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«Lo único exacto», de Alain Finkielkraut

«Como a todos los hombres ‒decía Borges sobre un antepasado‒, le tocaron malos tiempos por vivir». En esas épocas de zozobra, que siempre coinciden con las que conocemos de cerca, son imprescindibles los intelectuales que modifican nuestro enfoque, evitan los lugares comunes como si fueran un residuo envenenado y aluden al quid de cada problema tratando de no perder los nervios.

Alain Finkielkraut pertenece a esa estirpe de pensadores que se enfrentan a la fiebre del desvarío y la frivolidad, rechazando esa imposición perpetua e inviolable que es la corrección política. Uno puede coincidir con él o rechazar sus opiniones, pero siempre sale del diálogo ‒o mejor, de la lectura de sus obras‒ con una mayor dosis de cordura y con una imagen polícroma de la realidad.

El nuevo libro de FinkielkrautLo único exacto, es una colección de artículos ceñida a la actualidad francesa y europea. Decir esto puede parecer poca cosa, pero si añado que esta obra disecciona la vida intelectual, las etiquetas políticas, el choque de culturas, la crisis de la idea nacional, las fracturas sociales y la reescritura de la historia, comprenderán que el autor se maneja como esos biólogos que se adentran en una jungla peligrosa para estudiar dicho ecosistema desde el interior.

En cierto modo, y aunque los criterios de ambos no siempre coincidan, este libro me recuerda la última recopilación de artículos de Umberto EcoDe la estupidez a la locura. En estos dos ensayos hay una ausencia total de temor al qué dirán, tan típica de los pensadores de gabinete que miden ‒y acortan‒ sus distancias con el poder.

Finkielkraut se mueve alrededor de ciertas certezas ‒por ejemplo, la necesaria continuidad de la civilización occidental‒ para encarar los actuales desafíos de Europa y el mundo. Incluido, por encima de los demás, el porvenir político y cultural de nuestra democracia.

En Francia, a Finkielkraut lo han llamado reaccionario por cuestiones que aparecen en esta obra: su crítica a Stéphane Hessel, la falta se substancia del laicismo frente a las exigencias de la Francia musulmana, las opciones de lucha frente al yihadismo (interno y externo) o la pujanza del antijudaísmo. Ni que decir tiene que en estas 67 piezas hay más ‒bastante más‒, pero esa polémica que siempre nace de la bipolaridad política puede ensordecer al lector que se deje llevar por ella.

En este sentido, es evidente que uno puede asentir o disentir cuando Finkielkraut desarrolla cada planteamiento, pero también me parece claro que se trata de un pensador soberano, sistemático, felizmente antiposmoderno, a quien descubrimos y aprendimos a respetar con La derrota del pensamiento (1987). Leer su obra es todo lo contrario al griterío hiperbólico de Twitter, y la polémica que de ella trasciende, lejos de ser vacua, propicia un debate de largo recorrido ‒con sus disensiones‒ en el que la seriedad sustituye a la desmesura.

Sinopsis

«Se dice que han vuelto los años treinta. La derecha fundamentalista y facciosa toma las calles, el orden moral sale de las catacumbas, la crisis económica crece buscando un chivo expiatorio y la islamofobia toma el relevo del antisemitismo. Esta analogía histórica pretende esclarecernos, pero nos ciega. El querer leer lo que sale a la luz de lo que ocurrió, nos oculta la inquietante actualidad. Mostrar que vivimos un momento crítico e histórico, paradójicamente enmascarado por las referencias incesantes a la Historia; enfrentarnos a este momento crucial en lo que tiene de irreductible para el repertorio de nuestras vicisitudes: ese es el objetivo del libro. Lo que está en juego es tan existencial como intelectual. Si, como escribe François Mauriac, «la prueba nunca vuelve hacia nosotros la imagen que esperamos», nos incumbe ser precisos y mirar de frente a lo inesperado. En una época que tiende a tomarse por otra, la exactitud se convierte en el objetivo principal del pensamiento.»

Alain Finkielkraut, con el rigor que le caracteriza, toma una serie de hechos políticos, sociales, filosóficos, mediáticos… de los últimos años y, apoyándose en otros pensadores como Hannah ArendtAlbert Camus o Milan Kundera, los analiza y reflexiona buscando entender lo que está pasando, comprender el desequilibrio permanente al que nos empuja el presente.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.