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Militares de madrugada

En septiembre de 1955, un golpe militar derrocó en la Argentina al presidente Juan Perón. Por entonces, un grupo vocal juvenil llamado los Mac Ke Mac’s popularizó una canción donde un muchacho advertía a una chica: “Pero cuidado que en una madrugada, los militares te pueden dejar plantada.” La canción se llamaba «Cómo te gustan los militares». Con buen humor, se describía una situación que había rozado la guerra civil.

Cada vez que se produce un cuadro similar, rememoro la cancioncita. Lo hice cuando los militares bolivianos, junto con la policía, desasistieron al presidente Evo Morales. El argumento dado no era que se estaban quebrando la legalidad a causa del desorden callejero, sino que era él quien la había quebrantado, reconociendo de hecho que había cometido fraude electoral y que, en consecuencia, convocaba a nuevas elecciones pues las anteriores quedaban anuladas. Se imponía su renuncia y así lo llegó a pedir hasta la misma Central Obrera Boliviana. Morales renunció aunque, dado que nadie aceptó formalmente su renuncia, se considera presidente en el exilio, una suerte de Puigdemont sudamericano.

¿Tenía un proyecto de presidencia perpetua, a la manera de Chávez o, más lejanamente, Perón? Desde luego, en democracia todo el mundo es sustituible. De lo contrario, hay que forzar las normas, con leyes que rozan lo inconstitucional, siempre que se cuente con la aprobación del Tribunal Supremo. Esto le ocurrió a Evo, aunque ahora ese mismo Tribunal aprueba a la curiosa sucesora, que nadie parece haber elegido pero que avanza hacia el sillón presidencial Biblia en mano. Es decir: si la ley divina está de mi parte, poco me importan las leyes humanas.

Evo Morales jugó mal políticamente porque, ante el desorden provocado por él mismo con sus manejos electorales, pensó que contaba con la fuerza pública, es decir la policía y las fuerzas armadas. No fue así. Y no lo fue porque los militares actúan de madrugada y no son leales ni fiables aliados políticos. Hay una serie de ejemplos históricos que parecen sostener este rasgo. La milicia no pacta de igual a igual con la civilidad porque no es una clase social ni un partido político: es una casta. Confiar en una casta como si uno fuera parte de ella sin serlo, es una apuesta equivocada.

Aparentemente, Morales contaba con aquel apoyo. Los militares lo habían admitido durante catorce años, habían recibido algunos favores de su parte y hasta emitido discursos elogiosos. Ciertamente, desde el Fondo Monetario Internacional hasta la opinión académica de economistas norteamericanos, todos aprobaban su gestión. Incluso contrariando la indignación de Evo ante tales encomios no buscados.

Los militares argentinos, casta a la cual pertenecía Perón, aprovecharon la luz indecisa de la madrugada y lo echaron al exilio. Lo mismo le pasó a Fulgencio Batista en Cuba, dando paso a la guerrilla castrista. Y a Salvador Allende en Chile, dando paso a la dictadura pinochetista. Y a Manuel Azaña, dando lugar a una guerra civil. Todos confiaron en una casta creyéndola un aliado igualitario y leal. Así lo parecían bajo el sol del mediodía. Luego vino la noche.

Imagen superior: Banda de guerra de los Colorados de Bolivia (Wikimedia Commons, CC).

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")