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«Los Terranautas», de T.C. Boyle

«No soy claustrofóbica ‒nos dice Dawn Chapman, una de las protagonistas de Los Terranautas‒ (…), pero a medida que los días se acortaban durante el primer otoño, empecé a sentirlos como una carga de un modo que creo que jamás habría sentido fuera. Era por la superestructura, por el cristal, por la forma en la que el sol nunca acababa de estar ahí sino que siempre se desplazaba y se atenuaba, ahora lo ves, ahora no lo ves, como si también fuese artificial».

Este párrafo anticipa algunas de las muchas emociones que concentra esta novela. Un relato de ciencia-ficción que toma un concepto frecuente en el género ‒el aislamiento de varios personajes en un ecosistema artificial‒ para expandirlo mucho más allá de lo habitual.

En este caso, hablamos de una cúpula en cuyo interior se experimentarán los efectos de una colonia en el espacio.

Que nadie espere una peripecia trepidante, con gasolina pulp, ni detalles de terror psicológico, subrayados con trazo grueso. Lo que T.C. Boyle pretende aquí es abarcar una experiencia singular, descifrándola como si colocase el alma humana bajo el microscopio.

Leer Los Terranautas es una aventura psicológica. Sobre todo porque son tres de sus protagonistas ‒Dawn Chapman, Ramsay Roothoorp y Linda Ryu‒ quienes narran, desde muy diversas perspectivas íntimas, lo que va ocurriendo dentro de esa cúpula artificial.

Los enclaustrados son ocho científicos ‒cuatro mujeres, cuatro hombres, ¿cosmonautas o concursantes de un reality show?‒ comprometidos a lo largo de dos años con el funcionamiento de Ecosfera 2, un entorno aislado en el que prosperan cinco biomas distintos. Todo ello con un control mediático apabullante.

El qué ‒una especie de telerrealidad con base fantacientífica‒ importa, en todo caso, menos que el cómo. Boyle es un escritor con mucha capacidad de observación, y saca un enorme partido de todo lo que concierne a Ecosfera 2 y a ese «encarcelamiento voluntario» ‒así lo llama Ramsay‒ que requiere el experimento.

La verosimilitud es un aspecto muy cuidado en la novela, y ello explica la presencia de continuas alusiones a la ciencia «real» o a la cultura pop de nuestra época.

Más allá de su propósito de arranque, Los Terranautas funciona como un diagnóstico social muy inteligente, sobre todo cuando ensancha la fronteras íntimas de cada personaje, y desvela en ellos síntomas de narcisismo, de angustia y de hipocresía. O cuando muestra un comportamiento sexual y sentimental que también va a ser materia de examen a lo largo del libro.

En este sentido, la novela interpela nítidamente al lector, como si los problemas e incertidumbres que penalizan a los protagonistas fueran, poco más o menos, los mismos que comprometen a un mundo como el nuestro, ensimismado y con una peligrosa tendencia a la entropía.

Sinopsis

Traducción de Ce Santiago

En 1994, en el desierto de Arizona, ocho personas se confinaron bajo una cúpula de vidrio. El experimento buscaba poner a prueba su capacidad de aguante ante el aislamiento, la desesperación y los anhelos de una sociedad cerrada. Esta es su historia.

Recién llegados al desierto de Arizona en 1994, «Los Terranautas», un grupo de ocho científicos (cuatro hombres y cuatro mujeres), se prestan voluntarios, en el marco de un exitoso reality show retransmitido a nivel planetario, para confinarse bajo una cúpula de cristal bautizada como «Ecosphere 2», que pretende ser un prototipo de una posible colonia extraterrestre, y que busca demostrar que pueden vivir aislados del resto del mundo durante meses y ser autosuficientes. La cúpula es obra de Jeremiah Reed, un ecovisionario conocido como «D. C.» —«Dios el Creador»—, pero pronto empieza a surgir la duda de si se ha logrado un excitante descubrimiento científico o si se trata de un simple gancho publicitario bajo la excusa del experimento ecológico más ambicioso del mundo. Los científicos serán vigilados por otros investigadores, la Misión de Control, que supervisarán sus movimientos desde este «nuevo Edén», mientras se enfrentan a una serie de catástrofes que amenazan su vida y que pueden conducirles al desastre más absoluto.

Thomas Coraghessan Boyle está considerado uno de los más importantes narradores americanos del momento. Nació en Peekskill, Nueva York, en 1948.

Se licenció en Inglés e Historia por la Universidad de Nueva York en Postdam, y se especializó en Literatura del siglo XIX en el Taller de Escritores de la Universidad de Iowa, donde terminó su primer libro de relatos, Descent of Man (1979). Más tarde publicaría Greasy Lake (1985), If the River was Whiskey (1989) y Without a Hero (1994). En 1999 recibió el premio Pen/Malamud por su volumen de relatos T. C. Boyle Stories. Entre sus novelas cabe destacar Música acuática (1981), que narra las aventuras del explorador escocés Mungo Park, descubridor del curso del río Níger; El fin del mundo (1987), que le valió el premio Pen/Faulkner; El balneario de Battle Creek (1993), exitosamente adaptada a la gran pantalla; The Tortilla Curtain (1997), galardonada con el Prix Médicis Étranger a la mejor novela publicada en Francia ese año; Drop City (2003); Las mujeres (2009), que narra la vida del arquitecto Frank Lloyd Wright a través del testimonio de cuatro de las mujeres que pasaron por su vida, o El pequeño salvaje (2010), nouvelle que recupera la historia del niño salvaje de Aveyron, que, conocedora de numerosas adaptaciones, puede considerarse un relato mítico de la narrativa moderna. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad del Sur de California. Sus obras han sido traducidas a más de una decena de idiomas, y sus relatos han aparecido en las más prestigiosas publicaciones del género en lengua inglesa, como The New YorkerHarper’s BazaarEsquireThe Atlantic MonthlyPlayboyThe Paris ReviewGQAntaeusGranta y McSweeney’s. Vive cerca de Santa Bárbara con su mujer y sus tres hijos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.