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Lo derecho y lo siniestro

Convenza o indigne por sus conceptos, la labia de Gabriel Rufián nunca pasa inadvertida ni deja de divertirnos con su gracia desenfadada, chusca y a veces procaz. Como siempre y siguiendo las enseñanzas de Freud, es posible advertir lo serio de un chiste. Y Rufián personifica uno de los nudos de la historia ideológica de nuestro tiempo. Le dice a Pedro (léase Sánchez) que no le votará los presupuestos si van manchados por un voto derechista (léase Ciudadanos). Al mismo tiempo, su partido cogobierna en Cataluña con la derecha local, o con una de sus variopintas encarnaciones y vaya si no hay carne de etnicismo y suprematismo en el discurso del President Torra. ¿Qué magia habilita a don Gabriel para distanciarse de la derecha española y arrimarse a la derecha catalana? En efecto, hay un paño mágico que lo permite, como el yelmo legendario que vuelve invisible a quien lo ciñe. Es la bandera nacional, que los catalanistas llaman senyera (gallardete) para no caer en un contaminante castellanismo. Envueltos en tan somero tejido tapamos todas las diferencias de ropaje que identifican a los individuos: ricos y pobres, hembras y machos, chicos y viejos, hasta negros y blancos. También se cubre la desnudez, la que nos señala como especie. Nada queda, pues, de la distinción política entre izquierda y derecha, entre la siniestra y la recta. Según sabemos, izquierda se dice en italiano sinistra, en francés gauche (torpe), en inglés left y en alemán linkisch (en ambas: zurdo, el no diestro, el falto de destreza). Como se ve, las connotaciones no son precisamente elogiosas.

Me quedo un par de líneas con lo siniestro. Es lo que nos parece ajeno pero, bien examinado, nos resulta familiar y entrañable, propio de nuestras entrañas pero enmascarado por los hábitos y las rutinas. Así es: la izquierda se ha preocupado por los pobres, los marginados, las minorías perseguidas, los minusválidos, dejando a la derecha la exhibición de la gente guapa. Bien, pero entonces: ¿qué resta a personas como don Gabriel, una vez desprovistos del gallardete nacional?

No pretendo meterme en la densa selva de las categorías ideológicas y distinguir a pleno sol lo recto de lo siniestro. Quede para mejor ocasión. Lo significativo es el acercamiento entre los nacionalismos y las izquierdas en la posguerra europea, fenómeno del cual España es un buen ejemplo. Por el mero hecho de ser perseguidos como cualquier disidencia por el franquismo, los nacionalismos regionales contaron la mirada empática de las izquierdas. Así merecieron amables sonrisas los homicidas de la ETA –hasta hoy hablamos de la “izquierda abertzale”– y el señor Pujol que, a la vista está, organizó un régimen de oligarquía nepotista.

Había un fenómeno mayor que autorizaba este acercamiento y es el llamado tercermundismo de los años cincuenta y sesenta. Numerosos izquierdistas, dado que en los países desarrollados las masas trabajadoras querían vivir bien y no sacrificarse por la liberación de la humanidad, convinieron en mirar como paradigma las revoluciones –léase: movidas violentas y bélicas– de Vietnam, Argelia y Cuba. En la transición española aún se podía pensar que la flamante monarquía parlamentaria pertenecía al Magreb más que al Mercado Común y la OTAN.

No aclararé lo que aparentemente es un ejercicio de confusión. El lector y la lectora tienen a continuación la palabra. Sólo me permito reflexionar sobre la conveniencia (léase inconveniencia) de creer que el problema planteado por las perplejidades de don Gabriel Rufián es una guerra de paños mágicos, entre una bandera y un gallardete.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")