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La vida secreta de las palabras: «Apaga y vámonos»

Quien cumple con el deber de llevar una cosa a su término, suele mostrar su satisfacción con la frase apaga y vámonos. Veámoslo de este modo: incluso los asuntos más endiablados llegan a su fin, siempre y cuando se trate de cuestiones con un desenlace viable.

Claro que también hay situaciones absurdas o contradictorias, donde quedan en evidencia sus aspectos más disparatados. Pues bien, a modo de conjuro, igualmente podemos exclamar en esas ocasiones: ¡Apaga y vámonos!

El modismo sirve de diagnóstico: una vez dicha la frase, inferimos que aquello ya no tiene remedio, de modo que más vale sonreír.

Luis de Montoto y Rautenstrauch desbrozó sus orígenes en Un paquete de cartas de modismos, locuciones, frases hechas, frases proverbiales y frases familiares (1888), atribuyendo el dicho a dos religiosos que optaban a la plaza de capellán castrense. Gracias a José María Iribarren, los lectores saben que el mejor cronista de la anécdota fue José María Sbarbi y Osuna (1834-1920), sacerdote, crítico y erudito gaditano, recopilador y analista de refranes, adagios y locuciones proverbiales.

Se ve que la historieta que antecede a este modismo sucedió realmente en el pueblo alpujarreño de Pitres, término municipal que conocemos con el nombre árabe de La Tahá, y que se alza a orillas del río Bermejo.

Al parecer, los dos sacerdotes del cuento cruzaron una apuesta con el fin de saber quién de ambos era capaz de decir la misa con mayor brevedad. El primero de ellos, en lugar de usar la fórmula inaugural de la liturgia, Introibo ad altare Dei, abrió la ceremonia por el final: Marchad, vosotros sois enviados. Dicho en latín: Ite missa est.

El segundo clérigo, al observar de qué modo tan desvergonzado condensaba su competidor la eucaristía, se volvió al monaguillo para decirle: Apaga y vámonos. Ni que decir tiene que la broma debió de hacerle gracia al padre Sbarbi, quien decidió integrarla en sus escritos.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, con el seudónimo «Arturo Montenegro», en el Centro Virtual Cervantes, portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.