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Los caídos del Valle

Hay un cuento de Borges, “Tema del traidor y el héroe”, donde un guerrillero traiciona a los suyos, que lo cazan y condenan a muerte. Él les pide que difundan la falsía de que ha muerto en combate, peleando por ellos. Finalmente, a su movimiento le conviene tener un héroe más y no un felón más. Y así pasa a la historia. Bernardo Bertolucci se ha basado en esta narración para su filme inicial La estrategia de la araña. Al curioso lector, si el asunto le interesa, le recomiendo otros cuentos borgianos como “La forma de la espada” y “Emma Zunz”. En todos discurre la misma meditación: el pasado es un cuento verosímil y, por eso, se lo puede alterar apenas cambien nuestras nociones acerca de la verosimilitud, es decir: lo que parece verdadero aunque no lo sea.

Borges, lo diga o no, apela a Nietzsche, cuando trata de la utilidad o inutilidad de la historia para la vida. No existen los hechos históricos en sí mismos sino como relatos verosímilmente aceptados, como acuerdos que tomamos hoy acerca de nuestro ayer o nuestros ayeres. Desde luego, siempre algo ocurre y algo ha ocurrido, pero dar cuenta de ello impone un relato. Fuera de él no queda el hecho, puro, duro, compacto, inefable.

No seguiré con la teoría, que no es lo mío en este caso. Simplemente, la traigo a colación a propósito de la exhumación del cadáver embalsamado de Franco, seguido de una segunda inhumación. ¿Expolio? No le queda mal a la memoria de este difunto. El Valle de los Caídos es el resultado de un expolio extendido y múltiple, practicado en cementerios, cunetas y fosas comunes para rellenar las estanterías del mausoleo. Eran todos víctimas de la guerra, salvo el propio Franco, a quien no correspondía descansar allí.

Expolio, no. ¿Tal vez sacrilegio? ¿Ruptura de la inviolabilidad de los espacios de culto? Sí, en tanto consideremos que la huesa de Franco era sagrada y se le rendía un culto comparable a las reliquias de los santos. De lo contrario, esos restos son como los de cualquiera porque, por citar de nuevo a Borges, morimos o sea que pasamos a ser Nadie.

¿Es Franco un Don Nadie en la historia de España? Naturalmente que no. Por eso conviene no mezclarlo con los Tales, Cuales y Pascuales del Valle, incluido José Antonio, que apenas tuvo tiempo para asomarse a dicha historia. Lo hizo con mucho mejor prosa que su compañero de tumba, en páginas de mérito que le han reconocido muchos de sus adversarios políticos, a contar desde su amigo García Lorca, que bien podría figurar entre los Caídos del Valle.

La deriva borgiano-nietzscheana con que empecé puede ampliarse a la variopinta oferta de relatos que el hecho ha producido. No cito los documentos y explicaciones verbales del gobierno porque son líneas oficiales y de una objetividad notarial. Ni literatura ni historia, que van siempre de la mano y ahora florecen en los tardíos momentos otoñales de esta campaña electoral.

Desde la extrema izquierda, Podemos opina que el acto fue un funeral de Estado franquista, en el que el gobierno socialista inclinó la cabeza y marchó a la cola del cortejo fúnebre, mirando la alfombra (nada roja, desde luego). La bandera nacional cubría la caja (un error de Pablo Iglesias) y se llevó el ataúd a hombros (bueno, sólo unos metros, el resto fue en camilla porque pesaba demasiado). ¿Qué otra oferta de transporte estaba disponible? ¿Llevarlo a la rastra, a empujones, a patadas? ¿Cuántos voluntarios de Podemos estaban disponibles? De la extracción a la nueva sepultura se transportó en helicóptero. Por tierra se habría tardado más y, semáforos y atascos mediante, se habría facilitado que hubiera piquetes de franquistas bloqueando el paso.

En el otro extremo, lo ocurrido es lo opuesto. Se trató de la venganza de los rojos derrotados en la guerra civil, que quisieron ganar al Caudillo una batalla póstuma en la que el muerto, obviamente, no puede defenderse. Además, se hizo en las narices de una familia dolida, más allá de la íntima identidad del eslabón en la cadena. En efecto ¿de quién era hija la hija de Franco? La verosimilitud desbarra en cotilleo y por ahí no sigo. Lo curioso es que, mezclando ambos argumentos, los nacionalistas vascos hayan reprobado igualmente a Pedro Sánchez, erigido en Supermán de la escena, cuando todos sabemos que cumplía con una decisión de las Cortes y una sentencia del Tribunal Supremo. Hay más. Lo más vasco de lo Vasco, si se quiere, es el catolicismo carlista, del cual proviene el PNV. Pues su brazo armado, el Requeté navarro, luchó al lado de Franco.

Hay otras opiniones, más teñidas de ocasión electoral, pero que remiten a lo dicho al principio. El PP y Ciudadanos coinciden en que Franco es el pasado y lo que importa es el futuro. Borges y Nietzsche preguntarían si hay futuro sin pasado, dado que el presente se nos escapa resbalosamente en la línea del tiempo.

La buena y la mala suerte han hecho coincidir esta caída de los Caídos con la muerte del historiador Santos Juliá, autor de un par de libros decisivos en estos campos: Historias de las Dos Españas y la biografía de Manuel Azaña. Juliá nos enseña, por lo menos, a ver que tenemos un pasado de Españas excluyentes cuya relación sólo es el cainismo de la guerra civil y que sólo a partir de la transición hemos ganado el relato de que España, siendo una, es múltiple y necesita del diálogo y no de la exclusión. Sólo así podremos dar sentido a la muerte de los Caídos del Valle. Al que sobraba, lo han mudado.

Imagen superior: Panorámica, donde se aprecia el monumento y su entorno. Fotografía de Jorge Díaz Bes, CC.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")