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La desdichada María Josefa Amalia de Sajonia

Habiendo fallecido la reina María Antonia de Nápoles, víctima de una tuberculosis, Fernando VII volvió a contraer matrimonio. Esta vez la elegida fue una hija de Juan VI de Portugal, María Isabel de Braganza (al tiempo que una hermana de esta, María Francisca, se casaba con Carlos María Isidro, hermano de Fernando). Los madrileños describieron certeramente a la novia: “Fea, pobre, portuguesa…¡Chúpate esa!”.

Esta desdichada criatura pasó de puntillas por la historia, aunque a ella le debemos la creación del Museo del Prado. Gran aficionada al arte, descubrió en los sótanos del monasterio de El Escorial decenas de cuadros amontonados y la reina pensó en exponerlos en el palacio de Riofrío. Pero Goya le sugirió que en Madrid podrían ser contemplados por un número mayor de personas, y por eso María Isabel decidió trasladar las obras al Gabinete de Historia Natural creado por Carlos III, naciendo así el Museo del Prado, que fue inaugurado el 19 de noviembre de 1819.

Estando embarazada, la reina sufrió una eclampsia. Al creerla muerta, los médicos que la atendían decidieron realizarle una cesárea post mortem, en un intento de salvar a la criatura que se estaba gestando. Cuando el doctor Costa le practicó la incisión necesaria para extraer al churumbel, la reina recobró la consciencia, dando un grito desgarrador. Murió pocos minutos después, desangrada. El bebé tampoco sobrevivió.

Fernando VII necesitaba urgentemente un heredero. Esta vez, la elegida para el enlace fue su prima segunda y sobrina segunda María Josefa Amalia de Sajonia. La muchacha había nacido en Dresde el 7 de diciembre de 1803. Hija del príncipe elector de Sajonia Maximiliano, su madre, Carolina de Borbón y Parma, murió cuando ella tenía unos meses y al salao del padre no se le ocurrió nada mejor que meter a la niña en un convento. La vida transcurría tranquila y apacible para María Josefa entre cánticos, monjas y rezos cuando a la edad de quince años, fue sacada del que había sido su hogar para casarse con el sátiro de Fernando VII, que dicho sea de paso, tenía veinte años más que su prometida.

Total, que llegó la noche de bodas y el itifálico Fernandito procedió a consumar sin tener en cuenta la edad de su mujer, su inexperiencia ni el más mínimo tacto. Porque hete aquí que además de encontrarse en la cama con un fulano bastante feo, achacoso y más bruto que un arado, nadie había tenido la gentileza de explicarle a la pobre María Josefa lo de que las niñas tienen vulva y los niños pene (con el agravante de que su verriondo marido padecía una macrosomía genital), por lo que cuando vio “aquello” y comprendió lo que pretendía Fernando, María Josefa se hizo pipí y popó encima. El Felón montó la de San Quintín dando gritos por todo el palacio pero lo cierto es que el matrimonio no se pudo consumar. Ni aquella noche, ni la siguiente, ni la siguiente… María Josefa se negaba taxativamente a acceder a los requerimientos de su marido porque entendía que aquello era pecado mortal. Tal es así que el papa Pío VII tuvo que intervenir, prometiendo a la reina que el acto estaba bendecido por la Iglesia.

A la reina no le quedó más remedio que acceder a las peticiones de su marido, si bien le obligaba a rezar un rosario antes del acto, más que nada por si con eso se le quitaban las ganas.

Los médicos del rey confeccionaron a este una especie de anillo almohadillado –como un donut‒ para que hiciera de tope. A pesar del rosario, del donut y de la promesa del pontífice, no es difícil imaginar lo espantoso que debió ser para la joven reina todo aquello.

Aunque visitó los balnearios de Solán de Cabras y de Sacedón, donde llevaron a María Josefa para que se beneficiara de las aguas de aquellos lugares que propiciaban la fertilidad, nunca se quedó embarazada. Después de diez infelices años de matrimonio en los que básicamente se dedicó a rezar, a escribir poemas y a las obras de caridad, falleció víctima de una neumonía.

El sátiro se volvió a casar por cuarta y última vez con su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias.

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.