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Juventud, divino tesoro

No es lo mismo ser joven hoy que cuando Rubén Darío escribió este verso. Se llegaba antes a la madurez y también a la ancianidad y a la muerte. Podría decirse que un joven tiene hoy mucho más futuro que los muchachos de antes. También, mejores medios de combatir las enfermedades y una cantidad entonces inimaginable de ingenios técnicos para desenvolverse en la vida social.

Sumada a estas ventajas existe el grave inconveniente del alto paro juvenil, que en España alcanza al 40 por ciento. Un joven que desea trabajar y no puede hacerlo es, si se quiere, menos joven que adolescente. Debe permanecer en la casa paterna y asumirse como alguien al cual no se le ofrece un lugar social condigno a sus años: un marginal. A ello se suma que la convivencia adolescente en el hogar familiar se prolonga, con todas sus inevitables aristas. En estos casos, de modo insistente, se repite el lugar común de la distancia generacional. A todos nos alcanzó en su momento y, con el paso de los años, nos hemos aburrido de oírlo.

Esta distancia, que se marca siempre como un conflicto de los nuevos tiempos –todos los tiempos son nuevos antes de tornarse viejos– es una escena normal en el desarrollo subjetivo. El adolescente está saliendo al mundo sin herramientas para instalarse en él y enrostra a sus padres el haberle obligado existir en un medio donde hay hambrunas, guerras, alteraciones climáticas, degradación del entorno, violencia de género, contagios venéreos y hasta pandemias. Todos hemos madurado cuando advertimos que a nuestros padres les había pasado lo mismo con los suyos.

No obstante este esquema, otros tópicos asoman en las encuestas de opinión. Los jóvenes son animosos, creen en el progreso, se sienten solidarios con los pobres y los enfermos, aman los deportes y los conciertos de música pop –a los míos nos tocó el rock and roll– y, rotundamente, no confían en los dirigentes ni hacen caso de sus palabras. No son conservadores ni socialistas sino, acaso, liberales teñidos de acracia. Por un lado se afirman en el autodominio, es decir que resultan sociales sin necesitar ninguna compulsión. Por otro, tienen una vertiente individualista que puede excitar el culto a lo personal pero también a la indiferencia por el prójimo.

El resultado político de estas tensiones es la abstención. Diría más: la simétrica abstención de los dirigentes. Éstos parecen encogerse de hombros ante un cuadro inocultable. pero prefieren pensar que la juventud es un divino tesoro que se gasta con el tiempo. A los jóvenes ya se les pasará eso de ser jóvenes. Nadie pronuncia estas palabras. pero se reviste la situación juvenil con un manto de dimes y diretes que alimentan la opinión pública, aunque poco tengan que ver con la cosa pública. Se habla de la identidad nacional y micronacional, de la disgregación del Estado, de la guerra civil con sus muertos que no acaban de morir, de las fatalidades imprevistas como la pandemia o previstas como el sistema marginalista que rige el precio de la electricidad, de las olimpíadas de Tokio y el viaje de míster Bezos en una nave espacial.

Cuando un dirigente se inhibe de encarar un problema como el paro juvenil o bien es porque no sabe qué hacer o bien que sí sabe qué hacer pero no le conviene decirlo. En 1453, unos gramáticos bizantinos se reunieron para discutir ardientemente si se podía declinar el subjuntivo Ego. Mientras tanto, los turcos fueron tomando Constantinopla.

Imagen superior: Pixabay.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")