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La Bella Dorita

María Yáñez García nació el 23 de febrero de 1901 en Cuevas de Almanzora (Almería), un lugar vinculado a la minería desde el Neolítico, gracias a los filones de galena argentífera hallados en Sierra de Almagrera y al descubrimiento a mediados del siglo XIX de la jarosita, un mineral compuesto de sulfato de potasio y hierro que cuando fue encontrado en Marte se consideró una prueba de que en el planeta rojo había habido agua.

El padre de María, que era farmacéutico, fallece en 1913, y el resto de la familia decide trasladarse a Barcelona, donde se instalarán en el barrio de Gracia. María contribuirá al mantenimiento de los suyos trabajando en la fábrica de juguetes de estaño y plomo “La Guerra” hasta que en 1917 se fuga con un fulano que había conocido días antes en un baile (debía bailar muy bien) y los tortolitos se casan.

El matrimonio dura un suspiro, pero de él nacerá un churumbel, Ramón. María empieza a trabajar entonces en un taller de bordados, hasta que una compañera de trabajo le anima a hacerse chica de alterne. Deja lo del alterne y comienza a actuar poco después como cupletista en el Royal Concert gracias a un certamen de belleza (vamos a llamarlo así) y de allí pasará al Molino, hasta que en 1923 debuta en el Apolo como la “Bella Dorita” con gran éxito de público y crítica.

El dueño del Apolo, Rafael Ardevol, que le había pagado a la muchacha clases de canto al ver su potencial artístico, le pide que de a sus actuaciones un toque “insinuante”, petición que es aceptada inmediatamente por la almeriense. Por ejemplo, dejando caer la ropa que llevaba puesta cuando terminaba la canción. Claro que las letras también eran finas. La Bella Dorita popularizó el tango “Fumando espero”, compuesto por Joan Vildomat y Félix Garzo (letrista) para ella en 1922 (aunque fue grabado por primera vez por Ramoncita Rovira en 1926). A estas alturas, no hace falta que expliquemos nada sobre el tango en cuestión.

Otra canción que tuvo mucho éxito fue “La Vaselina”: “Estoy muy sobresaltada porque ya se acerca el día que del brazo de mi novio entraré en la vicaría”. Si estáis acostumbrados a Garcilaso de la Vega y su “Por ti el silencio de la selva umbrosa, por ti la esquividad y apartamiento del solitario monte me agradaba”, pues seguro que no os gusta. Sin embargo, el asunto del enlace no acaba aquí: “…y mamá para ir de viaje me ha comprado vaselina (…) pero soy tan inocente que no llego a comprender para que es la vaselina y en que sitio la pondré”.

No es difícil imaginar a los verriondos señores del público gritando “¡Ya te la pongo yo!”. En fin. Y por si a alguno le quedaba alguna duda la letra de la canción insistía en el asunto: “Aseguran mis amigas, las viuditas y casadas, que poniendo vaselina no se nota casi nada, y ayer dijo mi familia que en el día de la boda, como nunca fue a la iglesia, que tampoco entrará toda (aquí falta el emoticono de la carita con los ojos abiertos de par en par). Y como a la fuerza no debe de ser, veré si con maña la puedo meter. Pero soy tan inocente…”.

También hacía las delicias del respetable “Poco a poco”. Empieza diciendo que había ido a comprarse guantes y que el galante dependiente se había ofrecido a ayudarle a probárselos: “Poco a poco, por favor, y apretando sin cesar, con dulzura y sin temor que no puedes lastimar; sigue, sigue, aprieta así un poco que ya noto que falta poco; basta, basta, que ya está”.

Hubo otras canciones también muy populares como “El Ataque” (“Me dan unos ataques que me ponen a morir”) o “Régimen severo”, donde cuenta como ha acudido a un doctor para que le ponga a dieta y el galeno le ha aconsejado que solo coma verduras, en concreto y como no podía ser de otra manera, berenjenas, zanahorias y nabos tiernos “que aclaran la voz”. Debe de ser que “calabacines” no pegaba con nada.

La Bella Dorita actuó durante muchos años en los locales del Paralelo: el Novelty, el Rigalt, el Pompeya, el Bataclán… En 1935 se divorció del bailarín y se casó con Joaquín Cervera, con quien pretendía tener una vida tranquila junto a su hijo, alejada de los escenarios. Pero comienza la Guerra Civil y tanto su marido como su hijo marchan al frente y ella tiene que volver a actuar. Habiéndose quedado viuda, continuó en el mundo del espectáculo. Con su pareja, Narcís Albert, con quien se casó después de treinta años de relación, compró y regentó el tablao flamenco “Bodega de Toro”, que después se convertiría en la sala Bagdad.

En 1991, cuando cumplió noventa años, se le concedió la Medalla al Mérito Artístico de la Ciudad de Barcelona, y en 2001, con motivo de haber cumplido cien años, se le hizo un sentido homenaje al que acudieron artistas, familiares y representantes del Ayuntamiento de Barcelona, el alcalde de Cuevas de Almanzora, y representantes de la Generalidad, incluida sor Marta Ferrusola que recalcó lo feliz que había hecho a la generación de sus padres la artista.

Murió pocos meses después. Sus restos reposan en el cementerio de Collserola. Por si los horteras del reguetón creen que han inventado algo.

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.