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La desventurada Beltraneja

El 5 de enero de 1425 nacía en Valladolid Enrique, hijo de Juan II de Castilla y de María de Aragón. El churumbel era pelirrojo, grandote, un poco pocho y con la mandíbula un tanto prominente. Además resultó ser lo que El Fary llamaba “un hombre blandengue”: pusilánime y bastante flojo.

Cuando la criatura tenía doce años, le casaron con Blanca de Navarra y dada la tierna edad de los tortolitos, se esperó a que cumplieran quince años para poder consumar el matrimonio. Pero cuando llegó el momento esperado “la boda se hizo quedando la princesa tal cual nació, de que todos ovieron grande enojo”. ¿Era impotente Enrique? Interesante pregunta de difícil respuesta. No obstante, pongámonos en situación: un churumbel de quince años, tímido e inseguro, encerrado con su prometida a quien apenas conoce, con la que tiene que cumplir sabiendo que varios notarios, heraldos y público diverso esperan tras la puerta de la alcoba el resultado del envite. Así no hay quien pueda consumar, la verdad.

No obstante, a partir de aquel momento, se creó una corriente de opinión que en el mejor de los casos, tildaba de impotente al infante (“Dio en decirse, que no en pensarse, que el rey era impotente”). Fue examinado por prestigiosos galenos, entre ellos el alemán Münzer, que efectivamente dictaminaron que el pene del muchacho no era muy apto para la cópula por defectos morfológicos.

Juan II se había casado con Isabel de Avis al quedarse viudo de María de Aragón, y de esta unión habían nacido dos churumbeles: Isabel y Alfonso. Isabel de Avis no tardó en mostrar signos de padecer una enfermedad mental y fue encerrada en el castillo de Arévalo. Pero dejemos a estos niños por un momento para seguir con Enrique. Este consiguió la anulación de su matrimonio gracias a que estaba hechizado, hechizo que solo le hacía la puñeta con Blanca de Navarra, por lo que decidió casarse de nuevo, esta vez con Juana de Portugal, hermana de Alfonso V. Como los rumores sobre su impotencia habían llegado al país vecino, el astuto Alfonso V pidió que le fuera entregada como depósito la cantidad de cien mil florines de oro, por si las moscas.

Enrique, a quien no se le había quitado el trauma de la noche de bodas con Blanca de Navarra, derogó la disposición que obligaba a los reyes consumar ante testigos, por lo que ignoramos cómo fue el asunto con Juana, aunque no debió de ir muy bien la cosa habida cuenta de que Juana inició un tórrido romance con don Beltrán de la Cueva, de quien sospechamos que tenía el pene morfológicamente perfecto.

Los médicos de la Corte realizaron una inseminación artificial a la reina, y ora porque dio resultado, ora porque el que dio resultado fue don Beltrán, Juana se quedó embarazada. La criatura nació en el Alcázar de Madrid el 28 de febrero de 1462, y fue bautizada con el nombre de Juana.

Debido a las luchas entre los diferentes linajes castellanos, muchos nobles empezaron a mirar a Alfonso e Isabel, los hermanos de Enrique, como una alternativa más que deseable a Enrique y la que empezó a ser conocida como «la Beltraneja». Pero no era tanto la supuesta bastardía como la ilegitimidad del matrimonio entre Enrique IV y Juana de Portugal lo que argumentaban los nobles, y más tarde Isabel de Castilla, para deslegitimar a «la Beltraneja» puesto que se había celebrado sin la necesaria dispensa papal dado el grado de consanguinidad de los contrayentes.

Enrique intentó casar a su hermana Isabel con Alfonso V de Portugal, pero la castellana prefirió al apolíneo Fernando de Aragón. Enrique IV muere y los nobles rebeldes acuerdan el matrimonio de Juana con el rey luso. Este último, por cierto, estaba bastante achacoso y hecho unos zorros. Como era de esperar se puso al lado de la facción que defendía los derechos de «la Beltraneja». ¿Cómo acabó el asunto? Pues como acababan la mayoría de los temas en los que la protagonista “molestaba”, era hija bastarda del rey o no se la podía “colocar”: en un convento, en este caso en el de Santa Clara de Coimbra, del que nuestra desventurada protagonista ya no saldría –salvo durante breves espacios de tiempo a causa de las epidemias– hasta su muerte, acaecida en 1530.

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.