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¿Por qué los niños ya no ven cine clásico?

Acabo de ver con mi hijo de diez años El increíble hombre menguante, la gran película fantástica de Jack Arnold (1957), basada en la novela homónima de Richard Matheson. Yo la he vuelto a disfrutar como un enano, no sólo por los mas que dignos efectos especiales, sino también al reconocer esa voz en off que impregna de poesía la tragedia del protagonista, Scott Carey, encarnado por Grant Williams.

Toda la película – con guión del propio Matheson, autor de la excelente Soy leyenda– es una reflexión acerca de nuestra finitud y relatividad. Lo microscópico y lo infinito en realidad son parte de un mismo círculo existencial. Nuestros cuerpos, formados por átomos, en realidad podrían albergar universos completos, con sus galaxias, sistemas solares y planetas… La metafísica despedida de Scott Carey da algunas pistas.

A mi hijo, para mi frustración, no ha terminado de engancharle. Le ha gustado, sí, pero he notado que no le ha impactado demasiado.

Pertenece ya a otro mundo, con un cine lleno de color y movimientos frenéticos de cámara. Cualquier atisbo de introspección parece que está de más. Y esto sucede en una casa en donde siempre hemos promovido un cierto equilibrio entre el cine clásico y en blanco y negro y los estrenos más de moda entre la chiquillería (que tampoco se trata de que los zagales se pongan a leer los Cahiers du Cinéma o a Guido Aristarco).

Sin embargo, el fenómeno no deja de ser curioso. Me lleva a pensar que cuando éramos niños –al menos, los niños de 1964–, asumíamos entusiasmados CUALQUIER película, sin importar género, año, actores…

No era raro que en una misma sesión se superpusiera una película en blanco y negro de los años treinta (la saga de Tarzán o King Kong) con algún thriller violentamente colorido de los setenta (Harry el sucio o French Connection). Y todo nos atraía por igual. No hacíamos ascos a nada.

Éramos omnívoros, probablemente por la enorme sequía de imágenes en la que vivíamos entonces. No eran aun los tiempos del homo videns, diseccionado por Sartori.

Los de hoy ya raramente aceptan una película que tenga mas de dos años, tal es la avalancha de oferta entre series, canales privados y continuos estrenos. Así no les da la vida –especialmente cuando en una casa como la nuestra esta muy restringido ver televisión– y les resulta absurdo ver antiguallas con mas de medio siglo a sus espaldas.

Es una pena que no tengan la posibilidad de apreciar ciertas joyas, y por eso no cejo en mi empeño de abrirles la mente a los clásicos. La próxima en la lista de cine del sabado va a ser Yo anduve con un zombi, de Jacques Tourneur.

Copyright del artículo © Fernando Navarro. Reservados todos los derechos.

Fernando Navarro García

Fernando Navarro García

Director general de HAC Business School and University, vicepresidente Ética y Responsabilidad Social de Inspiring Committed Leaders Foundation, secretario general de Innovaética y vicepresidente del Instituto de Estudios Panibéricos. Fernando Navarro es licenciado en Derecho y coordinó un proyecto humanitario en Angola. Como profesor, ha desarrollado su trayectoria docente en varias universidades y escuelas de negocios (UNED, Universidad Rey Juan Carlos, Carlos III, ESIC, Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid). Asimismo, es coautor de "El fenómeno socialista" (ed. crítica y anotada de la obra de Igor Shararevich, Última Línea, 2015), "El delirio nihilista: Un ensayo sobre los totalitarismos, populismos y nacionalismos" (Última Línea, 2018), "Nueve necesarios debates sobre la responsabilidad social" (Comares, 2019), "Inspirando líderes comprometidos: La innovación en valores, una visión para cambiar el mundo" (Última Línea, 2019) y "¡Eureka! Valores. Principios básicos de ética para las organizaciones" (Última Línea, 2020). Entre sus restantes libros, destacan "Estratégicas de marketing ferial" (ESIC, 2001), "Diccionario biográfico de nazismo y III Reich" (Sepha, 2010), "Hitler: Los años desconocidos" (ed. crítica de las memorias de Ernst Hanfstaengl, Última Línea, 2012) y "Responsabilidad social corporativa: Teoría y práctica" (ESIC, 2012).