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La extinción de Amparo Rivelles (1925-2013)

Es en la más negra noche que las estrellas brillan con más intenso fulgor. Así sucede con los astros de la pantalla, que derraman su luz sobre los espectadores con mayor prodigalidad cuando éstos habitan tiempos de tinieblas. Nunca el oropel de Hollywood alimentó más sueños que durante la Gran Depresión, ni en España se idolatró más a las estrellas nacionales que en la negra posguerra.

En el firmamento definitivamente roto de nuestro país brilló Amparo Rivellles con su luz, desde su nacimiento en Madrid, el 11 de febrero de 1925, fruto de la unión de dos glorias de la escena como fueron María Fernanda Ladrón de Guevara y Rafael Rivelles. Tras legar a la posteridad una asombrosa carrera profesional desarrollada en teatro cine y televisión, nos corresponde hoy honrar su memoria, al saber de su fallecimiento, que le ha llegado a los 88 años de edad (*).

Actriz desde la cuna, el debut de amparo Rivelles en la interpretación dramática atendió pronto a una exigida precocidad. Sobre el tablado, junto a su madre, actuó con trece tiernos años en La madre guapa y La morocha y fue tan sólo un par de años más tarde que se puso por primera vez ante las cámaras, en el film dirigido por Armando VidalMari Juana, ya con rango de protagonista.

A esta primera aparición en la pantalla siguieron dos actuaciones a las órdenes de IquinoAlma de Dios y Los ladrones somos gente honrada y sus primeros verdaderos éxitos populares, datados en 1942, Malvaloca (Luis Marquina) y Un caballero famoso (José Buchs), films estos que la colocaron (profesional y sentimentalmente) la lado del galán por excelencia (y por Su Excelencia) del primer franquismo, Alfredo Mayo.

Bajo la égida de CIFESA, única productora (con permiso de Cesáreo González) digna de tal nombre en aquella España paupérrima, que le dispensó un contrato de condiciones económicas excepcionales, Amparito Rivelles conquistó, unida al héroe de Raza, el corazón del espectador español, quien adoró su presencia fresca, su belleza natural, su personalidad diáfana, su espíritu tierno y lozano, en films imprescindibles del Cine Español, como la catedralicia El clavo (1944), o la masacrada por la censura, La fe (1947), ambas dirigidas por el entonces sólido e inspirado Rafael Gil, y con el redicho Rafael Durán como partenaire.

Tras alcanzar su esplendor máximo en la década de los cuarenta, decae su preponderancia en el fervor popular tras la irrupción del “fenómeno” Aurora Bautista (a la que, en cierto modo sustituye en films de Orduña fallidos, como Alba de América y La leona de Castilla), y, al tiempo, sacude la pacata conciencia de la sociedad civil del régimen franquista protagonizando algún sonado romance (con el actor favorito de la audiencia, Jorge Mistral, por ejemplo) y dando a luz a su hija María Fernanda desde una orgullosa, consciente y escandalosa soltería.

Tras haber rodado a las órdenes del genio del cine, Orson Welles, en Mr. Arkadin (1955), se produce su traslado a México, motivado por un contrato de seis semanas para el teatro, y donde termina actuando a las órdenes del buñueliano Luis Alcoriza y poniendo su talento al servicio de alimenticios y exitosos seriales televisivos.

La estancia en tierra azteca se habrá prolongado, a su término, por espacio de veinticuatro años, en el transcurso de los cuales, además de convertirse en abuela (y de perder trágicamente a su nieta), Amparo Rivelles devendrá madura y gloriosa dama de la escena, condición en la que se producirá su regreso a España al inicio de la década de los ochenta.

Hay que deshacer la casa (1986), junto a la excelsa Lola Cardona, supone la reconquista de los escenarios teatrales españoles por parte de Amparo Rivelles, que se confirmará en la década siguiente, con su protagonismo en montajes escénicos idóneos para su dimensión mítica, tales como La Celestina, La loca de Chaillot o Rosas de otoño (que fuera, por cierto un memorable éxito de su madre) o Los padres terribles, de Cocteau, obras que instaurarán su figura majestuosa, elegante, comparable a las de Irene López HerediaMary CarrilloConchita Montes o las hermanas Irene y Julia Gutiérrez Caba.

El medio televisivo, por otra parte, brindó, en su regreso a la patria, la oportunidad de actuar junto a su hermano, Carlos Larrañaga, en la muy popular serie Los gozos y las sombras, y el cine, que tanto había menguado en significación social desde sus tiempos de incontestable estrellato, le permitió actuar en pocos títulos destacables, tales como Soldados de plomo (José Sacristán, 1983), la adaptación de su previo éxito teatral, Hay que deshacer la casa (José Luis García Sánchez, 1986) o Esquilache (Josefina Molina, 1988).

La extinción de un astro se produce millones de años antes de que podamos presenciarla. Una estrella como Amparo Rivelles abandona el mundo de los vivos cuando ha transcurrido una eternidad desde que fue objeto de la adoración del público, esa bestia siempre voraz, entregada y vehemente cuando ama, tanto como insatisfecha, indiferente y cruel, cuando olvida.

(*) Publicado el 7 de noviembre de 2013.

Copyright del artículo © Juan Carlos Alquézar Alquézar. Reservados todos los derechos.

Juan Carlos Alquézar Alquézar

Juan Carlos Alquézar Alquézar

Juan Carlos Alquézar Alquézar (Zaragoza, 1963). Interrumpida indefinidamente su formación académica en el segundo año de la carrera de Filología Hispánica, se interesa por muy dispares campos de la creación durante la procelosa década de 1980. Asegurado su sustento material desde que gana, por oposición, una plaza en la Administración del Estado, a partir del año 2006 puede canalizar dos de los anteriormente aludidos intereses a través de la publicación del blog “Lady Filstrup”: el Tebeo y los actores españoles” (http://ladyfilstrup.blogspot.com/). Tratando ambos temas en dos etapas sucesivas, cuenta en un principio, cuando la materia sensible son los tebeos de la Escuela Bruguera, con la decisiva colaboración del escritor Javier Pérez Andújar, para ocuparse de alimentar el blog en solitario a partir del año 2007. Intensamente implicado en su proyecto, desde el año 2008 y durante veinticuatro meses, Juan Carlos Alquézar publica en internet más de treinta monografías, y otras tantas crónicas, semblanzas y noticias sobre actores españoles y sus carreras profesionales en cine, teatro, televisión, radio y doblaje, poniendo especial énfasis en el propósito de poner nombre a las caras de los profesionales que han poblado las ficciones de la audiencia española y su memoria colectiva. Así, entre sus monografías más extensas destacan las dedicadas a Luis Peña, José María Tasso, Fernando Rubio, Jesús Tordesillas, José María Lado, Félix Fernández, Fernando Delgado, Antonio Riquelme, Valeriano Andrés, Gerard Tichy, Camino Garrigó o Carlos Lemos, mientras que, en el terreno de las semblanzas, dedicó documentados artículos necrológicos a las figuras de Mary Carrillo, Antonio Ozores, Francisco Piquer, Antonio Gamero, Aldo Sambrell o Vicente Haro, por citar sólo algunos. En el presente año 2013 ha vuelto a reabrir el blog, en lo que supone su tercera etapa, y lo dedica, con esporádicas colaboraciones de su viejo compinche, Javier Pérez Andújar, a variopintos temas, cada vez más imprevisibles.