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Las pinturas de San Baudelio de Berlanga

La ermita mozárabe de San Baudelio se encuentra en Casillas de Berlanga (Soria) y lleva este nombre por Baudilio (o Baudelio), un mártir galorromano que fue decapitado en Nimes en el siglo IV.

La construcción es muy original pues debido a las grandes dimensiones del espacio principal, que impedían una única bóveda, se levantó un pilar central del que salen, como si fuera una palmera, ocho nervios que acometen al centro de los muros y a chaflanes sobre trompas en las esquinas. Pero esta iglesia destacaba sobre todo por su excepcional decoración interior, basada íntegramente en una decoración pictórica hecha al temple sobre un enlucido de yeso. Las pinturas, que revestían todo el interior, combinan la temática religiosa con la profana y se consideran una de las muestras de pintura románica más antiguas de España.

Pero todo cambió en 1922 cuando, siendo la ermita propiedad del alcalde y otros vecinos de Casillas de Berlanga, fue comprada por el anticuario León Levi por cuenta del marchante de arte estadounidense Gabriel Dereppe por 65.000 pesetas. La ermita había sido declarada Monumento Nacional en 1917 pero, cosas que pasan en el solar patrio, la Administración no se lo había comunicado a sus propietarios. Este hecho dio cobertura legal a la venta de las pinturas con la ayuda de un registrador de la propiedad de Almazán, don Francisco Marina, un alma caritativa que solo cobró 30.000 ptas. por la gestión.

Entonces se armó la marimorena: hubo denuncias y sanciones de todos los estamentos del Estado, de la diócesis, de la Academias; pero tras un largo pleito en el que, como es de suponer, no faltaron influencias, el Tribunal Supremo falló a favor de la legitimidad de la venta de las pinturas (Sentencia de 12 de febrero de 1925).

Así que las pinturas fueron arrancadas y enviadas a Estados Unidos, pero una vez allí, no le interesaron a nadie. Solo el Museo de Bellas Artes de Boston compró finalmente «La Última Cena» y «Las tres Marías en el Sepulcro». El resto pasó a ser propiedad de dos particulares y más tarde fueron donadas a varios museos norteamericanos, siendo el Museo de los Claustros de Nueva York (The Cloisters, administrado por el Museo Metropolitano de Arte) el que más pinturas recibió.

Imagen superior: La resurrección de Lázaro. Museo de los Claustros de Nueva York (Fotografía: Sharon Mollerus, CC).

Pero no acaba aquí el latrocinio cultural. En 1957, el Museo de los Claustros de Nueva York se interesó por el ábside de la Iglesia románica de Fuentidueña, en Segovia, en uno de esos tránsitos espirituales que suelen tener muchos estadounidenses hacia lo medieval. Las gestiones para la adquisición de la pieza comenzaron en 1938, pero la Guerra Civil y posteriormente, la II Guerra Mundial, paralizaron el proyecto. Finalmente, la operación, alentada por el historiador don Manuel Gómez-Moreno que casualmente tenía una hija trabajando en «Los Claustros», entra en su recta final. Los americanos ofrecen a cambio:

– La reja de la Catedral de Valladolid (mejor no explicar por qué la tenían).

-o seis pinturas de las llamadas menores de San Baudelio.

-o (nótese el uso de la conjunción disyuntiva «o» en vez de la copulativa «y») cuarenta platos hispano-moriscos.

-o una serie de objetos cuyo valor no superara los 100.000 dólares.

Imagen superior: ábside de San Martín de Fuentidueña. Museo de los Claustros de Nueva York (Fotografía: Ad Meskens, CC).

El Ministerio de Educación eligió las pinturas de San Baudelio y el Consejo de Ministros autorizó el cambio a pesar de que ambas habían sido declaradas Monumento Nacional. Resulta extraño que el Gobierno cediera el ábside a cambio de las pinturas en vez de haber comprado estas, que es precisamente lo que hizo el Museo Metropolitano dos horas después de recibir el telegrama del ministro español aceptando el canje.

Las seis pinturas recuperadas se exponen en la sala 51C del Museo del Prado. El ábside de San Martín de Fuentidueña está expuesto en «Los Claustros». Las tres mil trescientas piezas del ábside salieron para Nueva York desde Valencia en febrero de 1958. Está expuesto en el Museo de Los Claustros aunque, cómo no, se le añadieron elementos decorativos ajenos al diseño original.

El siguiente poema lo escribió Gerardo Diego después de visitar San Baudelio de Berlanga, cuando ya habían sido arrancadas sus pinturas:

—Que no.
—Que sí madre, que sí.
Que yo los vi.
Cuatro elefantes
a la sombra de una palma.
Los elefantes, gigantes.
—¿Y la palma?
—Pequeñita.
—¿Y qué más?
¿Un quiosco de malaquita?
—Y una ermita.
—Una patraña,
Tu ermita y tus elefantes.
Ya sería una cabaña
con ovejas trashumantes.
—No, más bien una mezquita,
Tan chiquitita.
La palma
me llevó el alma.
—Fue solo un sueño, hijo mío.
—Que no, que estaban allí,
Yo los vi,
los elefantes.
Ya no están y estaban antes.
(Y se los llevó un judío,
perfil de maravedí).

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.