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La noche de los cristales rotos

Hacía mucho frío aquella noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, también conocida como la noche de los cristales rotos o Kristallnacht. No hablo sólo del frío exterior, sino del frío de unas almas muertas y envenenadas por el odio.

Lo que sucedió no fue casual, ni mucho menos. En Alemania llevaban años ensayando esa partitura del agravio y de las diferencias que siempre alimentan los nacionalismos excluyentes y tribales.

¿Qué ocurrió realmente aquella madrugada? Sabemos que los «camisas pardas» de las Sturmabteilung (SA) y un gran número de civiles alemanes y austriacos atacaron con fiereza sin igual a la población judía, sus hogares, comercios (más de 7.000 fueron destruidos), sinagogas (más de 1.000 incendiadas), cementerios, hospitales…

Las imágenes que ilustran este artículo muestran la barbarie tal cual fue captada por un «buen alemán», de aquellos que estaban convencidos de hacer lo correcto. No les importaban sus víctimas desvalidas, asaltadas por sorpresa, cobardemente. Atacaron en masa, con armas, con porras, con cuchillos. Robaron, hirieron y mataron.

Cobardía y criminalidad a menudo van de la mano. Vean sus rostros sudorosos y abominen de ellos.

Mientras ese horror sucedía, las autoridades prestaban atención, pero sin intervenir, siguiendo las precisas instrucciones de Goebbels y sus secuaces. Observaban cómo apaleaban a un viejo rabino, cómo arrastraban del pelo a una madre delante de sus hijos aterrorizados, cómo saqueaban las viviendas privadas delante de sus propietarios aún en pijama, cómo expoliaban las reliquias de las sinagogas para después incendiarlas… Observaban y hasta fotografiaban sus crímenes, que la propaganda calificaba de gesta.

Al fin y al cabo, aquella era la reacción «espontánea» del pueblo alemán ante los judíos, a quienes el antisemitismo siempre había presentado como una raza ponzoñosa. Y desde la llegada de los nazis al poder, el antisemitismo se había convertido no ya en una execrable costumbre, sino en leyes precisas.

Así que ese «pueblo» se echó a las calles, y dio rienda suelta a su odio cargado de complejos y de envidia.

Aquel 9 de noviembre la excusa fue el asesinato dos días antes de Ernst vom Rath, secretario de la embajada alemana en París. Pero si a von Rath no lo hubieran asesinado, otra habría sido la señal. La música ya estaba escrita y el director, un tal Adolf Hitler, estaba ansioso por empezar el concierto.

Nunca se sabrá con certeza cuántos crímenes se cometieron durante esa noche de progromo medieval. Como mínimo, 91 ciudadanos judíos fueron asesinados durante los ataques y otros 30.000 fueron deportados a los campos de concentración de Sachsenhausen, Buchenwald y Dachau. Todavía faltaban dos años para que se transformaran en campos de exterminio, pero aun así, miles de esos prisioneros inocentes murieron a manos de sus torturadores antes de la llamada «Solución Final» (de nuevo ese eufemismo tan nazi –tan totalitario– de no llamar a las cosas por su nombre).

La Kristallnacht fue seguida por una persistente persecución política y económica a la población judía y terminó con la eliminación de más de seis millones de judíos europeos.

Por eso hay conciertos cuya música no quiero escuchar ni de lejos, pero cuya horrible partitura sé reconocer muy bien. ¡Malditos aquellos que emponzoñan el espíritu humano apelando al pueblo y sus sacrosantas raíces!

Copyright del artículo © Fernando Navarro. Reservados todos los derechos.

Fernando Navarro García

Fernando Navarro García

Director general de HAC Business School and University, vicepresidente Ética y Responsabilidad Social de Inspiring Committed Leaders Foundation, secretario general de Innovaética y vicepresidente del Instituto de Estudios Panibéricos. Fernando Navarro es licenciado en Derecho y coordinó un proyecto humanitario en Angola. Como profesor, ha desarrollado su trayectoria docente en varias universidades y escuelas de negocios (UNED, Universidad Rey Juan Carlos, Carlos III, ESIC, Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid). Asimismo, es coautor de "El fenómeno socialista" (ed. crítica y anotada de la obra de Igor Shararevich, Última Línea, 2015), "El delirio nihilista: Un ensayo sobre los totalitarismos, populismos y nacionalismos" (Última Línea, 2018), "Nueve necesarios debates sobre la responsabilidad social" (Comares, 2019), "Inspirando líderes comprometidos: La innovación en valores, una visión para cambiar el mundo" (Última Línea, 2019) y "¡Eureka! Valores. Principios básicos de ética para las organizaciones" (Última Línea, 2020). Entre sus restantes libros, destacan "Estratégicas de marketing ferial" (ESIC, 2001), "Diccionario biográfico de nazismo y III Reich" (Sepha, 2010), "Hitler: Los años desconocidos" (ed. crítica de las memorias de Ernst Hanfstaengl, Última Línea, 2012) y "Responsabilidad social corporativa: Teoría y práctica" (ESIC, 2012).