Cualia.es

Madrid finlandesa

Siguiendo el tópico, que siempre nos ayuda a avanzar sin peligros en el tiempo, esperábamos a enero despejado y heladero. Algo de helada sí que hay pero en cuanto a despeje, brilla por su ausencia. En su lugar brillan los despiadados cristalitos de la nieve. Es ella la que ha traído un par de días finlandeses a Madrid (1). En las horas claras baja sobre la ciudad una blanda cúpula plomiza que la convierte en un perpetuo amanecer, tal vez un perpetuo crepúsculo. Llega finalmente la hora naturalmente oscura en la cual las luces del alumbrado público –blancuzcas, levemente rosadas o anaranjadas– arrojan sobre la persistente nieve unos focos que ella devuelve con una densidad igualmente alba y lechosa. Son noches blancas que no acaban de anochecer y que pueden sugerir que está clareando la mañana. Si antes pedimos la música de Sibelius, ahora se nos imponen las noches blancas de la novela dostoievskiana.

La experiencia tiene ribetes pintorescos que traducen la desdicha en juego. Hay esquiadores en la Plaza Mayor y en la Puerta del Sol. Los chicos esculpen muñecos de nieve ante la Puerta de Alcalá y en la plaza del Callao. Luego hay alegres batallitas de pelotazos. Entre tanto, la nieve ha borrado calzadas y aceras y sepultado los coches, tornándolos inútiles. Escasos paseantes hacen crujir sus pasos sobre este almohadillado blanco que hace de Madrid un paisaje polar, en estado nativo, una página en blanco para escribir toda la historia de nuevo.

La ausencia de gente por las vías matritenses suena a ensueño surrealista, a cuadro de Giorgio de Chirico con sus altaneros edificios deshabitados y un lejanísimo tren que avanza furiosamente hacia ninguna parte. Son momentos en que, confinados de nuevo en estos tiempos de confinamiento, los hombres sentimos de golpe la extrañeza del mundo, de este planeta que es el único nuestro y que habituábamos a considerar algo propio. No lo es, debemos hacerlo humano y habitable. A ver si sentamos cabeza sobre esta almohada de helada pureza que la Gran Madre Natural nos ha tendido para que aprovechemos el insomnio de las noches blancas y las mañanas finlandesas.

(1) Escrito tras el temporal que los días 8 y 9 de enero de 2021 afectó al centro y este de España, y que causó en Madrid la mayor nevada en medio siglo.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")