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La Bounty

En 1787 el HMS Bounty, un navío de carga de 27 metros de eslora, zarpó de Portsmouth (Inglaterra) con la misión de recoger en Tahití plantas del árbol del pan para ser trasladas a continuación a las Indias Occidentales, donde servirían de alimento a los esclavos. Los ingleses, siempre tan considerados.

El capitán de esta expedición era William Bligh, un experimentado oficial que había sido teniente de navío en el Resolution con Cook. Pero aunque el itinerario previsto era doblar el Cabo de Hornos, las condiciones meteorológicas adversas (el frío y el hielo principalmente) obligaron a Bligh a dirigirse al Índico tras doblar el Cabo de Buena Esperanza, y desde allí al Pacífico, hasta llegar a Tahití.

En una travesía de estas características, mantener la disciplina es muy importante y parece ser que Bligh castigó a ser azotados a varios miembros de la tripulación (hay que ver lo que les ha gustado siempre a los ingleses azotar al personal).

También hubo alguna discusión con su segundo de a bordo, Fletcher Christian, pero cuando llegaron a Tahití, tras diez meses de viaje, todos olvidaron los infortunios de la travesía en los brazos de las encantadoras y entregadas mujeres tahitianas.

Los tripulantes de la Bounty permanecieron cinco meses en Tahití, recogiendo retoños del árbol del pan, bañándose en las cristalinas aguas de la Polinesia y olvidando a sus Catherines, Margarets y Heathers que les esperaban con sus vástagos en la fría y húmeda Inglaterra, en alegre concupiscencia con las nativas. Así que cuando el 4 de abril de 1789 abandonaron Tahití, se mascaba la tragedia.

Los primeros encontronazos entre Bligh y algunos miembros de la tripulación se debieron a que el capitán había racionado el consumo de agua para poder tener así la necesaria para regar las plantas del árbol del pan, y a que ordenó que los regalos que les habían dado los tahitianos fueran entregados como bienes adquiridos durante la misión, en un fondo común.

El día 28, apenas a 1.200 millas de Tahití, se produjo un motín liderado por Fletcher Christian, y William Bligh fue embarcado en el bote de la nave con algunos de los hombres que le eran fieles (el bote solo tenía capacidad para dieciocho tripulantes, por lo que al menos cuatro miembros leales al capitán tuvieron que quedarse con los amotinados). Tras entregarles un sextante, agua y varias raciones de pan y queso, los abandonaron a su suerte en mitad del Pacífico.

Los amotinados regresaron entonces a Tahití, donde algunos decidieron quedarse. Christian, ocho compañeros y varios tahitianos se embarcaron de nuevo en la Bounty para buscar alguna isla que no apareciera en las cartas de navegación, puesto que sabían que cuando la noticia llegara a Inglaterra, serían ajusticiados. En enero de 1790 llegaron a Pitcairn, una isla de algo más de 4 Km2, perteneciente a un pequeño archipiélago.

Christian se dio cuenta de que está mal señalizada en las cartas, por lo que decidieron quedarse. Quemaron la Bounty y procedieron al reparto de la isla, reparto en el que no contaron con los tahitianos (hay que ver lo que les ha gustado siempre a los ingleses tener esclavos), y esto, unido al consumo de alcohol, y a los roces propios de la peculiar situación a la que se vieron condenados, hizo que algunos años después, cuando el Topaz arribó a Pitcairn, se encontrara a varias mujeres y niños, y uno solo de los amotinados vivos, Adam Smith, que con una Biblia había enseñado a leer a los habitantes de la isla (la capital se llama Adamstown en su nombre).

Los rebeldes que se habían quedado en Tahití fueron apresados, conducidos a Inglaterra en el Pandora y ahorcados (hay que ver lo que les ha gustado siempre a los ingleses ahorcar a la gente), menos uno de los oficiales, que era pariente de varios miembros del Almirantazgo.

En cuanto a Bligh y sus compañeros de bote, alcanzaron Timor tras cuarenta días de navegación, el 14 de junio de 1789. Habían recorrido más de 3800 millas náuticas (unos 6.700 Km.).

Bligh fue exonerado después de examinar las denuncias y continuó al servicio de la Armada hasta su muerte.

La isla de Pitcairn es en la actualidad territorio británico de ultramar. Cuenta con unos cincuenta habitantes (muchos emigraron a Nueva Zelanda) que viven básicamente del turismo y de la emisión de sellos. Fue uno de los primeros territorios en conceder el sufragio universal femenino (1838), pero es también el lugar del planeta con más casos de violencia sexual por habitante. Prácticamente todos los habitantes masculinos de la isla han sido acusados de violación, estupro, incesto o agresión, y de hecho, en 2004 fueron condenados seis hombres, incluido el alcalde, por delitos sexuales.

La expedición de la Bounty y el motín de Christian han sido llevados al cine en cuatro ocasiones: In the Wake of the Bounty (1933), protagonizada por Errol Flynn y Mayne Lynton; La tragedia de la Bounty (Mutiny on the Bounty, 1935), con Clark Gable y Charles Laughton (Oscar a la mejor película); Rebelión a bordo (Mutiny on the Bounty, 1962), con Marlon Brando y Trevor Howard; y Motín a bordo (The Bounty, 1984), con Mel Gibson y Anthony Hopkins.

Si los españoles conocieran la importancia que tuvieron la expedición de Malaspina y la de Balmis (ambas en la misma época que la de la Bounty), también podríamos haber hecho unas cuantas películas, aun a riesgo de ser llamados genocidas, imperialistas y fascistas, y haber tenido que pedir perdón por nuestra deshonrosa y vergonzosa historia.

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.