio nihilista: Un ensayo sobre los totalitarismos, populismos y nacionalismos" (Última Línea, 2018), "Nueve necesarios debates sobre la responsabilidad social" (Comares, 2019), "Inspirando líderes comprometidos: La innovación en valores, una visión para cambiar el mundo" (Última Línea, 2019) y "¡Eureka! Valores. Principios básicos de ética para las organizaciones" (Última Línea, 2020). Entre sus restantes libros, destacan "Estratégicas de marketing ferial" (ESIC, 2001), "Diccionario biográfico de nazismo y III Reich" (Sepha, 2010), "Hitler: Los años desconocidos" (ed. crítica de las memorias de Ernst Hanfstaengl, Última Línea, 2012) y "Responsabilidad social corporativa: Teoría y práctica" (ESIC, 2012).