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Nicolás Salmerón y el retrato de la reina

Catedrático de Metafísica, ministro de Gracia y Justicia, presidente del Congreso de los Diputados y finalmente, presidente de la I República, cargo del que dimitió (Efectivamente, queridos lectores, en España los políticos honestos dimitían motu proprio y a los menos honestos, los hacían dimitir) por negarse a restablecer los consejos de guerra y la pena de muerte, ya que la pena capital para Salmerón era inadmisible para su conciencia, sus principios y los principios democráticos (Sí, conciencia y principios).

Tras la restauración borbónica tuvo que exilarse a París, donde trabajó como abogado y como traductor. Allí fundó con Manuel Ruiz Zorrilla el Partido Republicano Progresista. En 1885 regresa a España y recupera su cátedra.

Nicolás Salmerón fue el abogado que llevó el caso de la herencia de los hijos habidos de la relación de Elena Sanz con Alfonso XII a la muerte de este. Pero la anécdota más conocida quizá sea la acontecida en París y que tiene por protagonista a Isabel II. Necesitando la reina, que en ese momento estaba en el exilio en Paris, un abogado, se consiguió por un tercero que Salmerón acudiera al palacio de Castilla para entrevistarse con Isabel II. Al verla, le dijo: “Señora, soy republicano y no defenderé a la reina pero sí a una española”. Y la soberana le espetó: “Me importa un comino que sea Usted republicano, le quiero contratar porque es Usted el más honrado y el mejor abogado español”. Ni que decir tiene que Salmerón aceptó y que por cierto, fue la única persona a quien la reina trató de Usted en su vida.

Cuando terminó el encargo, Isabel II le envió un retrato suyo en un marco de perlas y piedras preciosas. Salmerón se quedó con el retrato pero le devolvió el marco con una sentida carta de agradecimiento. Esta clase de políticos, ubi sunt?

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.