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La cena de los asesinos

El 20 de enero de 1942 tuvo lugar la reunión más infame y criminal que yo recuerde en términos históricos: la conferencia de Wannsee.

La reunión, meticulosamente preparada por Reinhard Heydrich, jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich, se celebró en una lujosa villa en las afueras de Berlín ‒la villa Am Großen Wannsee 56-58, en el distrito del mismo nombre‒. A ella asistieron quince asesinos desalmados, cuya inhumanidad disimulaban bajo unos vistosos uniformes y unos modales exquisitos.

Allí estaba Adolf Eichmann, Obersturmbannführer de las SS, que muchos años después seria juzgado en Jerusalén y condenado a muerte. También acudió el repugnante Roland Freisler, juez del Tribunal Popular (el Volksgerichtshof), famoso dos años después por ejecutar a los héroes que atentaron contra Hitler en julio de 1944.

La mayoría de los congregados murió durante la guerra o fue condenada a muerte tras la derrota del hitlerismo, pero hubo algunos de estos criminales que lograron escapar con vida y murieron plácidamente, o casi. ¡Así se pudran todos en el infierno!

En la conferencia de Wannsee se acordó en poco más de una hora «la solución final del problema judío» (Endlösung der Judenfrage). Los nazis eran maestros en la manipulación del lenguaje, como muy bien expuso el filólogo Klemperer, y al revisar las actas de esta terrible reunión, uno entiende hasta qué extremos llegó esa perversión lingüística y moral del nazismo.

Lo que se decidió en Wannsee fue EXTERMINAR a todos los judíos de Europa. Ni más ni menos, aunque la palabras «exterminio» o «asesinato» no aparezcan en las actas. Aquellos criminales decidieron acelerar la Shoá, usando medios industriales (cámaras de gas en vez de balas o cuchillos). Y sin embargo, hablaron de «solución final» y de «erradicar los fundamentos biológicos del judaísmo», pero no de asesinar a millones de inocentes. Exactamente, seis millones (cada uno con nombre, apellidos, familia, amigos y proyectos).

En realidad, esta última es una cifra que muy bien pudo haber superado los quince millones si Hitler hubiera ganado la guerra. La tribu infame y raquítica de los negacionistas suele acogerse precisamente al lenguaje nazi para negar la Shoá. Como nadie habló de matar sino de «solución final», no hubo asesinatos. Así de simple para esa canalla neonazi. Creen que borrando la palabra se elimina la sangre. Pero ello no es posible cuando tantos caminaron literalmente sobre las montañas de cadáveres de nuestros hermanos.

Heydrich, el organizador de esta reunión (por delegación de Himmler), recibió su merecido a manos de unos patriotas checos (recordemos la «Operación Antropoide») y Eichmann, su aplicado escudero, fue sentenciado a muerte en Jerusalén. Allí lo vimos en toda su miserable insignificancia.

La filosofa judía Hannah Arendt asistió como periodista a su juicio y fruto de aquella experiencia es su excelente ensayo ‒tan malinterpretado por «hunos y otros»‒ Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal.

Hitler, Goering, Himmler y tantos otros se suicidaron. El juez Freisler murió durante un bombardeo en Berlín, aplastado por una columna del juzgado donde él mismo estaba sentenciando a muerte a los valientes opositores a Hitler. Creo que es una de las muertes de nazis que más he disfrutado en mi fuero interno. Lo confieso: yo sí que celebro la muerte de aquellos canallas.

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Fernando Navarro García

Fernando Navarro García

Director general de HAC Business School and University, vicepresidente Ética y Responsabilidad Social de Inspiring Committed Leaders Foundation, secretario general de Innovaética y vicepresidente del Instituto de Estudios Panibéricos. Fernando Navarro es licenciado en Derecho y coordinó un proyecto humanitario en Angola. Como profesor, ha desarrollado su trayectoria docente en varias universidades y escuelas de negocios (UNED, Universidad Rey Juan Carlos, Carlos III, ESIC, Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid). Asimismo, es coautor de "El fenómeno socialista" (ed. crítica y anotada de la obra de Igor Shararevich, Última Línea, 2015), "El delirio nihilista: Un ensayo sobre los totalitarismos, populismos y nacionalismos" (Última Línea, 2018), "Nueve necesarios debates sobre la responsabilidad social" (Comares, 2019), "Inspirando líderes comprometidos: La innovación en valores, una visión para cambiar el mundo" (Última Línea, 2019) y "¡Eureka! Valores. Principios básicos de ética para las organizaciones" (Última Línea, 2020). Entre sus restantes libros, destacan "Estratégicas de marketing ferial" (ESIC, 2001), "Diccionario biográfico de nazismo y III Reich" (Sepha, 2010), "Hitler: Los años desconocidos" (ed. crítica de las memorias de Ernst Hanfstaengl, Última Línea, 2012) y "Responsabilidad social corporativa: Teoría y práctica" (ESIC, 2012).