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Juguemos en el bosque

Pido al lector permiso para usar la primera del singular, recurso más o menos proscrito en el periodismo. Lo hago como espectador inopinado del nacimiento del 15-M, hecho que cumple una década. Ocurrió por casualidad o por lo que mi paisano Borges denomina las secretas leyes del azar. Yo intentaba cruzar la calle de Alcalá aquella tarde de domingo, tarde además de San Isidro, patrono madrileño: sol, tibia primavera, la juventud del año.

La multitud –luego lo supe: 20.000 personas–agitaba banderas heterogéneas: anarquistas, comunistas, republicanas, de centrales gremiales de trabajadores, quizás alguna rayada nacionalista. Logré cruzar la calle por un pasadizo subterráneo y topé con un joven policía que parecía mirar el cuadro con simpática curiosidad. No supo explicarme nada. “¿Se trata de algo antisistema?”, pregunté. El hombre asintió sonriendo, como satisfecho de hallar una fórmula.

Días más tarde visité la Puerta del Sol ocupada por los antisistemas. Dada mi edad, recordé el Mayo parisino del 68, sólo que aquella juventud protestó por el consumismo y la modorra burguesa del bienestar, y ésta, desde la queja por la crisis de la burbuja financiera. Por lo demás, me pareció comprobar que se parecían como ejemplos del happening callejero según la definición de Umberto Eco. Igualmente estábamos ante un caso de juvenilismo, juguetón y ácrata: los jóvenes imponen sus propias leyes y desacatan las normas impuestas. “No los votéis, no nos representan” rezaba su lema.

Los jóvenes piensan que la juventud es una raza, dice Jean Cocteau. Evidentemente, no lo es. He visto envejecer a los dos rostros señeros de aquella juvenilia: Albert Rivera y Pablo Iglesias. Ambos fueron difundidos por la televisión gracias a sus fotogénicas caras: uno guapo y el otro feúcho pero pintoresco. Los dos, diez años más tarde, se han jubilado de la política. El guapo ha visto fagocitar su partido por la derecha del bipartidismo de la cual abominó, la anquilosada, burocratizada y corrupta. El feúcho se ha cortado su “cola de caballo” y ve que su movimiento está disperso, dividido y subdividido. Evidentemente, la juventud no es una raza.

En la Puerta del Sol la multitud se junta pero no para protestar contra el sistema sino para celebrar la victoria de su más tópica expresión. El clima, sin embargo, es el mismo: juvenil y lúdico. La lideresa reelegida por mayoría absoluta ha ganado votos al promover la alegría callejera, la fiesta y la libertad de concurrir según arbitrio a la terraza, la iglesia, los toros y el bailongo nocturno, todo a la misma hora. No hablemos de cosas tristes como la falta de presupuestos, la desocupación, la retaceada inversión en sanidad y, en especial, no hablemos de la pandemia: ni enfermos, ni incapacitados, ni muertos. Animemos a la gente a jugar en el bosque mientras el lobo no está. ¿Un nuevo o reiterado happening callejero? Supongamos que sí. El happening es juego y remite a la infancia, cuando el niño cree que sus deseos encuentran en el mundo su total satisfacción. Un mundo sin enfermedad ni muerte. Entonces: el abuelo se ha marchado a pasear por el cielo, el gato se ha dormido tomando sol, la vecina de al lado se ha mudado de barrio. Para la infancia no existe la extinción y los soldaditos que se disparan en la playstation son muñequitos de quita y pon. Si bien la juventud no es una raza, nuestros miedos y nuestras angustias siguen siendo los infantiles, a cualquier edad. Más que hábil será el político que se entere y lo ponga en práctica. Chicos, chicas: juguemos en el bosque mientras el lobo no está. ¿Lobo está?

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")