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Revoluciones

La palabra revolución se ha usado tanto que ha terminado siendo más un cúmulo de connotaciones que una categoría. Marx consideraba revolucionaria una situación histórica en que las relaciones de producción entraban en conflicto con el modo de producción. La relación se volvía imposible y una nueva clase dominante sustituía a la anterior y establecía un nuevo orden que reemplazaba al viejo y caduco. Esto, normalmente, se daba con violencia. Sustituir lo viejo por lo nuevo volvió simpática la Revolución y heroicos a sus jefes. Revolucionario se convirtió en un elogio. También se alió con el miedo al desorden, a la violencia incontrolable. Alcanzó la ambigüedad de lo bélico, hermoso en los monumentos y espantoso en el día a día.

Curiosamente –o por aplicación de una secreta lógica verbal– revolución es una palabra del vocabulario astronómico que significa vuelta circular, repetición, retorno al punto de partida, como lo que hace la Tierra en torno al Sol. Es decir: lo contrario de la revolución como avance sobre la línea del tiempo. Además, con la aureola de lo irrepetible con que se han coronado las revoluciones.

Estas perplejidades no son las únicas ni las menores que se plantea Simon Schama en su monumental Ciudadanos. Una crónica de la Revolución Francesa (traducción de Aníbal Leal, Debate, Madrid, 2019). Ante todo, porque se encuadra en el relato y no en la ciencia, desechando toda interpretación de los hechos y los protagonistas, ambos concretos y narrables, en favor de abstracciones objetivas como los ciclos económicos, la lucha de clases o los trastornos demográficos relacionados con las técnicas de vida o el cambio climático. Desde luego, toda una epistemología de la historia que se acerca más a la novela que a otra cosa. ¿Qué es esa otra cosa? ¿Cómo determinar que un hecho histórico lo es, cómo identificar a sus protagonistas? El novelista inventa y resuelve estas cuestiones, pero el historiador no puede inventar sus documentos, sustituirlos por su talento imaginante.

En una aproximación inmediata, el historiador se encuentra con azar y caos. Su tarea es poner orden, empezando por un proyecto de narración que se valga de la palabra, ordenadora por excelencia. Más aún: lógica por excelencia. Algo de lógico habrá de haber en lo fáctico de la historia si es que se puede contar desde la crónica, un género esencialmente temporal.

La Revolución Francesa se ha descrito como un gran proyecto histórico, es decir como un plan a cumplir y Schama la juzga lo contrario: una eventualidad impredecible. ¿Que algo sea imprevisto equivale a que carece de causa? Ya Hegel nos sugirió que considerásemos el azar como el cumplimiento de un efecto que produce su causa y no al revés. En esta paradoja se incluye asimismo el hecho que Schama señala: el uso de la violencia, la identificación entre revolución y violencia o sea guerra. No se iguala con una aceleración del tiempo histórico, con un avance progresivo sino como lo opuesto: una resistencia a la modernización y un retorno a lo primario. Es algo que observó en su momento Octavio Paz: la revolución como destrucción y regreso.

Estos parecidos estructurales mellan la noción de la revolución, cada revolución, como lo irrepetible. En Francia se tornó evidente que los revolucionarios querían imitar a los republicanos de la antigua Roma. Así se contaba con un paradigma y se aseguraba el juicio aprobatorio de la posteridad. Algunos críticos han ironizado diciendo que la Revolución Francesa pactó con la historia la imitación de la república romana hasta el punto de que la historia le hizo caso y acabó mandándole un emperador. Queda en el aire otra pregunta: ¿por qué los revolucionarios franceses se fueron tan lejos en el tiempo buscando un modelo, si tenían a mano el caso de la república norteamericana?

Schama se pregunta y, en ocasiones, responde y también generaliza aparte de narrar. Sostiene que las sociedades y sus culturas se inclinan más al apego entre ambas que a la resistencia a la modernización que lleva al conflicto. En Francia, por ejemplo, el campesinado fue antirrevolucionario y monárquico más por apego al orden señorial que por inquina a la ciudadanía que, en el siglo XVIII, era una categoría utópica, la del sujeto de una familia ideal llamada patria o Estado. Patria opuesta a libertad (la exigencia de que todos seamos soldados del pueblo) y poder del Estado como control de la agitación política revolucionaria.

Según vemos, la empresa de Schama, aquí al igual que en anteriores trabajos, es relatar pero no pura y desnudamente. Andar diseña caminos, como nos indican dos poetas, Antonio Machado y Paul Valéry. Andando se piensa en el andar. En cualquier caso, Schama es un estupendo narrador que nos hace pensar porque nos deja pensar a partir de sus relatos. Se incluye en una larga tradición que nos viene de los padres historiadores, de Tucídides y Tácito hasta llegar a Croce, Golo Mann, Evans, Norwich y tantos otros. Se involucran en el relato porque el historiador es histórico, es hijo del caos y del azar, del evento pelado e incomprensible pero que la palabra domeña y ordena. Aquí cabe anotar otra valía de Schama: su excelencia como escritor, sin la cual su empresa resultaría impracticable. Aún evocando atrocidades, el resultado literario es bello y convoca al agradecimiento del lector.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")