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La de los Ursinos, un bicho

Marie-Anne de La Trémoille nació en 1642 en el seno de una aristocrática familia. Viuda del príncipe de Chalais con veinticuatro años, que la dejó a la pobre llena de deudas, se casó con el príncipe de Orsini, con el que vivió en Roma durante más de veinte años y del que también enviudó. Es entonces cuando, sin hijos y forrada con todo el parné que le había dejado Orsini, decide regresar a París donde traba amistad con Madame de Maintenon, la amante de Luis XIV.

Habiendo muerto el infortunado Carlos II el Hechizado sin descendencia, Luis XIV hace valer los derechos dinásticos de su nieto Felipe de Anjou y este inicia la dinastía borbónica en España como Felipe V, a quien rápidamente casan con María Luisa Gabriela de Saboya, una niña de trece años.

Es entonces cuando Luis XIV envía a los jóvenes tortolitos a la princesa de Orsini, para que además de velar por los intereses de Francia en la corte española, le mantenga informado de todo lo que se cuece en palacio, y lo cierto es que jugó un importante papel asesorando a la joven reina durante la Guerra de Sucesión, mientras Felipe V sufría continuas crisis debido al trastorno bipolar que padecía, si bien no hay que olvidar que la de los Ursinos mandó traer amas de cría francesas para los infantes porque según ella, las vizcaínas eran todas unas sarnosas (ya me gustaría a mi saber qué parásitos del inframundo habitaban bajo la peluca del Rey Sol, por cierto).

Pero la reina muere de una tuberculosis y la de los Ursinos, que así es como llaman los españoles a la ínclita, se encarga directamente de negociar la boda del rey con una sobrina del duque de Parma, Isabel de Farnesio, unión esta que no suponía ningún sobresalto en el frágil equilibrio que mantenían las potencias europeas conseguido en el Tratado de Utrecht y que calmaría las ansias internas, que diría Olga Guillot, del verriondo rey (por cierto, los primeros Borbones demostraron una gran afición a la alegre coyunda, pero siempre con su legitima esposa).

La boda por poderes se celebra en Parma. De camino a España, Isabel de Farnesio, que entonces tiene veintidós años, pasa por Paris donde visita a su tía Mariana de Neoburgo, la viuda de El Hechizado, que le advierte de que es la de los Ursinos la que corta el bacalao en la corte y le aconseja que se libre de ella lo antes posible.

Estaba previsto que el matrimonio se refrendase y consumara en Guadalajara así que la de los Ursinos decidió salirle al encuentro a Isabel de Farnesio, de quien pensaba que era una beata bastante mema, para ganarse su confianza y dejarle claro quién mandaba allí. El encuentro se produjo en Jadraque, en la Casa de las Cadenas, la tarde del 22 (algunos autores datan el encuentro el día 23) de diciembre de 1714.

Cuando ambas se vieron, la de los Ursinos ni siquiera hizo una reverencia a la reina. Simplemente se la quedó mirando con un gesto de desagrado hasta que exclamó: “¡Dios mío, señora, qué mal formada estáis!”, al mismo tiempo que le echaba las manos a las caderas. La Farnesio, que venía agotada del viaje, aterida (la nieve había retrasado su llegada) y advertida por su tía, le arreó una bofetada a la de los Ursinos de las de siete en la escala Richter, al tiempo que exige al capitán de la guardia que se llevara inmediatamente a aquella insolente a la frontera. El capitán, sabedor del poder de la de los Ursinos, le pide a la reina que le de la orden por escrito y en menos de lo que canta un gallo, la de los Ursinos es enviada a París sin dejarla si quiera hacer el equipaje.

Al año siguiente morirá Luis XIV y la animadversión que por ella sentía el duque de Orleans la lleva al exilio. A los ochenta y dos años fallecerá en Roma.

Isabel de Farnesio jugará un importantísimo papel en la historia de España. Reclamó los territorios italianos que se habían perdido en el Tratado de Utrecht (Nápoles, Milán y Cerdeña); influyó decisivamente en los “Pactos de Familia” y obtuvo ventajosos beneficios para sus churumbeles (Fernando y Carlos fueron sucesivamente reyes de España). Utilizó la enorme dependencia, afectiva y sexual, que Felipe sentía por ella para gobernar de facto en España. Cuando sus encantos no fueron suficientes para sacar al monarca de sus largos periodos de aislamiento, contrató a Carlo Broschi, Farinelli, que cantó las mismas cuatro canciones a Felipe durante los nueve años siguientes.

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.