Cualia.es

Secretos designios

Una tras otra se celebran cumbres mundiales en torno al cambio climático y las posibles atenuaciones que se podrían conseguir gracias a la previsión humana. Por un lado está la naturaleza, cuyos decretos son inapelables. Por el otro, la civilización, esta civilización que parece ser la más poderosa en la historia de nuestra especie. Aparentemente, las parcialidades de la opinión mundial son también dos: quienes admiten la existencia del cambio y quienes lo niegan, total o parcialmente.

Lo más probable es que estas parcialidades no sean reales. No es creíble que los negacionistas crean en la inexistencia de tal cúmulo de evidencias. Bien, pero si no lo creen ¿en qué creen? En la superficie, hay una defensa del desarrollo indefinido de la economía mundial. Es una fe como cualquier otra, la fe de cualquier carbonero. Basado en el consumo de bienes limitados, no hay ningún desarrollo indefinido posible. Querer una crisis mundial de abastecimientos, en especial de alimentos sólidos y de agua, no parece ser el credo positivo de nadie. En efecto, ninguno en su sano juicio lo quiere. Pero ¿es lo mismo querer que desear? ¿No enmascara a menudo el querer manifiesto y aceptable un deseo secreto e inaceptable?

Nuestra historia apenas secular nos ofrece un ejemplo patético de lo anterior. Es la guerra de 1914/1918, primero conocida como la Gran Guerra y luego como Primera Guerra Mundial, ya que no resultó bastante y hubo que montar una Segunda. Nadie la quiso, todos la realizaron porque todos, secretamente, la deseaban. De lo contrario ¿a qué almacenar el armamento y montar la red de comunicaciones que existían en la muy civilizada Europa de la llamada Belle Époque? Voces tan autorizadas como las de Moltke y Bismarck entre los militares, y nuestro Pérez Galdós entre los civiles, lo señalaron, confiados en la cordura de una dirigencia tan refinada, informada y reflexiva como la del Viejo Mundo. No hubo tal y pasó lo que pasó. Tánatos se impuso a Eros y la fiesta acabó en masacre. Se cumplió el desear y no el querer.

En la reciente pandemia hubo un esbozo comparable, aunque en medida mucho más modesta. Una opinión apuntó a dejar actuar a la sabia naturaleza, observar cómo la peste se cobraba sus víctimas y cómo los más aptos para sobrevivir habrían justamente de sobrevivir, ratificando una vez más la feroz y lúcida ley de la selección natural. Darwinismo social, como lo llamaron nuestros antepasados. Si proyectamos el pequeño juego al mayor y planetario, se verá que el secreto deseo de los negacionistas es que lleguemos a lo peor de la mejor manera, acelerando nuestros consumos para que no haya colapso en la economía mundial sino, tal vez, el juicio de Dios, es decir de la naturaleza por Él creada: la supervivencia de los más aptos. Ya en 1914 la civilizadísima Europa de los grandes y pomposos imperios se sometió a la ordalía de la guerra, al juicio divino. Deje usted que las juventudes europeas se aniquilen en las trincheras. Al fin y al cabo, algunos quedarán para contarlo mientras se construyen monumentos conmemorativos que honran el recuerdo de las víctimas. Aceleremos la fiesta antes de que se apaguen los candiles.

Imagen superior: Pixabay

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")